UAS: la descalificación desde la ignorancia

Wilfrido Ibarra Escobar

Hay personajes que pasan su vida -o es su forma de supervivencia- intentando deformar la realidad, construyendo narrativas coprológicas, calumnias, insultos, desde la exageración y la consigna, sustituyendo el análisis por el insulto. No aportan elementos para el debate; lo empobrecen.,

Calificar a la Universidad Autónoma de Sinaloa con términos degradantes no es una crítica: es la renuncia al pensamiento y la argumentación. Nada abonan a la verdad. Cuando se abandona la evidencia, lo único que queda es la injuria.

En esas narrativas no aparecen datos, ni indicadores, ni resultados, no hay referencia a cobertura educativa, calidad académica o producción científica. Solo hay descalificación. Y la descalificación, por sí sola, no sostiene ninguna verdad.

También se recurre a insinuaciones graves sin sustento. Se pretende instalar sospechas como si fueran hechos, sin pruebas judiciales, sin resoluciones de autoridad, sin evidencia verificable. En un Estado de derecho, eso no es señalamiento, es especulación.

Mientras el coproperiodismo busca polarizar y destruir honras, la Universidad Autónoma de Sinaloa avanza en otro terreno: el de la consolidación académica y la transformación institucional. Ahí están los hechos.

La UAS ha ampliado su cobertura, fortaleciendo su presencia en todo el estado. Ha consolidado programas educativos evaluados y acreditados. Ha impulsado la investigación científica y la vinculación social, impactando directamente en comunidades que dependen de su oferta educativa.

En ese proceso, la conducción institucional ha sido clave. El rector Jesús Madueña Molina ha enfrentado un entorno complejo, marcado por tensiones políticas y desafíos legales, sin que la universidad detenga su marcha.

La estabilidad académica se ha mantenido. Las clases no se suspendieron. Los programas continuaron. La universidad siguió funcionando. Eso, en sí mismo, es un indicador de gobernabilidad institucional.

Defender la autonomía universitaria no significa vivir en confrontación permanente. También implica saber cuándo dialogar, cómo adaptarse y de qué manera preservar el funcionamiento de la institución en escenarios adversos.

Encajonar a la institución en la dinámica de la comunicación coprológica, es ignorar la complejidad de gobernar una universidad pública de gran escala. Es intentar colocar el analfabetismo y la estupidez por encima del razonamiento lógico y el conocimiento.

Las decisiones institucionales pueden ser debatidas, como corresponde en cualquier comunidad universitaria. Pero convertirlas en pruebas de narrativas extremas o en argumentos sin sustento solo desvía la discusión de fondo.

Y el fondo es claro: la UAS es una institución viva, en movimiento, con miles de estudiantes formándose, con docentes e investigadores generando conocimiento, y con una estructura que sigue aportando al desarrollo de Sinaloa.

La universidad real no es la que se describe desde el agravio ni el insulto, sino la que se construye todos los días en aulas, laboratorios y espacios académicos.

Por eso, cuando se confrontan la descalificación y la evidencia, el resultado es evidente: una hace ruido y se pierde en la basura; la otra construye realidad. Edifica la Universidad Científica, orgullo de los sinaloenses.

Share

You may also like...