¿Los operativos reducen la violencia? Esto dice la evidencia
En seguridad, contar operativos no basta: debemos saber si funcionan, dónde funcionan y cuánto tiempo perduran resultados.
Armando Vargas
La semana pasada, la presidenta Claudia Sheinbaum fue cuestionada sobre las causas de la reducción de los homicidios dolosos. Su primera respuesta fue que durante su administración han sido detenidas más de 60,000 personas. La asociación parece intuitiva: si aumentan las detenciones y bajan los homicidios, los operativos están funcionando. Sin embargo, entre ambos datos hay una pregunta que el discurso oficial deja sin resolver: ¿la violencia disminuyó como consecuencia de esas acciones?
El modelo actual de seguridad se sostiene, en buena medida, sobre el debilitamiento operativo del crimen organizado. La estrategia busca detener a generadores de violencia, asegurar armas y vehículos, decomisar drogas, destruir laboratorios y recuperar combustible robado. Es una ruptura clara con la pasividad del sexenio anterior y ha producido resultados visibles. Pero una operación exitosa no es necesariamente una política eficaz. Las detenciones y los decomisos son intervenciones que hace el Estado; pero la verdadera eficacia exige demostrar qué cambia después de que actúa.
La diferencia no es semántica. Si los operativos reducen los homicidios, una mayor intensidad de la intervención federal en un estado de la república debería estar seguida por una disminución de la violencia en esa misma entidad. Para examinarlo, en México Evalúa reconstruimos una base de datos a partir de más de 1,800 comunicados de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana (SSyPC). No existe una base oficial, pública y desagregada por estado y mes. Por ello, fue necesario ordenar manualmente los seis distintos tipos de acciones operativas: detenciones, armas de fuego y vehículos asegurados, kilogramos de drogas decomisados, laboratorios destruidos y litros de combustible recuperados. Una vez hecho esto, cotejamos cada tipo de acción con las víctimas mensuales de homicidio doloso reportadas por el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP).
El Estado reacciona a los picos de violencia
La primera regularidad es clara: el Gobierno actúa con mayor intensidad donde ya se registran más homicidios. Todas las correlaciones entre violencia y acciones operativas son positivas. Hay más detenciones, armas aseguradas y decomisos en los lugares que padecen más asesinatos.
Esto no implica que los operativos provoquen violencia. Significa que reaccionan a ella. Es el mismo patrón que observamos entre incendios y bomberos: donde hay más incendios suelen encontrarse más bomberos, no porque ellos producen el fuego, sino porque acuden a combatirlo. Por eso, contar acciones y compararlas directamente con el nivel de homicidios no permite evaluar su eficacia.
Sin evidencia de que los operativos reducen la violencia
La prueba relevante consiste en observar qué sucede después. Comparamos cada estado consigo mismo a lo largo del tiempo para determinar si un aumento de las acciones era seguido por una reducción de homicidios superior a la tendencia nacional. En 17 de las 18 combinaciones entre acciones y horizontes temporales no apareció una relación estadísticamente distinta de cero. La única excepción fue el aseguramiento de laboratorios a un mes, pero la señal no resistió y se debilitó al corregir las comparaciones múltiples.
El resultado tampoco cambia cuando las seis acciones se analizan conjuntamente. Un índice de intensidad operativa presenta una asociación negativa durante el primer mes, pero desaparece a los dos y tres meses. Si los operativos explicaran una parte sustantiva del descenso nacional, esperaríamos un efecto consistente y sostenido, no una señal que se esfuma casi de inmediato. Además, hubo entidades como San Luis Potosí y Zacatecas donde los homicidios disminuyeron con una actividad federal muy inferior al promedio.
Otras causas de la reducción de la violencia
Nada de esto prueba que detener personas, asegurar armas o destruir laboratorios sea inútil. Estas acciones pueden incapacitar estructuras criminales, prevenir delitos o generar beneficios que los datos disponibles todavía no captan. La conclusión es más acotada: la evidencia pública no identifica una relación negativa, consistente y sostenida entre el volumen de operativos y la reducción posterior de los homicidios.
La caída nacional es real y constituye una buena noticia. Lo que sigue sin demostrarse es su causa. Puede haber explicaciones relacionadas con políticas locales, transformaciones de los mercados criminales, acuerdos entre organizaciones o cambios en el registro de la violencia. Resolverlo requiere ampliar la investigación y, sobre todo, publicar información oficial completa y verificable.
Entonces, ¿los operativos reducen la violencia? Con la evidencia disponible, no podemos afirmarlo. El Gobierno ha demostrado que actúa más y que los homicidios bajaron; no ha demostrado que lo segundo sea consecuencia de lo primero. Reconocer esa diferencia no resta valor al descenso. Permite abandonar el triunfalismo, evaluar la estrategia con rigor y concentrar los esfuerzos en aquello que produzca seguridad duradera para las personas. En seguridad, contar operativos no basta: debemos saber si funcionan, dónde funcionan y cuánto tiempo perduran resultados.
Hay otro problema. Los operativos tienden a ocurrir después de un repunte de violencia. El Gobierno interviene cuando los homicidios alcanzan un pico y luego observa su descenso. Esa secuencia puede parecer una prueba de éxito, pero también es compatible con la reversión a la media: después de un valor extraordinariamente alto, los registros suelen acercarse nuevamente a su nivel habitual. Llegar al punto máximo y acompañar la caída no demuestra haberla causado.
*Armando Vargas (@BaVargash) es doctor en Ciencia Política, profesor de posgrado en la UNAM y coordinador del programa de seguridad pública de México Evalúa (@mexevalua)
