Día Mundial de las Abejas: Los alimentos mexicanos que dependen de la polinización
No sólo está en juego la miel. En México, cultivos como chile, calabaza, frijol, aguacate, jitomate, vainilla, pepino y frutas dependen, en mayor o menor medida, del trabajo de abejas y otros polinizadores.
Miriam Lira
Antes de llegar al molcajete, al comal o a la cazuela, muchos ingredientes de la cocina mexicana pasan por una flor. Ahí, en un proceso casi invisible para el consumidor, las abejas, abejorros, mariposas, colibríes, murciélagos y otros polinizadores permiten que una planta produzca frutos, semillas y nuevas generaciones. Por eso, el Día Mundial de las Abejas, que se conmemora cada 20 de mayo, no sólo habla de miel: también habla de salsas, guacamoles, calabazas, chiles, frijoles, frutas y de una parte esencial de la despensa mexicana.
La FAO dedica el Día Mundial de las Abejas 2026 al tema “Bee Together for People and the Planet”, con énfasis en la relación histórica entre abejas, personas, alimentación, apicultura y medios de vida rurales. La conmemoración busca recordar que los polinizadores no son un detalle ornamental de la naturaleza, sino actores fundamentales para la seguridad alimentaria y la biodiversidad.
De acuerdo con Biodiversidad Mexicana, de las 236 plantas cultivadas comestibles en México, 171 se consumen por sus frutos o semillas, y de ellas 85% depende en cierta medida de los polinizadores. Entre las especies que requieren o se benefician de la polinización están frijoles, chiles, calabazas, papaya, girasol, camote, fresas, manzanas, pepino y cebollas.
El dato cambia la forma de mirar la mesa. La pregunta ya no es sólo cuánta miel produce México, sino cuántos ingredientes se vuelven posibles gracias al trabajo silencioso de los polinizadores.
La salsa también necesita polinizadores
La cocina mexicana no se entiende sin chile, jitomate, tomate verde, cebolla, ajo, cilantro y limón. Aunque cada cultivo tiene una relación distinta con la polinización, varios de estos ingredientes se benefician de la actividad de abejas, abejorros, mariposas, moscas, escarabajos y otros insectos.
El chile, por ejemplo, forma parte de los cultivos en los que los polinizadores nativos tienen relevancia. Promote Pollinators, iniciativa internacional de la que México forma parte, señala que en el país los polinizadores brindan servicios a cultivos como chile, tomate, tomate milpero, frijoles, cucurbitáceas, agaves y cítricos. También identifica a tomate y chile como cultivos polinizados por especies de abejorros.

Eso significa que una salsa no empieza sólo en la cocina. Empieza en el campo, en la floración, en la presencia de insectos, en la salud del ecosistema y en prácticas agrícolas que permitan que esos polinizadores sobrevivan.
Guacamole, calabaza y frijol: el trabajo invisible de las abejas
El aguacate, uno de los productos mexicanos más reconocidos dentro y fuera del país, también aparece entre las plantas nativas cultivadas que reciben servicios de polinización de abejas. A su lado están la calabaza, la pitahaya, los frijoles, el nopal y la vainilla, ingredientes que forman parte de la biodiversidad alimentaria de México.
En el caso de la calabaza, la relación con los polinizadores es especialmente importante porque sus flores requieren transferencia de polen para producir fruto. En México, donde la calabaza no sólo se consume como verdura, sino también a través de sus flores, semillas y preparaciones dulces, la polinización sostiene una cadena culinaria mucho más amplia que un solo platillo.
El frijol también entra en esta conversación. Aunque muchas variedades pueden autopolinizarse, la presencia de abejas y otros insectos puede favorecer la fecundación y la diversidad genética. En términos gastronómicos, esto conecta directamente con uno de los ingredientes base de la alimentación mexicana.
La vainilla, el caso más delicado
Pocos ingredientes explican mejor la relación entre cocina, territorio y polinización que la vainilla. México es centro de origen de esta orquídea, cuyo fruto depende de un proceso de fecundación muy específico. En los sistemas comerciales, la vainilla suele polinizarse a mano, flor por flor, porque su reproducción natural es limitada y especializada.
Por eso, la vainilla permite contar una historia distinta: la de un alimento cuyo valor no sólo está en su aroma, sino en la complejidad biológica y humana que lo hace posible. Detrás de una vaina hay clima, humedad, sombra, manejo agrícola, conocimiento tradicional y una relación histórica entre comunidades y plantas.

La importancia de las abejas en México no se limita al campo gastronómico. Según el INEGI, cerca de 48,000 personas se dedican a la apicultura en el país, mientras que la producción anual de miel en la última década fue de 59,000 toneladas. Yucatán, Campeche, Jalisco, Chiapas y Veracruz destacan entre las entidades relevantes para esta actividad.
México, además, es uno de los países megadiversos del mundo y cuenta con más de 420 especies de plantas cultivadas para alimentos, piensos, fibras y otros usos. En ese contexto, los polinizadores no sólo son importantes para producir más, sino para conservar la diversidad alimentaria que sostiene cocinas regionales, mercados locales y economías rurales.

Qué alimentos mexicanos están ligados a las abejas
Si se piensa en una mesa mexicana cotidiana, la presencia de los polinizadores aparece en muchos lugares: el chile de la salsa, el jitomate de un caldillo, el aguacate del guacamole, la calabaza de una sopa, el frijol de un tlacoyo, el pepino de un agua fresca, la papaya del desayuno, la fresa de un postre, la vainilla de una natilla o el limón que termina sobre un taco.
No todos esos ingredientes dependen exclusivamente de las abejas, pero sí forman parte de una red agrícola en la que los polinizadores ayudan a mejorar producción, calidad, rendimiento o reproducción de las plantas.
La pérdida de polinizadores suele contarse como una crisis ambiental, pero también puede leerse como una crisis gastronómica. Menos polinizadores significan menos estabilidad para ciertos cultivos, menor diversidad en la oferta de alimentos y mayor presión sobre productores que dependen de ecosistemas sanos.
