La herramienta financiera que la SSPC debe tener
Luis David Fernández Araya
Durante años, en materia de combate al crimen organizado, se ha insistido en que el dinero es el oxígeno del delito. Pero el oxígeno no se persigue con balas; se persigue con inteligencia, pero la pregunta que debemos hacernos hoy, desde la fiscalización superior y la prevención del lavado de dinero, es si realmente el Estado mexicano tiene la herramienta financiera adecuada para cortar ese oxígeno. Y la respuesta, vista la arquitectura institucional actual, es no.
Sin embargo, hay que reconocer que algo está cambiando, y ese algo tiene nombre y apellido, Omar García Harfuch.
Desde que asumió la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana, el enfoque hacia las finanzas criminales ha dado un giro estratégico . No se trata ya de perseguir al delincuente en la calle, sino de perseguir su dinero en los expedientes bancarios, en las facturas apócrifas, en los contratos inflados que nadie cuestiona. García Harfuch lo ha dicho con claridad, para debilitar a las células criminales se buscará bloquear sus recursos siempre que haya una investigación que conduzca a actividades ilícitas financieras .
Y no son palabras al aire, la Secretaría ha presentado resultados concretos, bloqueo de cuentas bancarias vinculadas a operaciones irregulares, suspensión temporal de actividades en establecimientos físicos que incumplían la ley, bloqueo de páginas electrónicas de casinos virtuales y presentación de denuncias ante la Fiscalía General de la República por operaciones con recursos de procedencia ilícita, por eso todo ello es bajo un enfoque basado en riesgos, siguiendo los estándares del Grupo de Acción Financiera Internacional .
Es decir, el secretario no solo habla de atacar las finanzas del crimen, lo está haciendo, y eso, en un país donde las promesas de seguridad suelen quedarse en el discurso, merece ser subrayado.
Pero aún hay un problema estructural, mientras la SSPC opera como el brazo operativo del combate a la criminalidad, la Unidad de Inteligencia Financiera sigue adscrita a la Secretaría de Hacienda. García Harfuch ha reconocido que la coordinación con la UIF y el SAT es fundamental para la Estrategia Nacional de Seguridad . Sin embargo, la coordinación, por muy estrecha que sea, sigue siendo un proceso externo, sujeto a plazos, burocracias y agendas que no siempre coinciden.
El mensaje que se enviaría al crimen organizado sería contundente, el Estado mexicano persigue las finanzas criminales como el corazón de su estrategia de seguridad, ya se han dado pasos en esa dirección, y el trabajo de García Harfuch en la SSPC demuestra que hay voluntad y capacidad para hacerlo. Pero se necesita una herramienta que no solo identifique el dinero ilícito, sino que lo persiga en tiempo real, con la misma agilidad con la que el delincuente mueve sus recursos.
No se trata de una simple reubicación administrativa, es una transformación conceptual, entender que la fiscalización superior y la prevención del lavado de dinero no pueden ser un apéndice fiscal, sino la primera línea de defensa de la seguridad nacional. La SSPC, bajo el liderazgo de García Harfuch, ha demostrado que está lista para dar ese paso, ahora falta que la estructura institucional lo acompañe.
* Especialista en PLD y Fiscalización Superior
