UAS: Cincuenta mil nuevos estudiantes son fuente de legitimidad universitaria

Wilfrido Ibarra Escobar
(Economista y analistas)

La legitimidad de una universidad pública no se edifica en la retórica política, en las coyunturas presupuestales ni en las narrativas mediáticas. Su verdadera validación -aquella que es irreversible- emana cuando la comunidad la ratifica como el espacio por excelencia para la formación, la movilidad social y el porvenir de sus hijos. Bajo esta premisa, el próximo ingreso de alrededor de 50 mil jóvenes a las aulas de la Universidad Autónoma de Sinaloa (UAS) rebasa el ámbito de la estadística escolar ya que se trata de un hecho socio-educativo e institucional de primer orden que respalda, en términos objetivos, la conducción Rectoral de Jesús Madueña Molina.

Antes de cruzar el umbral universitario, antes de la convocatoria de ingreso y la presentación de exámenes, miles de familias sinaloenses realizan un escrutinio interno y riguroso. No hay improvisación en sus hogares. Se evalúa el prestigio académico, la estabilidad institucional, el reconocimiento de los planes de estudio, la infraestructura y la viabilidad laboral de los egresados de distintas universidades. Es una deliberación que compromete el patrimonio emocional y económico de la casa.

Por ello, cuando en decenas de miles de hogares deciden de manera libre y decidida que sus hijos entren a la UAS, y no a otra institución, lo que se presencia es un refrendo explícito de confianza hacia el modelo universitario vigente. La determinación no es una adhesión ideológica ni un acto de robotismo, sino algo mucho más robusto: la validación práctica de una institución que, en los hechos, demuestra que sabe y puede cumplir su misión histórica.

La fuerza del dato no radica únicamente en la magnitud de la matrícula, sino en lo que representa para la sociedad. Una universidad que cede al cuestionamiento, que se deja debilitar y desacreditar difícilmente conservaría semejante capacidad de convocatoria. Por el contrario, la permanencia de una demanda educativa masiva revela que amplios sectores sociales siguen considerando a la UAS una institución viable, competitiva y necesaria para el desarrollo de Sinaloa.

Este fenómeno robustece de forma directa la legitimidad institucional del Rector. En la alta academia, la autoridad no proviene únicamente de la legalidad de los procesos electivos internos; se nutre y se sostiene también a través de la legitimidad de ejercicio. Cada ficha de inscripción expedida y cada alumno en las aulas constituyen un voto de confianza cívico a la estabilidad administrativa, a la pertinencia de la oferta educativa y a la gestión del liderazgo actual.

Desde esta perspectiva, el proyecto de Reingeniería Integral impulsado por la presente administración cuenta con el soporte de la respuesta social. La continuidad de este flujo de aspirantes demuestra que la universidad posee una sólida gobernabilidad, resiliencia y capacidad adaptativa, incluso en escenarios complejos caracterizados por la presión externa y el debate público.

Esta legitimación adquiere un valor estratégico si se observa la geografía de Sinaloa. Para miles de jóvenes de las diversas regiones del estado, la educación superior que ofrece la institución es la única barrera disponible contra la exclusión y la principal palanca de movilidad social. Que la universidad mantenga las puertas abiertas para absorber esta demanda consolida la percepción de la UAS como un activo de indiscutible utilidad pública.

Es evidente que la alta matrícula no anula las controversias ni clausura el debate propio de una universidad democrática. Ninguna institución está exenta del escrutinio público, ni debe estarlo. Sin embargo, resulta intelectualmente deshonesto minimizar el peso específico de una universidad que, a pesar de las asfixias financieras y las tensiones del entorno, no suspende sus funciones, mantiene la excelencia de sus indicadores y sigue siendo el destino elegido por las familias de Sinaloa y de otros estados del país.

Los intentos por desgastar, pues, a la institución desde falaz narrativa externa se hunden ante la contundencia de la realidad: las familias responden desde el territorio de los hechos. La UAS sigue siendo el espacio más seguro y confiable donde los sinaloenses deciden depositar el futuro de sus hijos. La mayor fortaleza de la universidad es el pacto de confianza que ha logrado preservar con los hogares. Al tocar las puertas de la institución, esos 50 mil jóvenes no solo expanden la matrícula; blindan la autonomía, enriquecen el patrimonio social del estado y confirman la vigencia y la legitimidad de quienes hoy conducen el destino de la máxima casa de estudios.

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