CANIFARMA, nuevos cambios sacuden a la industria farmacéutica

CANIFARMA enfrenta una etapa de movimientos, diferencias y cambios en su estructura que han comenzado a poner sobre la mesa una pregunta incómoda: ¿qué tan unida está realmente la Cámara?
Marialuz Roldan y Claudia Juárez
La industria farmacéutica mexicana vive un reacomodo que no tiene que ver solamente con nuevas reglas, medicamentos o negocios. CANIFARMA enfrenta una etapa de movimientos, diferencias y cambios en su estructura que han comenzado a poner sobre la mesa una pregunta incómoda: ¿qué tan unida está realmente la Cámara?
El pasado 16 de abril salió de la presidencia Jesús Guillermo Funes Rodríguez. El Consejo Directivo reconoció entonces su “gran labor” y “total dedicación” para fortalecer a la institución, pero detrás de esa despedida institucional hay una historia distinta, al menos de acuerdo con lo que nos cuentan fuentes de la industria.
Durante su gestión se habría acumulado malestar entre algunos integrantes de la Cámara y representantes de otras asociaciones del sector. Uno de los puntos que más ruido generó fue la relación de Funes con el secretario de Salud, David Kershenobich.
Fuentes consultadas para esta columna aseguran que el entonces presidente de CANIFARMA mantenía reuniones frecuentes y privadas con el funcionario. El problema, nos dicen, no era únicamente que existiera ese diálogo, sino que otros actores relevantes de la industria no fueran incluidos.
La percepción entre algunos integrantes era que esas conversaciones podían estar marcando una agenda que no necesariamente recogía las posiciones de todo el sector. Y cuando se trata de una cámara que pretende representar a una industria tan diversa, las exclusiones pesan.
Después de la salida de Funes, el Consejo Directivo colocó a Guy Jean Savoir García como presidente sustituto para el periodo 2026-2027.
Savoir llega con experiencia en la industria y formación en Harvard Business School. Su trayectoria en Carnot Laboratorios es uno de sus principales respaldos, pero el verdadero desafío está fuera del currículum: recomponer la confianza y conseguir que los distintos grupos vuelvan a sentirse representados.
Porque una cosa es cambiar de presidente y otra, bastante más complicada, reparar las diferencias que quedaron en el camino.
Otro movimiento en la estructura
Y cuando todavía está por medirse el alcance de ese reacomodo, CANIFARMA enfrenta otro cambio relevante. Rafael Gual, director general de la Cámara, dejará el cargo próximamente. Su sucesión ya está en marcha y el objetivo es tener definido al nuevo responsable a más tardar en septiembre, justo cuando se realizará la convención anual de la organización.
La salida ocurre en un momento poco cómodo. La industria enfrenta discusiones importantes alrededor de las compras públicas, regulación, acceso a medicamentos, patentes y relación con las autoridades. En ese escenario, perder otra pieza de la estructura directiva inevitablemente genera preguntas.
Por eso la reunión del comité prevista para este miércoles 12 de agosto cobra especial relevancia.
Sobre la mesa estará, previsiblemente, la sucesión de Gual. También podrían aparecer las diferencias que dejó la administración anterior. Formalmente pueden no estar en la orden del día, pero eso no significa que no estén presentes en la conversación.
CANIFARMA necesita recuperar cohesión. No solo por un asunto interno, sino porque la industria requiere una representación sólida frente a las autoridades, particularmente en un momento en que la colaboración entre el sector público y privado resulta fundamental para garantizar el acceso a la salud.
El riesgo es evidente: si las diferencias terminan pesando más que los intereses comunes, la Cámara podría llegar debilitada a las discusiones que vienen.
La pregunta es si Guy Jean Savoir García logrará cerrar esas heridas y conducir a los distintos grupos hacia una posición común o si los movimientos dentro de la Cámara terminarán profundizando una fractura que ya es difícil de ignorar.
Hugo Aguilar, ¿puede incidir en el caso de las patentes resucitadas?
Y mientras la industria intenta ordenar su propia casa, otro asunto amenaza con complicar todavía más el panorama del sector farmacéutico: las decisiones judiciales que han permitido intentar recuperar patentes que ya habían vencido.
Como les contamos previamente en este espacio, durante los últimos siete u ocho años se han promovido al menos 30 juicios por parte de compañías farmacéuticas transnacionales que buscan revivir patentes comerciales.
El asunto no es menor: cuando una patente que ya venció recupera vigencia por la vía judicial, puede retrasarse la entrada de medicamentos genéricos y con ello modificarse las condiciones de competencia en el mercado.
Entre las empresas que han defendido con mayor fuerza sus intereses está Pfizer. La posición de la farmacéutica tampoco es nueva. Durante la pandemia, la compañía se opuso a liberar las patentes de vacunas contra covid-19, en medio del debate internacional sobre acceso universal.
En este escenario aparece Hugo Aguilar, presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN). La pregunta es si el ministro presidente tiene alguna posibilidad real de incidir en la discusión y hacer notar a jueces y magistrados que detrás de estos litigios hay algo más que cifras, derechos comerciales o disputas entre compañías: está también el derecho de las personas a acceder a medicamentos.
Pero aquí aparece una dificultad de fondo: ¿Tiene sentido que Aguilar se reúna con representantes de la industria y con las secretarías de Economía y Salud para hablar del tema si no tiene facultades para intervenir directamente en las decisiones de los juzgadores?
La reforma judicial modificó ese escenario. El presidente de la Corte dejó de tener la misma injerencia directa sobre los juzgadores, mientras que las funciones administrativas y disciplinarias quedaron en manos del Órgano de Administración Judicial.
La incertidumbre persiste en el Máximo Tribunal. ¿Acaso lo que están esperando es que los litigios les caigan en las manos de forma natural, aunque pasen años? ¿O se atreverá el ministro presidente a ejercer la facultad de atracción para sentar un precedente urgente que detenga el abuso de las “patentes muertas“?
