CTM-Sinaloa: El jinete de dos sillas: Tereso Medina y la farsa del reconocimiento a Juan S. Millán
Alvaro Aragón Ayala
Tereso Medina Ramírez perfeccionó la jugada maestra del transformismo político, ajustándola a las más cínicas reglas del viejo régimen: operar abiertamente con la camiseta del PRI, pero con el corazón -y los huevos- depositados por completo en la canasta de Morena. Así es: el sindicalismo charro no ha muerto; simplemente cambió de color y aprendió a mimetizarse. El más reciente ejemplo de este travestismo quedó al descubierto durante la Asamblea General Ordinaria de la CTM Sinaloa, celebrada en Los Mochis. Ahí, bajo el cobijo de las siglas que alguna vez fueron el motor del corporativismo tricolor, el flamante dirigente nacional de la central obrera demostró que su verdadera agenda de cara al 2027 es servir como un operador de clóset para el partido en el poder.
El evento “obrero” en el norte de Sinaloa tuvo todos los ingredientes de la clásica novela cetemista. Hubo discursos de unidad, aplausos sincronizados y, de forma muy estratégica, un baño de “pureza histórica” con la entrega de un reconocimiento Juan S. Millán Lizárraga, quien en funciones de gobernador contribuyó al fortalecimiento del Narco-Estado. La placa, recogida por su hijo Juan Ernesto Millán Pietsch, sirvió como el distractor perfecto. Evocar la nostalgia del millanismo es hipotéticamente tocar las fibras más sensibles del orgullo obrero sinaloense; una especie de jugada maestra para pretender adormecer a la militancia mientras en la mesa de atrás se cocinan los verdaderos acuerdos del pragmatismo.
Detrás de la retórica de la “defensa de los trabajadores”, la realidad dibuja a un Tereso Medina que opera abiertamente para consolidar sus intereses privados y los del partido en el poder, Morena. Mientras en estados manufactureros clave como Coahuila la base trabajadora acusa a Medina de traición, pasividad y complicidad ante despidos masivos en plantas como General Motors y FreightCar América, el líder nacional prefiere desgastarse haciendo méritos políticos en Tamaulipas y Sinaloa con las autoridades de la llamada Cuarta Transformación.
El cálculo es muy perverso, pero sencillo: sacrificar la combatividad de las bases obreras en los estados para complacer al gobierno federal y, a cambio, garantizar que el imperio de contratos colectivos de la CTM no sea desmantelado por la competencia sindical morenista-cuatroteísta. Medina ya no vende el voto corporativo al PRI porque sabe que esa moneda está devaluada; ahora ofrece estabilidad laboral y paz social en charola de plata a la presidenta Claudia Sheinbaum y a los gobiernos estatales y municipales de la Cuarta Transformación.
La escala de Tereso Medina en Los Mochis no fue un acto ¡claro que no! de cortesía sindical. Con las elecciones intermedias de 2027 en el horizonte, Sinaloa se ha convertido en el laboratorio perfecto para ensayar el “charrismo bilateral”. La jugada de Medina emula lo peor del viejo estilo priista, pero adaptado a los nuevos tiempos: utilizar el peso y la estructura del sector obrero organizado para presionar, chantajear y negociar posiciones en las boletas.
El plan de Medina corre en dos pistas paralelas de cara al 2027: mantener la ficción de la militancia tricolor para exigir posiciones plurinominales de cara a las diputaciones federales y locales, utilizando el romanticismo de figuras como Juan S. Millán para reagrupar a los nostálgicos, y usar la estructura territorial de la CTM en Sinaloa como moneda de cambio con los operadores de Morena. Medina calcula que, al debilitar la oposición desde adentro y simular neutralidad, su facción obtendrá impunidad legal frente a las denuncias de extorsión que ya pesan en su contra ante la FGR, además de blindaje contra el Mecanismo de Respuesta Rápida del T-MEC.
Esta vergonzosa entrega al mejor postor político se alimenta de un historial de corrupción descarada que hoy define la gestión de Medina Ramírez. La cúspide de su ambición nacional se consolidó mediante la putrefacción financiera: durante el proceso de sucesión laboral, fue acusado públicamente de haber entregado la obscena cantidad de más de 30 millones de pesos a Leticia Aceves -hija del anterior jerarca Carlos Aceves del Olmo- con la única finalidad de asegurar su imposición y ascenso como el candidato único a la dirigencia nacional de la CTM.
Lo verdaderamente criminal, según señalan diversos grupos disidentes del sector obrero, es que este millonario soborno no provino de su patrimonio personal, sino de un presunto desvío de las cuotas y fondos de los propios trabajadores, robándole el dinero a las familias obreras para comprar una silla de poder. A la par de este desfalco gremial, el enriquecimiento y los métodos gansteriles de Tereso Medina ya escalaron a los tribunales federales, desnudando la podredumbre del sindicalismo charro. El corrupto líder enfrenta una denuncia formal ante la Fiscalía General de la República (FGR) interpuesta por otros líderes sindicales, como Leocadio Hernández, quienes lo acusan directamente de extorsión.
El modus operandi delictivo de Medina consistía en sembrar huelgas ficticias y ejercer presiones ilegales para extorsionar a empresas extranjeras (como el escandaloso caso de VU Manufacturing en Piedras Negras). Esta red de extorsión patronal y laboral no solo afectó las inversiones, sino que encendió las alarmas internacionales derivando en graves disputas bajo el Mecanismo de Respuesta Rápida del T-MEC. Con las manos manchadas de cuotas robadas y expedientes abiertos en la FGR, Medina busca en Morena el manto de impunidad que el PRI ya no le puede dar.
La pirueta de Tereso Medina ofrece a la vista de los obreros su perfil altamente corrupto. Su cínica apuesta de operar con las siglas tricolores mientras entrega los huevos y el corazón a la canasta de Morena alerta a una base obrera que ya no tolera el desfalco ni la simulación. Ningún pacto de impunidad en la penumbra ni las viejas artimañas del charrismo corporativo lograrán frenar la inminente rebelión sindical que se gesta a todo lo largo y ancho del país Sinaloa; el jinete que cabalga cómodamente en dos sillas puede caer al suelo y ser aplastado por el despertar de una marea trabajadora que ya se cansó de financiar con sus cuotas las ambiciones de sus propios traidores.
