¿Cuántas horas debe dormir un adulto mayor? El déficit crónico de sueño puede elevar hasta 75% el riesgo de mortalidad en la vejez

Descansar seis horas o menos durante la mediana edad aumenta el riesgo de desarrollar demencia en los años posteriores

Samantha Godínez

El impacto del descanso nocturno va mucho más allá del simple bienestar matutino. Los efectos de dormir bien o mal, se acumulan a lo largo de los años y pueden influir directamente en nuestra salud física y mental. Numerosos estudios han identificado que la falta de sueño mantenida en el tiempo es un factor que incrementa el riesgo de padecer enfermedades cardíacas, metabólicas y problemas cognitivos en la vejez, de acuerdo con el Instituto Nacional de Geriatría (INGER).

No alcanzar las horas recomendadas constantemente no es un inconveniente menor. La investigación científica del organismo, muestra que quienes duermen seis horas o menos durante la mediana edad presentan un mayor riesgo de desarrollar demencia en los años posteriores. Aún más, descansar cinco horas o menos puede duplicar ese riesgo entre las personas mayores, lo que convierte esta acción en una verdadera inversión en la calidad de vida a largo plazo.

El sueño es un pilar fundamental desde la infancia hasta la vejez. Mantenerse dentro de los rangos adecuados según cada etapa protege memoria, estado de ánimo y defensas inmunológicas, además de reducir las probabilidades de enfermedades crónicas.

El sueño como inversión en salud durante la vejez

Las consecuencias de dormir mal no aparecen de inmediato, pero se vuelven evidentes con el paso de los años. Hacerlo menos de lo necesario en la infancia, por ejemplo, se ha asociado con dificultades de atención y menor rendimiento intelectual, efectos que pueden impactar el aprendizaje y la regulación emocional posteriormente.

Durante la adolescencia, no solo incrementa el riesgo de ansiedad depresión, sino que también afecta la toma de decisiones y consolida hábitos que suelen mantenerse en la adultez. En los adultos, descansar menos de siete horas por noche se relaciona con mayor probabilidad de obesidad, diabetes tipo 2 e hipertensión arterial. El dato más preocupante es que quienes mantienen una deuda de sueño de forma sostenida pueden tener hasta el doble de posibilidades de sufrir deterioro cognitivo en la vejez.

En las personas mayores, el sueño suele ser más liviano y fragmentado. Cerca de un tercio de personas duermen menos de lo recomendado, y la mitad experimenta algún tipo de alteración del sueño, lo que incrementa el riesgo de caídas, problemas de memoria y enfermedades crónicas. El déficit crónico de descanso en esta etapa puede elevar hasta un 75 % el riesgo de mortalidad.

Una persona de espaldas con bata gris cierra cortinas grises en un dormitorio. Hay una cama con cabecero blanco, una mesa de noche con lámpara encendida y un libro.Una persona cierra las cortinas gruesas en un dormitorio minimalista mientras se prepara para iniciar su rutina de descanso nocturno. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Tiempo de sueño recomendado según la etapa de la vida

Las horas necesarias de descanso varían con la edad. Cumplir con estos rangos favorece el desarrollo y previene problemas de salud:

  • Bebés (0-12 meses): entre 12 y 16 horas diarias
  • Niños pequeños: de 10 a 14 horas cada día
  • Niños en edad escolar: entre 9 y 12 horas
  • Adolescentes: de 8 a 10 horas por noche
  • Adultos: entre 7 y 9 horas
  • Personas mayores: entre 7 y 8 horas

Dormir por debajo de estos valores, de manera habitual, se ha vinculado con alteraciones en la memoria, el ánimo y el funcionamiento del sistema inmunitario.

¿Cómo cuidar el sueño de las personas mayores?

En la tercera edad, la calidad del sueño puede preservarse con hábitos adecuados. Mantener horarios regulares para acostarse y despertarse ayuda a estabilizar el reloj interno. Es recomendable evitar siestas largas, reducir el uso de dispositivos electrónicos antes de dormir y procurar que la habitación sea oscura, silenciosa y confortable.

Otras medidas útiles incluyen practicar actividad física durante el día, exponerse a la luz natural y limitar el consumo de cafeína alcohol por la noche. Estas estrategias permiten reducir los despertares nocturnos y mejorar el descanso, lo que repercute positivamente en la memoria, el equilibrio y la prevención de enfermedades.

Cuidar el sueño desde etapas tempranas de la vida es esencial porque regula funciones críticas: memoria, metabolismo, sistema inmune y salud cardiovascular. Dormir bien no solo mejora el día a día, sino que previene el deterioro en la vejez.

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