Sinaloa: la paz no se construye militarizando

Alfonso Carlos Ontiveros Salas

¿El ruido de motores de aeronaves militares volando sobre la capital del estado y la numerosa presencia de vehículos militares y soldados en las calles de la ciudad qué significan?

De nuevo, se apostan vehículos de transporte militar y otros vehículos obstaculizando la circulación vehicular urbana. Los abusos en el taponeo de calles de nuevo aparecen. ¿Les están ganando la partida los grupos criminales que siguen levantando y privando de la vida a personas?

El mensaje que mandan a la población no es nada bueno si creen que, incrementando la presencia militar y obstaculizando la circulación, ganarán simpatías. De nuevo obstaculizan la circulación vehicular en horas en que la gente va a sus trabajos y la obligan a detenerse, haciéndola llegar tarde.

¿Qué ocurre con esas acciones que, lejos de provocar simpatías hacia la seguridad colectiva, generan una respuesta de reproche? Mucho se les ha dicho que son bienvenidos los militares que quieran, pero que sus estrategias no sean lesivas para la tranquilidad ciudadana.

El vuelo de helicópteros casi al ras de las casas atemoriza, causa miedo y zozobra a los vecinos donde se dan esos vuelos rasantes. ¿Por qué las investigaciones no las realizan con mayor sigilo para que sean más productivas en sus resultados?

¿Le apuestan al uso desmedido de vehículos militares tapando calles y avenidas, y de helicópteros volando? ¿Se acabó la racionalidad y la inteligencia? ¿Tapando calles y volando los helicópteros sobre las casas se asustarán los delincuentes y abandonarán la ciudad o el estado?

La militarización en el combate a la inseguridad no es una expresión de fortaleza del Estado; más bien, parece que el gobierno desecha la posibilidad de reivindicar a las policías civiles y reconstruir las estructuras de una policía de investigación que responda a los momentos de crisis que vive la sociedad y el Estado.

La numerosa movilización por tierra y aire de agrupamientos militares hace que la sociedad se pronuncie por dejar de reconocerle al Estado sus capacidades para enfrentar la inseguridad y el delito con el uso de la fuerza militar, en detrimento de la fuerza civil policial.

Los desfiles militares por la ciudad y el estado no son un espectáculo para que los niños se diviertan; son una consecuencia más grave. Se deja de atrapar al delincuente y se desechan las carpetas de investigación. ¿Se le apuesta a la fuerza letal?

La paz no se construye militarizando los espacios ciudadanos. Los niños, los jóvenes y los adultos deben desarrollar con libertad y seguridad sus actividades y su desarrollo en los ámbitos educativo, deportivo, político y social, con la mayor garantía de una sana convivencia.

¿Por qué la Coordinación General del Consejo Estatal de Seguridad Pública no se pronuncia? ¿Tienen temor de señalar que lo que se está realizando en el combate a la inseguridad no es la estrategia más conveniente? ¿Tienen prohibido hacer cualquier cuestionamiento a la autoridad militar sobre la inconveniencia de seguir sosteniendo esa estrategia?

Las familias, los empresarios y la sociedad en general desean que las condiciones de seguridad les sean más favorables, por lo que las autoridades deberán revisar seriamente la estrategia que se implementa. ¿Ha fallado y no lo quieren reconocer?

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