Día de las personas adultas mayores

Luis Octavio Vado Grajales

El pasado 28 de agosto fue el Día de las personas adultas mayores. Hay quien lo nombra como Día de los abuelos; me parece que ya desde aquí la situación exige precisiones: no toda persona mayor es abuela, ni se requiere ser de la tercera edad para ser abuela/o.

Piense en algo: conforme los datos del Instituto Nacional de las Personas Adultas Mayores, estas son 17,121,580 millones, el 12.8% de la población total.

En México la persona adulta mayor es aquella que tiene sesenta años o más, tal como se define en la Ley de los derechos de las personas adultas mayores. En tanto persona, goza de todos los derechos humanos que cualquiera otra, pero dada su particular circunstancia, debe contar con ciertas protecciones reforzadas.

Dicha Ley, junto con la Convención Interamericana sobre la protección de los derechos humanos de las personas mayores, suscrita por México, contemplan una serie de derechos que se activan solamente por llegar a la edad de sesenta años.

Entre estos derechos destaco los de la dignidad en la vejez, a la independencia y autonomía en la toma de sus decisiones, a la participación tanto en la familia como en la comunidad y la sociedad, a una vida libre de violencia, al consentimiento libre e informado en materia de salud, a la no discriminación, a un trato digno y adecuado ante las autoridades, y al acceso preferente a los servicios de salud; entre otros.

¿Por qué es importante hacernos conscientes de estos derechos? Tal vez creas que “es obvio, tienen los mismos derechos que cualquier persona”, y en principio tendrás razón; sin embargo. ¿sucede así en la realidad?

Conforme la Encuesta Nacional sobre Discriminación (ENADIS) 2022, la discriminación (esto es, el rechazo social con base en estereotipos, estigmas, etc), el 30.5% de las personas adultas mayores consideran que sus derechos se respetan poco, el 77.4% consideró que, en su trato con personas adultas mayores, la mayoría de las personas se desespera con facilidad. Estos datos ya nos reflejan algo que debe hacernos pensar.

Con la edad, es común que también se presenten limitaciones para la vida diaria o problemas de salud. La Encuesta Nacional sobre Salud y Envejecimiento (ENASEM) 2021, que levanta información de personas a partir de los 53 años, reporta que las tres enfermedades que más les aquejan son: hipertensión arterial, diabetes y artritis.

Con datos del CONEVAL al año 2022, las mujeres adultas mayores en situación de pobreza llegaban al 31.6%; en el caso de los hombres el 30.5%; se ha detectado también una reducción de la pobreza en este grupo. Claro, estos datos habría que refinarlos con otras variables como lugar, pertenencia a algún grupo vulnerable, acceso a pensión, etc.

Todas estas cifras revelan, al menos, una situación compleja de las personas mayores en nuestro país; pero le pido que haga usted una reflexión: ¿le ha tocado observar que tratan a estas personas a partir de estereotipos como llamarles “abuelitos”, lo sean o no?, ¿ha observado casos en que se pasa por encima de su voluntad porque “ya está grande y no puede decidir” ?, ¿nuestras ciudades están pensadas para una población que envejece? Por ejemplo, situaciones en que sus derechos simplemente son ignorados debido a la edad, esto justifica la existencia de convenciones internacionales y leyes específicas, pero su cumplimiento depende de todas y todos.

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