Pobreza laboral, un escándalo que llama a actuar
Es buena señal que haya reducción de la “pobreza laboral” pero es inaceptable que millones de familias carezcan de ingreso laboral suficiente para superar la línea de pobreza extrema.
Rogelio Gómez Hermosillo
La pobreza laboral sigue bajando. Inegi informó (27/5/2026) que 30.7% de la población tiene un ingreso laboral inferior al costo de la canasta alimentaria. Muchas notas festejaron la reducción, pues hace un año, era 33.9% y hace 2 años: 35.8%.
El triunfalismo resulta poco afortunado, pues este indicador muestra que 3 de cada 10 personas carecen de ingreso laboral suficiente para comer, es decir para superar la línea de pobreza extrema. Y más aún si se toma conciencia del escándalo que encierra el propio concepto de “pobreza laboral”, por ejemplo a la luz de la primera encíclica del Papa León XIV: “Magnífica humanidad” dada a conocer también en días pasados.
Comparto los datos y luego algunas líneas de reflexión sobre el mensaje del Papa pertinentes a esta realidad.
Los reportes sobre “pobreza laboral” creados por Coneval y que ahora retoma Inegi son un “termómetro” periódico, de corto plazo, que se actualiza trimestralmente. Sin ser la medición multidimensional oficial -que se realiza cada 2 años-, son relevantes pues el trabajo es la principal fuente de ingreso de la gran mayoría de los hogares.
Son una fuente de información muy útil, pues además del indicador nacional, Inegi -como antes Coneval- difunde también datos por estado, para ámbitos urbano y rural, para hombres y mujeres, por trabajo formal e informal. Por ejemplo en zonas rurales, el 42% de la población tiene ingreso inferior al costo de la canasta alimentaria; 61% en Chiapas, 48% en Guerrero.
Un dato interesante es que si bien hay una brecha sustancial en el ingreso laboral promedio entre quienes tienen trabajo formal (11,158 pesos al mes) respecto de quienes tienen trabajo informal (5,741 pesos al mes), esta brecha no se ha incrementado desde que se inició la recuperación gradual del salario mínimo. Dicho de otra manera, el ingreso laboral promedio en trabajos informales también ha subido al mismo ritmo de 2017 a la fecha.
Es buena señal que haya reducción de la “pobreza laboral” pero es inaceptable que millones de familias carezcan de ingreso laboral suficiente para superar la línea de pobreza extrema, que no les alcance para comer.
A la luz de la nueva Encíclica Magnífica Humanidad (MH) esta realidad es un escándalo que requiere acciones efectivas y dejar de lado argumentos “técnicos” que tratan de justificar lo que en realidad constituye una condición estructural inaceptable.
La Encíclica MH está enfocada en reiterar la dignidad humana en tiempos de la Inteligencia Artificial (IA), y viene totalmente al caso, porque en su fundamentación hace un recorrido breve y sustancioso del pensamiento social de la Iglesia sobre el valor y la dignidad del trabajo y en especial sobre los riesgos del “paradigma tecnocrático en el mundo globalizado: la tendencia a dejar que la lógica de la eficiencia, del control y del lucro gobierne por sí sola las decisiones personales, económicas y sociales” (MH 92).
Por ejemplo, el Papa nos recuerda que la doctrina social de la Iglesia, desde su inicio con la encíclica Rerum Novarum de León XIII en 1891, “sitúa en el centro de su reflexión la dignidad del trabajo y del trabajador, afirma el derecho a un salario justo para uno mismo y su propia familia” (MH 30).
Recuerda que 40 años después, Pio XI, en plena crisis mundial (1931), “denuncia la concentración del poder económico en manos de unos pocos . . . y reitera la exigencia de que el salario sea proporcional no sólo al rendimiento, sino a las necesidades del trabajador y de su familia” (MH 31).
Sigue su recorrido, por diversos documentos hasta llegar a la Encíclica Laborem Exercens de Juan Pablo II, publicada 90 años después de Rerum Novarum (1981), León XIV subraya que “el salario justo se presenta como una prueba concreta de la equidad de todo el sistema socioeconómico, ya que muestra si al trabajador se le trata como persona o como un simple costo de producción” (MH 37).
En MH, León XIV reitera los principios de la doctrina social de la Iglesia y los actualiza al contexto actual. Desarrolla todo un apartado sobre el trabajo y los riesgos generados por la IA y propone una “economía que valore la dignidad” y afirma que “la libertad económica no es absoluta y debe medirse siempre en función del bien común y la dignidad de cada persona” (MH 158).
MH es una reflexión muy rica sobre nuestro tiempo, sobre el potencial y los riesgos de la tecnología y en particular de la IA, que también interpela nuestra realidad de un sistema laboral con exclusión y precariedad, más allá de credos religiosos conviene escuchar su llamado.
