Visita a México del cardenal Parolin: mensajes cifrados

Simón Vargas Aguilar*

La visita del principal colaborador del papa León XIV a México, el cardenal Pietro Parolin, secretario de Estado Vaticano, quien estuvo del 4 al 6 de agosto en nuestro país, formó parte de la conmemoración por el 34 aniversario del restablecimiento de las relaciones diplomáticas con la Santa Sede, pero además bajo el contexto actual también puede leerse como un recordatorio de que vivimos un momento complejo y que la capacidad para escuchar voces independientes y la profundidad de la crisis de violencia que atraviesa el país son variables que definirán futuros encuentros. 

Parolin se reunió con la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, con la secretaria de Gobernación, Rosa Icela Rodríguez Velázquez, y con el canciller Roberto Velasco Álvarez; en esos encuentros institucionales se reiteró la invitación formal para que el papa León XIV visite México y aunque la insistencia presidencial es notoria, la respuesta diplomática es clara: la visita papal se ve cada vez más lejana. 

Cualquier eventual viaje a territorio mexicano deberá esperar, al menos, a que pasen los procesos electorales intermedios de 2027 porque, aunque no hay una norma expresa que lo impida por parte del Vaticano, sí opera una no escrita de prudencia política; lo anterior, con la finalidad de prevenir cualquier interpretación de favoritismo o intromisión en el debate público del Estado anfitrión. 

Entre los temas que se abordaron en la visita del cardenal estuvo la divulgación de la primera encíclica del papa León XIV, Magnifica Humanitas, donde se insiste en la custodia y preservación de la persona humana en la era de la inteligencia artificial y aunque hay un claro énfasis en el tema tecnológico, también podría leerse como una advertencia sobre el riesgo de “defender” la dignidad humana en el discurso, mientras la realidad ha mostrado un aumento en las desapariciones, las fosas clandestinas, secuestros, ejecuciones y violaciones. 

Y es que conviene destacar que uno de los momentos de mayor sensibilidad fue la misa en la Basílica de Guadalupe; allí el cardenal Parolin ofreció un mensaje de solidaridad y aliento a las madres buscadoras; además hizo mención sobre el clima de violencia que marca y tiene en alto riesgo a tantas comunidades. 

También habló de la necesidad de pacificación de los pueblos, de reconciliación entre hermanos y de que toda la sociedad necesita el mensaje del Evangelio; y es que en un país que registra más de 130 mil personas desaparecidas y no localizadas estas palabras son el reconocimiento, desde la Iglesia católica, del dolor de miles de familias que buscan a sus hijos mientras los diferentes niveles de gobierno responden con registros incompletos y una narrativa que continúa insistiendo en carpetas de investigación y acciones que no llegan a dar los resultados deseados. 

Parolin también sostuvo una reunión con representantes del Diálogo Nacional por la Paz, espacio en el que participan líderes religiosos, académicos, empresarios, sociedad civil y, por supuesto, madres que buscan a sus hijos desaparecidos; lo anterior, aunado a la reunión con el Consejo de Presidencia de la Conferencia del Episcopado Mexicano, mostró la voluntad de la Santa Sede de escuchar y acompañar los esfuerzos de la Iglesia mexicana y de la sociedad civil por reconstruir el tejido social, pero además envió un mensaje claro: la paz se construye escuchando a quienes cargan con el costo real de la violencia y la impunidad. 

Habrá que reconocer que desde hace años la Iglesia católica ha mantenido diferencias crecientes con el gobierno actual, lo que al inicio pudo parecer distancia institucional se ha convertido en una oposición que ha decidido levantar la voz. La Iglesia ha insistido en que la estrategia de seguridad ha fallado, que las desapariciones han aumentado, que los sacerdotes asesinados y las comunidades amedrentadas no pueden seguirse relativizando, y que el tejido social no se reconstruye con discursos, mientras el crimen organizado mantiene control territorial en amplias regiones del país. 

Aunque estas diferencias no son nuevas, sí se han vuelto cada vez más evidentes, y podríamos advertir, que han quedado patentes en el Vaticano; basta con el hecho de que su secretario de Estado dedique tiempo y mensaje a las madres buscadoras y al Diálogo por la Paz, y no a celebrar logros gubernamentales. 

La visita de Parolin deja muchas vertientes que analizar, entre ellas, por un lado, se mantiene la forma diplomática y se habla de coincidencias en inteligencia artificial y en la búsqueda de paz; por el otro, el contenido real de los mensajes y de las reuniones apunta hacia un diagnóstico que el gobierno prefiere no asumir plenamente: la violencia no es un problema residual ni un asunto de percepción, es una herida abierta que sigue produciendo nuevas víctimas, mientras se intenta controlar el relato. 

La presencia del cardenal secretario de Estado pone en el centro del diálogo una esperanza que nos impulsa a continuar exigiendo una verdadera responsabilidad por parte de las instancias correspondientes. 

*Consultor en temas de seguridad, inteligencia, educación, religión, justicia y política.

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