Un instituto para las Mipymes: la propuesta que sigue esperando
“Apenas una de cada cuatro Mipymes accede a crédito formal, y el resto sobrevive con recursos propios, préstamos informales o factoraje financiero”.
Gustavo de Hoyos Walther
Hace ya casi año y medio, presenté ante la Cámara de Diputados una iniciativa para crear el Instituto Nacional de Innovación y Emprendimiento Sostenible (INIES), un organismo descentralizado que buscaría articular financiamiento, transferencia tecnológica y estrategias regionales para las micro, pequeñas y medianas empresas del país.
La justificación de fondo no ha perdido vigencia; al contrario, se ha vuelto más urgente. Las Mipymes representan cerca del 99.8 por ciento de las empresas del país, aportan poco más de la mitad del PIB y generan 27 millones de empleos. Por su lado, el nearshoring es una oportunidad histórica para que estas empresas se integren a cadenas de valor regionales bajo el paraguas del T-MEC. Pero esa ventana de oportunidad convive con una realidad mucho más dura en el terreno.
Cómo lo he señalado en fechas recientes: apenas una de cada cuatro Mipymes accede a crédito formal, y el resto sobrevive con recursos propios, préstamos informales o factoraje financiero como sustituto de la banca tradicional. A eso se suma una carga fiscal creciente: el Paquete Económico de este año introdujo una retención del 10.5 por ciento sobre ventas en plataformas digitales y ajustes al IEPS, golpeando justo a los negocios que habían encontrado en el comercio electrónico una vía de escape frente al estancamiento. El aumento al salario mínimo y la reducción de la jornada laboral, aunque deseables socialmente, representan un incremento real en costos operativos que muchas Mipymes no tienen margen para absorber.
Es en este contexto donde el INIES propuesto cobra sentido o debería cobrarlo cada vez con mayor urgencia. La iniciativa contempla un Fondo Nacional de Innovación y Emprendimiento operado como fideicomiso a través de Nafin, con líneas específicas de crédito, garantías y capital semilla, además de esquemas de coinversión público-privada y vinculación con organismos como el Banco Mundial y el BID. Se trata exactamente del tipo de instrumento que podría aliviar el primer problema que enfrentan las Mipymes: el acceso al financiamiento formal.
El riesgo, como con tantas iniciativas que llegan a las Comisiones pertinentes y ahí son enfriadas o no se discuten con la premura debida, es que la brecha entre el diagnóstico correcto y la acción legislativa se siga ensanchando. Mientras el expediente permanece sin ponerse en marcha, las Mipymes ya están absorbiendo retenciones fiscales, tasas de interés elevadas y costos laborales crecientes que siguen impidiendo su crecimiento y viabilidad futura.
Mientras grandes transformaciones de orden geopolítico están transformando América del Norte, la pregunta pendiente no es si México necesita un instituto como el INIES, sino cuánto tiempo más puede darse el lujo de discutirlo sin resolverlo.
