Modo de regulación
León Bendesky
El capitalismo transita de modo acelerado hacia un entorno en el que se renuevan las modalidades de la intervención estatal, se trata de los acomodos y la regulación necesarios para superar los obstáculos y aun las crisis.
Es un viraje sensible respecto a las posturas del orden “neoliberal”. Éste puede describirse sucintamente como aquel régimen, surgido hacia el final del siglo pasado, que alentó de manera amplia el funcionamiento del libre mercado y propició una extensa desregulación, privatización y la globalización productiva y financiera.
La economía global muestra hoy nuevas formas de presencia del Estado, con la aplicación de políticas industriales, las estrategias para recrear la suficiencia de las redes de abastecimiento y controlar la inflación, junto con un replanteamiento de las cuestiones sociales y de las consecuencias de la denominada “hiperglobalización”.
En el ámbito internacional, las regiones y áreas de influencia vuelven al escenario político.
Una condición sobresaliente del entorno capitalista actual es la constante extensión y profundización del proceso de financiarización; es decir, el creciente predominio de los mercados financieros y sus condiciones de operación por encima de la actividad productiva, además de sus repercusiones en el entorno de las instituciones sociales y las condiciones políticas.
El enfoque de la gestión financiera privilegia los rendimientos de corto plazo y, con ello, el valor que se genera para los inversionistas en un entorno de auge especulativo.
Lo que se ha convertido en una bruma son las expectativas de largo plazo. Esto se advierte, por ejemplo, en el valor que han adquirido las empresas, como ocurre en el sector de la tecnología y que no corresponde al flujo de ingresos que generan. Algunas alcanzan o rozan valuaciones en el rango de los 4 trillones de dólares (billones según se mide aquí).
Dicha concentración de poder económico está en auge y con proyectos supermillonarios que están en proceso de gestación en Wall Street.
Se advierte que entre las grandes corporaciones se plantea una creciente intrusión de los gobiernos en las transacciones trasfronterizas. Esto ocurre, según los describe The Economist, con la vuelta de la guerra en Europa, o bien, con la necesidad de enfrentar el auge del modelo autoritario de capitalismo en China, que es un esquema ciertamente exitoso en términos productivos y tecnológicos, tanto por la gestión que se hace de la oferta de una cantidad y variedad enorme de exportaciones y también de la demanda interna para alentar el consumo.
Por otro lado están las pautas de tipo proteccionista que se alientan en Estados Unidos y la búsqueda de un reposicionamiento por parte de la Unión Europea.
La situación lleva a una reconformación del mapa global de los negocios y las repercusiones para la operación de los conglomerados multinacionales. Este proceso tiene efectos directos y otros colaterales sobre actores sujetos a diversas formas de dependencia productiva, financiera y tecnológica que tienden a replantear las pautas del crecimiento económico y el desarrollo social.
Las exigencias de la dinámica de los mercados a escala mundial tienen efectos negativos de gran impacto para algunas industrias y empresas representativas con significativa presencia internacional.
Una muestra es el caso de la muy reconocida compañía automotriz japonesa Honda. La industria global de automóviles pasa por una reconfiguración de índole estructural y de gran calado centrada en cuestiones de energía asociadas con la electrificación y de tipo digital, vinculada con la inteligencia artificial y los programas informáticos (software).
El caso de Honda Motor Company se centra en el comportamiento del sector de autos eléctricos en el que la empresa invirtió demasiado, pero muy tarde, al grado tal que se cuestiona incluso su futuro en el sector.
Está por reportar su primera pérdida anual neta desde que se convirtió en una compañía pública en 1957 y que se estima en 15.7 miles de millones de dólares en los dos últimos años al fallar su estrategia de competencia, en especial frente a la china BYD, según informa The Financial Times.
China ha desplazado a la Unión Europea como el mayor exportador de autos y ha obligado a la reconfiguración de la industria, cuestión que se extiende a Japón y Estados Unidos, provocando cambios profundos en materia de producción, volumen de ventas y capacidad competitiva.
China posee una gran escala de producción automotriz, apoyada en una tecnología de desarrollo de baterías y sistemas de conducción muy avanzada, lo que sustenta su constante expansión global.
