“El Químico” Benítez y su crimen perfecto

Álvaro Aragón Ayala 

Como si viviera en un Sinaloa habitado por orates, el alcalde Luis Guillermo -El Químico”- Benítez Torres, blasona su crimen perfecto distorsionando la realidad para intentar convertir un fracaso en “éxito” y eludir el juicio popular por los contagios y muertes que están por venir por la celebración del Carnaval Mazatlán 2022.     

Efectivamente, el presidente municipal ejecutó el “crimen perfecto”, sin posibilidad de castigo dado los engranajes de complicidades que se activaron para lograr la consumación del Carnaval, el cual se convirtió en un monstruoso “foco de contagios” del coronavirus.  

El presidente municipal le apuesta a cerrar la página con el argumento de que “las personas que se puedan enfermar (o ya se infectaron), serán atendidas sin ningún problema” y a que, según dice, “no tiene que elevarse mucho la cifra de contagios porque el país ha invertido muchísimo dinero, mucho esfuerzo, en vacunar a la mayoría de la población”.  

El jefe del ejecutivo municipal usó los recursos públicos en el Carnaval que se convirtió en una “orgía popular”, dantesca, sin control. Invirtió dinero municipal para cometer un crimen: atentar contra la salud y la vida de la población, rayando en una nueva modalidad del delito de genocidio o de lesa humanidad. 

Con la celebración de las “fiesta de la carne”, reveló su perfil de sociópata porque orientó al contagio masivo y a la enfermedad y la muerte. Cometió el crimen perfecto: lo planificó y ejecutó, pero dejó sembradas muchas evidencias. Sin embargo, dadas las complicidades del poder, nadie emprenderá una denuncia judicial o una investigación para procesarlo. 

“El Químico” Benítez Torres argumenta que “aun cuando se incrementen los contagios no va a cambiar el ‘éxito’ de la fiesta, de la promoción”. El alcalde midió el “éxito” en pesos y centavos, en el número de asistentes al Carnaval y en las ganancias que generaron las fiestas para los hoteleros y restauranteros y una empresa cervecera. 

El ayuntamiento de Mazatlán solo recogió toneladas de basura, los botes de cerveza y de las botellas de vino o wiski vacíos y “borró” las pestilencias de los orines y los excrementos que quedaron esparcidos en las zonas donde se celebraron los principales eventos. Quienes acudieron a la megapachanga sufren hoy la resaca y la amenaza de estar contagiados. 

El ayuntamiento de Mazatlán perdió 63 mil 161 millones de pesos con la celebración del Carnaval 2020, -las fiestas del 2021 se suspendieron por la pandemia-. El alcalde califica un “éxito” la fiesta del 2022 porque dice que generó una “derrama económica” de 750 mil pesos, dinero que quedó en las bolsas de una compañía cervecera, los dueños de antros de vicio, hoteleros y restauranteros.  

El Instituto de Cultura, Arte y Turismo de Mazatlán operadora del Carnaval manejará durante los 12 meses del 2022 un presupuesto de 150 millones de pesos, 60 millones más que los ejercidos en el 2021. El alcalde no ha informado a nadie sobre el dinero que en esta ocasión se invirtió en la megapachanga, pero ya justificó que “los Carnavales siempre generan pérdidas” a la comuna.  

Solo los orates, pero nadie en su sano juicio, con capacidad de razonamiento, puede calificar como un “éxito” la inversión de dinero del pueblo en la “orgía popular”, mucho menos que esos recursos hayan sido utilizados para exponer a la población a los contagios del coronavirus y para aumentar las ganancias de la élite del puerto.  

No es lógico calificar como un “éxito” un evento en el que se rompieron todos los protocolos sanitarios y en el cual el alcalde Guillermo –“El Químico”- Benítez haya simulado la instalación un “dispositivo de bioseguridad” para controlar a la muchedumbre.   

El presidente municipal perpetró el crimen perfecto y ríe a mandíbula batiente porque dice que el gobernador Rubén Rocha Moya aceptó cargar con la parte de la responsabilidad que le corresponde por la celebración del Carnaval y la posibilidad de que en unos días más se desaten los contagios y muertes. 

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