Alza en precios del petróleo tendría impacto fiscal y presiones inflacionarias en México: IMCO
El aumento en los precios internacionales del petróleo en medio de la tensión por la guerra de Irán podría generar ingresos extraordinarios para México, pero también presiones inflacionarias y retos para las finanzas públicas, advirtió Óscar Ocampo, director de Desarrollo Económico del Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO).
Durante una entrevista en Aristegui en Vivo, explicó que el instituto analizó el efecto que tendría un incremento sostenido del precio del crudo, tomando como referencia episodios recientes de volatilidad energética. “Somos un país petrolero, pero al mismo tiempo somos un importador neto de combustibles, un consumidor muy grande de gasolinas”, señaló.
Ante el actual contexto internacional, el IMCO buscó estimar el impacto en las finanzas públicas. Para ello revisó un escenario comparable: la invasión de Rusia a Ucrania en febrero de 2022. Aunque en términos de volumen de petróleo involucrado el choque fue menor, el episodio ofrece una referencia útil sobre el comportamiento de los precios.
Actualmente, el precio de la mezcla mexicana de exportación ronda los 88 dólares por barril, un nivel cercano al registrado en aquel periodo. Ocampo planteó que, si el precio promedio anual se acercara a los 90 dólares por barril, el Estado mexicano recibiría ingresos adicionales relevantes.
Recordó que la Secretaría de Hacienda estima que “por cada dólar que sube el precio del petróleo, por encima de lo programado en los criterios generales de política económica”, el gobierno obtiene cerca de 11.6 mil millones de pesos en ingresos petroleros excedentes.
“Estamos hablando de un excedente petrolero de más de cuatrocientos mil millones de pesos”, dijo en torno a los recursos adicionales que en principio fortalecerían las finanzas públicas.
Sin embargo, advirtió que el efecto positivo podría verse compensado por el costo de contener el precio de los combustibles. México, explicó, mantiene un amplio consumo de gasolinas y depende en buena medida de las importaciones, por lo que el aumento del petróleo repercute directamente en los precios internos.
En ese contexto, señaló que Hacienda enfrenta una disyuntiva. Por un lado, puede permitir que el mercado traslade el aumento al consumidor final; por otro, aplicar estímulos fiscales al Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS) para evitar un alza abrupta en el precio de las gasolinas. “Ahí tienes que decidir entre dos males, estás entre la espada y la pared”, afirmó.
Permitir un aumento pleno en los precios, explicó, implicaría riesgos inflacionarios. “Si vemos el dato de inflación por encima de cuatro por ciento, es un problema”, dijo. Pero subsidiar el combustible también tiene un costo elevado para las finanzas públicas.
Ocampo recordó que en 2022 el gobierno aplicó estímulos fiscales de gran magnitud para contener el precio de las gasolinas. El costo total ascendió a casi 400 mil millones de pesos, una cifra similar a los ingresos petroleros adicionales obtenidos ese mismo año. “Prácticamente el excedente que ganaste por una parte en 2022 fueron 395 mil millones de pesos, lo perdiste por la otra parte”, señaló.
De prolongarse el conflicto en Irán, ese escenario podría repetirse. El gobierno federal ya ha adelantado que planea utilizar nuevamente el mecanismo del IEPS para contener los precios de los combustibles.
No obstante, Ocampo subrayó que la situación actual presenta complicaciones adicionales respecto a 2022. Una de ellas es el acuerdo entre el gobierno y empresarios gasolineros para que el precio de la gasolina regular no supere los 24 pesos por litro. La otra es el contexto fiscal. “En 2022 no teníamos el déficit y el reto de consolidación fiscal que sí tenemos en 2026”, apuntó.
El desenlace dependerá en gran medida de la duración del conflicto internacional. “No puedo decir si estamos al inicio, en medio, o hacia el final de la guerra”, señaló, al referirse a estimaciones recientes de funcionarios estadounidenses que sitúan el conflicto entre tres y ocho semanas.
Para economías emergentes como la mexicana, el balance es negativo. Más allá de los ingresos petroleros adicionales, el aumento de la volatilidad y las presiones inflacionarias afectan la estabilidad macroeconómica. “La realidad es que es una escena negativa para México y para cualquier economía en condiciones similares”, afirmó.
Además, en periodos de incertidumbre global los inversionistas tienden a refugiarse en activos considerados seguros, como los bonos del Tesoro estadounidense o los metales preciosos, en lugar de apostar por mercados emergentes. Esa dinámica, explicó, ya se refleja en el tipo de cambio, que ha mostrado cierta depreciación en días recientes.
A ello se suma el efecto indirecto del encarecimiento energético sobre otros sectores. El aumento en el precio del gas y de los fertilizantes puede elevar los costos de producción agrícola, lo que eventualmente repercute en el precio de los alimentos y en la inflación.
Por ello, concluyó Ocampo, aunque México podría recibir ingresos adicionales por el petróleo, el impacto general de un escenario prolongado de precios altos y volatilidad internacional tiende a ser adverso para la economía.
