El combate a la inseguridad impone riesgos

Alfonso Carlos Ontiveros Salas

Quien vive y se desempeña en la función policial, conoce los riesgos a los que se enfrenta. La confianza exige sistemas de protección.

La filosofía aplicada a las corporaciones de policía y en general para todo el sistema de seguridad, impone deberes que no son excesivos, pero si necesarios para proteger la seguridad personal y la del equipo que se desempeña en un momento determinado.

Quien se desempeña o se ha desempeñado en una institución policial, conoce y disfruta los éxitos, pero también surge el desencanto en momentos difíciles como cuando cae un elemento de la corporación en cumplimiento del deber.

El mando superior, reprime emociones y corajes ante el elemento sacrificado por combatir a los generadores de violencia y causa de la inseguridad que se padece. No causa dolor en el grupo policial, cuando el sacrificado es un mando superior, sino que el dolor y el coraje está también en todo aquel elemento policial que en su desempeño cae presa de las balas asesinas de la delincuencia.

Son los sacrificios que la sociedad debe valorar. En la función policial no todo es corrupción o complicidades, la generalidad de los elementos tienen pertenencia a su función y a su corporación de la que forman parte.

Policías civiles federales, estatales y municipales, soldados y marinos, todos tienen un compromiso con sus instituciones y con la sociedad a la que sirven. Por ello, resulta injusto que ante la vida de sacrificios de esos hombres y mujeres que están dedicados a perseguir al delincuente, se les cuestione sin conocer lo que tienen que aportar en las duras jornadas de trabajo que deben cumplir y que no importa si tienen familia, si llueve, con calor o frio, ellos están siempre atentos al llamado de sus ocupaciones.

Por ello, que estas notas sirvan para mandar una recomendación que debe ser parte del credo diario de un elemento de seguridad. La confianza manifiesta de que no sucederá nada, es una falsa apreciación. El delincuente, cuando quiere imponer temor a los miembros de las corporaciones o al grupo social que se protege, recurre a los atentados contra los mandos superiores de las instituciones policiales.

La protección y los cuidados dentro de la gendarmería, es un deber y una obligación de no dar oportunidades por descuidos a los delincuentes que siempre están al asecho de quienes tienen el poder de perseguirlos. En esta guerra entre pandillas delincuenciales, han caído mandos y tropa de instituciones civiles como militares. Dentro y fuera de las ocupaciones policiales los cuidados deben ser siempre bien llevados, pero sin caer en situaciones paranoicas.

Los comentarios en redes sociales cuando se refieren a elementos policiales caídos en el desempeño de sus funciones, muy pocas veces reconocemos la valía de un elemento policial sacrificado, partiendo en muchas de las veces de hipótesis falsas, como aquello que sueltan de manera irresponsable y denostativa, en qué pasos andaría.

La policía y la milicia deben ser continuamente reconocidas para elevar esa autoestima en sus personas y en el grupo del que forman parte, como cuerpo policial. La sociedad debe ser agradecida con quien sin mayor exigencia expone su vida y en muchas ocasiones dejan huérfana a una familia. Vaya un reconocimiento merecido.

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