Banxico empieza a ganarle al mercado
Banxico llegó al medio tiempo ganando el partido de los pronósticos.
Enrique Quintana
La decisión de ayer del Banco de México no movió un solo punto base y, sin embargo, dijo más que otros recortes.
La Junta de Gobierno dejó la tasa de referencia en 6.50 por ciento, justo donde el consenso la esperaba. Lo importante no estaba en el “qué”, que se daba por descontado, sino en cómo lo dijo y en quiénes lo dijeron.
Empiezo por lo segundo, porque es lo más revelador. La decisión fue unánime. Cinco votos a favor de mantener.
Hay que recordar de dónde venimos: en mayo, cuando la Junta recortó por última vez para concluir el ciclo iniciado en marzo de 2024, la votación fue de tres contra dos. Jonathan Heath y Galia Borja se opusieron a ese recorte y pidieron quedarse en 6.75 por ciento, advirtiendo sobre la persistencia de la inflación subyacente y los efectos de base desfavorables de la segunda mitad del año.
Ayer, esos mismos dos disidentes votaron con la mayoría.
Dicho de otro modo, el banco central dejó de discutir consigo mismo. La grieta que se abrió cuando el conflicto en Medio Oriente dividió a la Junta esta primavera se cerró. Y se cerró, conviene subrayarlo, en el terreno de los halcones: la pausa que Heath y Borja reclamaban se volvió la postura de toda la mesa.
El comunicado lo confirma con un cambio fino pero deliberado. En mayo, la guía futura decía que sería apropiado mantener la tasa “en su nivel actual”. Ayer se le agregó una palabra que pesa: por un tiempo prolongado. No es retórica. Es la diferencia entre una pausa táctica y un compromiso de quedarse quieto mientras llega más información sobre la inflación y la actividad.
La consideración es relevante porque algunos analistas empezaban a considerar la posibilidad de un recorte adicional, más allá de los señalamientos de la Junta.
Hubo un segundo ajuste de lenguaje que vale la pena leer con calma. El comunicado de mayo enmarcaba los riesgos del exterior en “una prolongación y escalamiento del conflicto en Medio Oriente”. El de ayer ya habla, de manera más genérica, de los retos “derivados del contexto internacional”. La desescalada en el Estrecho de Ormuz se filtró en la redacción. Y eso, junto con una economía que pasó de la contracción del primer trimestre a una expansión anticipada en el segundo, le quita a la Junta una de las excusas que tenía para mantener el dedo en el gatillo.
Hasta aquí, la lectura de coyuntura. Pero hay un tema de fondo que me parece interesante.
Durante meses, Banxico ha sostenido un pronóstico que el resto del mercado consideraba demasiado optimista: que la inflación general convergería al 3 por ciento en el segundo trimestre de 2027, con un cierre de 2026 cercano a 3.5 por ciento.
El consenso del sector privado no le creía. La Encuesta Citibanamex y la propia encuesta del banco central ubicaban la inflación al cierre de año en torno a 4.2 por ciento, casi un punto porcentual arriba.
Pues bien, los datos empezaron a darle la razón a Banxico, y no por un margen pequeño. La inflación general bajó de 4.45 por ciento en abril a 3.94 en mayo —ya dentro del rango objetivo— y a 3.55 por ciento en la primera quincena de junio. Es decir, los precios están corriendo por debajo no solo del consenso, sino incluso del propio pronóstico del banco central. La subyacente acompaña el descenso.
Aquí está el punto que me parece relevante para el mediano plazo. Cuando un banco central sostiene una proyección contraria al consenso y la realidad le va dando la razón mes con mes, ocurre algo más valioso que acertar: empieza a mover las expectativas de los demás.
Si la tendencia se confirma en el segundo semestre, el consenso privado tendrá que recortar sus números hacia los de Banxico, y no al revés. Y la brecha con Hacienda, que hoy juega del lado optimista en crecimiento pero conservador en inflación, se irá cerrando en favor de la lectura del Instituto Central.
Eso es influencia, en el sentido más técnico del término. La política monetaria funciona, sobre todo, anclando lo que la gente espera. Un Banxico cuyo pronóstico se vuelve la referencia que el mercado adopta es un Banxico que necesita gastar menos munición —menos tasa— para conseguir el mismo resultado.
No conviene cantar victoria. La propia Junta mantiene el balance de riesgos sesgado al alza, y por algo: los efectos de base de la segunda mitad del año, las presiones de la inflación subyacente, el peso y la política comercial estadounidense siguen ahí. Por eso la pausa “prolongada” es también un seguro contra su propio optimismo.
Pero la fotografía de ayer es nítida. Banxico llegó al medio tiempo ganando el partido de los pronósticos.
Si lo sostiene, en los próximos meses veremos algo poco común: un mercado moviéndose hacia donde el banco central dijo, desde hace rato, que iban a terminar. Ya lo veremos.
