Un personaje detestable en el Senado

Jorge Fernández Menéndez

El año de Gerardo Fernández Noroña al frente de la Mesa Directiva del Senado tenía que terminar como empezó: con Fernández Noroña insultando, provocando, silenciando, agrediendo a los legisladores, a periodistas, a políticos de oposición y hasta a los de su propio partido. En innumerables ocasiones amenazó a opositores con verlos afuera de la Cámara para ajustar cuentas, pero cuando tuvo enfrente a alguien dispuesto a hacerlo, salió corriendo y no tardó más que minutos en victimizarse.

Todo, en medio de un escándalo tras otro: el de su casa de 12 millones de pesos (en realidad, una casa en Tepoztlán de más de mil metros cuadrados con 700 de construcción vale mucho más, a lo que hay que agregarle todo el mobiliario, que tampoco es austero, del que presumió Fernández Noroña en sus propios videos) es el último de una vida dedicada a eso: al escándalo.

No se recuerda una propuesta legislativa importante presentada por Fernández Noroña: recordamos agravios, leperadas, insultos a funcionarios y legisladores. Lo recuerdo tirado en la puerta de Palacio Nacional para impedir el paso del presidente Zedillo; insultando y retando a golpes a Javier Lozano, cuando era secretario del Trabajo, en una comparecencia en la Cámara; quejándose de que costaba siete pesos ingresar a un baño en una gasolinería; mostrando videos de una vecindad en el centro donde dijo que vivía (algo que nunca se comprobó); recuerdo cómo se enfrentó a golpes con el Estado Mayor Presidencial porque quería ingresar a la fuerza a un evento del presidente Peña; lo recuerdo tomándose selfies encuerado para subirlas a sus redes (¡qué pena con Fernández Noroña!) y, sobre todo, acosando, una y otra vez, a Lilly Téllez, incluso, como lo descubrió un fotógrafo del Senado, con fotos de ella guardadas en su celular. Lo recuerdo alabando sin cesar a Nicolás Maduro.

El tipo es detestable por donde se lo mire, es políticamente cobarde (¿qué puede ser más cobarde que, luego de un altercado con un ciudadano en una sala VIP del aeropuerto, manipulara al Ministerio Público para hacer que esa persona tuviera que disculparse públicamente con él en el Senado y sea transmitido por el Canal del Congreso?); es un mentiroso y nunca, nunca, tendría que haber ocupado la presidencia del Senado de la República.

Hasta esta legislatura, incluso en las épocas más duras de López Obrador, el Senado era el espacio donde oficialismo y oposición podían dialogar, tener espacios comunes. Ricardo Monreal, que fue el líder del Morena en el Senado durante seis años, podrá tener otros defectos, pero siempre hizo un esfuerzo por evitar que la Cámara alta se convirtiera en un circo, actuó con dignidad para él, para los suyos y para sus opositores. Los meses posteriores a la elección de junio del año pasado, por la presión de López Obrador para que se aprobara todo su plan C, fueron lamentables, pero el resto del periodo legislativo se manejó con seriedad.

En esta legislatura, que comenzó hace un año, con Adán Augusto López al frente de la bancada de Morena y con Fernández Noroña como presidente de la Cámara, se perdió toda dignidad, todo intento siquiera de encuentro, de diálogo, todo se impuso por la fuerza de una mayoría que había sido ganada en forma ilegal, porque Morena tuvo en el Congreso cerca de 51% de los votos y se quedó con 75% de las curules. Y como, incluso eso, no alcanzaba en el Senado, terminaron comprando a dos legisladores del PRD y, como tampoco alcanzaba, se llevaron a los Yunes, que hicieron el papel más lamentable de su carrera política, cambiando su voto por su impunidad en la reforma judicial.

El mismo día de los empujones en la Cámara, Fernández Noroña había agredido, una y otra vez, a Lilly Téllez y a Margarita Zavala, retó a golpes a Federico Döring y el altercado se dio porque Fernández Noroña decidió cerrar la sesión y no cumplir con el orden del día que se había votado poco antes. ¿Por qué? Porque todos los partidos iban a hacer una evaluación del periodo de sesiones de la permanente y Noroña sabía que todos los de la oposición querían reclamarle, desde sus agresiones hasta sus gastos desproporcionados.

Llegará a la presidencia de la Mesa Directiva del Senado una mujer respetable y seria, una militante de la izquierda política de toda la vida: Laura Itzel Castillo, hija del ingeniero Heberto Castillo. Esperemos que la senadora Castillo restituya la dignidad perdida en la Cámara alta. Mientras tanto, allí sigue Adán Augusto liderando Morena: no hay Barredora que lo afecte.

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UN ABRAZO SOLIDARIO

Artículo 19 ha documentado 51 casos de acoso judicial contra medios y periodistas en sólo los primeros siete meses del año, lo que “equivale a un nuevo proceso judicial o administrativo cada cuatro días”, lo cual manifiesta “un uso faccioso del marco legal mexicano que pone en grave riesgo la libertad de expresión”. Han sido sometidos a esa forma de agresión 39 periodistas (28 hombres y 11 mujeres) y 12 medios de comunicación. Un puñado de casos podría tener justificación, la enorme mayoría son formas de censura e intimidación.

Ahora se ha descargado una campaña contra nuestro colega y amigo Mario Maldonado. Todo el apoyo para Mario y también para Ciro Gómez LeyvaAzucena Uresti y Pepe Cárdenas, los tres últimos agredidos por Fernández Noroña.

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