Llega la hora cero para el T-MEC: Trump amaga con una revisión interminable

Este 1 de julio arranca de manera formal la revisión del acuerdo trinacional, que a juicio de especialistas podría derivar en una negociación permanente que se prolongará durante años para favorecer los intereses estadunidenses

Camila Ayala Espinosa

El fin de la cuenta regresiva ha llegado. Este 1 de julio arranca de manera formal la revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), ahora con una hoja de ruta oficialmente firmada por los tres países.

Sin embargo, detrás del proceso que en el papel se busca, especialistas e instituciones financieras anticipan un escenario de una negociación permanente que se prolongará durante años y que beneficiaría la estrategia del presidente estadunidense Donald Trump.

Para analistas como el especialista en comercio internacional Jorge Molina, hay más incentivos para mantener el acuerdo bajo revisión constante que para cancelarlo de inmediato; la incertidumbre se convertiría en una herramienta para frenar decisiones de inversión en México y Canadá y aumentar la dependencia económica de ambos países respecto de Estados Unidos.

En entrevista con Proceso, señaló que este 1 de julio Estados Unidos, México y Canadá presentarán su postura oficial sobre lo que quieren para el tratado. Pero más allá de conocer la posición de los tres socios comerciales, la atención estará puesta en Estados Unidos.

Se espera, comentó, que el país gobernado por Trump condicione cualquier extensión del T-MEC a la incorporación de diversos cambios, lo que abriría una nueva etapa de negociaciones.

“México y Canadá ya lo pusieron oficialmente por escrito desde el primero de junio cuando enviaron diferentes cartas proponiendo cada uno la extensión del tratado por 16 años, de acuerdo al artículo 7 del capítulo 34 del T-MEC”, comentó.

Con esas posiciones sobre la mesa, Molina prevé el inicio de una serie de “revisiones” o negociaciones anuales para pactar los cambios que exija Estados Unidos.

A su juicio, ese proceso podría extenderse incluso hasta 2028, antes de que exista claridad sobre el futuro del principal acuerdo comercial de Norteamérica.

“Entre más dure la negociación mejor, le conviene a Trump obstaculizar la inversión en México y Canadá y generar dependencia”, comentó.

En otras palabras, el objetivo no necesariamente sería desaparecer el tratado, sino mantener abiertas las negociaciones el mayor tiempo posible. Mientras exista incertidumbre sobre las reglas que regirán el comercio en Norteamérica, empresas nacionales y extranjeras podrían aplazar inversiones o decidir dirigir su capital hacia Estados Unidos, donde el riesgo regulatorio sería menor.

A ello se suma otro elemento que, según Molina, podría convertirse en el principal argumento de los Estados Unidos para mantener viva la presión sobre México, que el gobierno mexicano no logre resolver los problemas relacionados con las más de cincuenta barreras no arancelarias de las que Estados Unidos ha manifestado inconformidad. Ese frente daría margen a la administración estadounidense para exigir nuevas condiciones y prolongar las negociaciones.

La Dirección de Estudios Económicos Banamex coincide con ese diagnóstico. En el documento “Examen de la situación económica de México. Segundo Trimestre 2026 – Número 1101 – Volumen CI”, consideró que el escenario central para el T-MEC también es un esquema de revisiones anuales hasta 2028.

“Incluso si para el 1 de julio no se llega a un acuerdo que permita ratificar la vigencia del T-MEC y se detona el esquema de revisiones anuales (como ya perfilaron Marcelo Ebrard y el mismo Donald Trump), para muchos actores ese escenario es preferible al de desmantelar el instrumento trilateral”, se lee.

El centro de análisis de Banamex también coincide en que “la incertidumbre se mantendrá elevada en el frente comercial, con impactos sobre las decisiones de inversión y contratación en México”.

Más obstáculos

Para el analista Molina, mientras continúen vigentes los cambios impulsados por el gobierno de la Cuarta Transformación mediante la reforma judicial, el país seguirá enfrentando un ambiente poco favorable para atraer capital extranjero y hará que México siga siendo un país donde “no vengan los inversionistas extranjeros”.

Para el Instituto Mexicano de Ejecutivos de Finanzas (IMEF), Molina tiene razón. Si bien reconoce que el T-MEC ha sido un factor que contribuye al crecimiento económico, recalcó que ello, por sí solo, no garantiza nuevas inversiones.

Para el organismo, “su adecuado funcionamiento se requiere un entorno de certidumbre jurídica, de reglas estables y de un sistema judicial funcional que favorezcan a la inversión”.

El IMEF añade que esa exigencia no proviene únicamente de inversionistas extranjeros, sino también del propio capital mexicano.

“Lo mismo piden los inversionistas nacionales. Es claro que las reformas de 2024 no proporcionan ese ambiente de confianza necesario para invertir en México. La reversión de esos obstáculos sería un buen punto de arranque para volver a estimular la inversión. Por otro lado, se requiere una infraestructura eficiente, desde la adecuada disponibilidad de energía hasta una red de caminos seguros y modernos, para que el capital fluya al sector productivo”, comentó.

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