ESTALLÓ LA HUELGA EN LA UAS

La falta de respuesta de la Federación llevó al límite a la Universidad; trabajadores acusan incumplimiento y exigen recursos extraordinarios para evitar una crisis mayor

La crisis financiera de la Universidad Autónoma de Sinaloa dejó de ser una advertencia y se  convertió en un conflicto laboral abierto. El Sindicato Único de Trabajadores de la UAS (SUNTUAS) inició el paro laboral después de sostener que la institución ya cumplió con todas las condiciones planteadas para fortalecer su viabilidad financiera y que, pese a ello, el apoyo extraordinario de la Federación continúa sin llegar.

El movimiento sindical sostiene una premisa central: los trabajadores ya hicieron su parte; ahora le corresponde al Gobierno Federal cumplir con la suya. Esa posición quedó plasmada en el pronunciamiento difundido por el propio SUNTUAS, donde se afirma que la Universidad avanzó en la reingeniería institucional, preservó sus funciones sustantivas y aceptó las medidas encaminadas al saneamiento financiero, sin que hasta el momento exista una respuesta presupuestal de la Federación.

El estallamiento del paro no puede entenderse como un conflicto estrictamente sindical. Es la manifestación más visible del agotamiento de un modelo de financiamiento universitario que desde hace años diversos especialistas, estudios actuariales y diagnósticos financieros vienen señalando como insuficiente para sostener las nuevas responsabilidades de las universidades públicas.

La UAS enfrenta una presión financiera extraordinaria. Atiende a cerca de 170 mil estudiantes, mantiene presencia en prácticamente todo el territorio sinaloense y sostiene una amplia planta académica y administrativa. A ello se suman obligaciones laborales, prestaciones, crecimiento de matrícula, modernización tecnológica e infraestructura que rebasan la lógica del viejo esquema presupuestal con el que siguen financiándose muchas universidades públicas estatales.

Durante los últimos años la institución emprendió un proceso de reingeniería integral orientado a contener el déficit estructural. Entre las medidas adoptadas destacan reformas administrativas, mecanismos para fortalecer la sostenibilidad del sistema pensionario y la constitución de instrumentos financieros destinados a enfrentar pasivos de largo plazo. El sindicato sostiene que esas acciones respondieron a los requerimientos planteados por las autoridades educativas federales.

Sin embargo, los recursos extraordinarios que la Universidad considera indispensables para cubrir compromisos inmediatos, entre ellos salarios y prestaciones laborales, no se han materializado. Esa ausencia de apoyo llevó a las organizaciones sindicales a elevar el nivel de presión mediante el paro laboral.

El SUNTUAS insiste en que la crisis no fue generada por los trabajadores ni por la administración actual de la Universidad. Afirma que responde a un problema estructural acumulado durante décadas, derivado de un modelo nacional de financiamiento que ya no corresponde a las necesidades reales de las instituciones públicas de educación superior.

En ese contexto, la organización sindical sostiene que no resulta jurídicamente ni financieramente sostenible trasladar exclusivamente a las universidades el costo de obligaciones históricas, particularmente aquellas relacionadas con los sistemas pensionarios, sin un esquema de corresponsabilidad efectiva entre Federación y estados.

El paro también busca enviar un mensaje político e institucional: la educación superior pública no puede sostenerse únicamente con medidas de austeridad. Los trabajadores consideran indispensable que el Estado fortalezca los subsidios ordinarios, reactive mecanismos extraordinarios de apoyo y construya un nuevo modelo de financiamiento que permita garantizar la estabilidad de las universidades públicas.

La suspensión de labores representa uno de los momentos más delicados para la Universidad Autónoma de Sinaloa en los últimos años. El reto inmediato consiste en evitar que la crisis financiera termine afectando el desarrollo académico de miles de estudiantes y la continuidad de las funciones sustantivas de la institución.

Más allá del conflicto laboral, el fondo del problema permanece intacto. La discusión se  trasladó hacia el presente y futuro del financiamiento de las universidades públicas estatales y a la responsabilidad constitucional del Estado mexicano de garantizar los recursos necesarios para que las instituciones continúen cumpliendo su misión educativa, científica y social.

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