EMPRESARIOS VAN POR CONTRAPESOS EN EL CONGRESO LOCAL SIN PELEAR CON CLAUDIA SHEINBAUM

Alvaro Aragón Ayala

La política empresarial rumbo a 2027 parece trazarse ya con claridad: el sector productivo de Sinaloa no busca confrontar el proyecto de Claudia Sheinbaum, sino construir contrapesos legislativos, tanto en el Congreso local como en el federal. Esa es la lectura que deja la reciente reunión de un grupo de empresarios sinaloenses con el diputado federal de Morena, Alfonso Ramírez Cuéllar.

La fotografía del encuentro en el Consejo Sinaloense de Empresarios desató una tormenta de especulaciones. La oposición la leyó como una traición, casi como una rendición del empresariado ante el poder. Pero esa interpretación resulta demasiado simple para una jugada mucho más sofisticada.

Los empresarios no son militantes; son administradores de riesgo. Su prioridad no es ganar una elección, sino garantizar que sus inversiones sobrevivan al recambio de gobierno. Y ahí pesa un dato clave: Claudia Sheinbaum gobernará hasta 2030, de modo que quien encabece Sinaloa desde 2027 tendrá que convivir con ella casi todo el sexenio. Cuatro años de pleito con la Federación son un lujo que ningún inversionista quiere pagar.

De ahí la estrategia: diálogo abierto con el gobierno federal para evitar una confrontación que ponga en riesgo infraestructura, presupuesto y certidumbre económica, y al mismo tiempo, impulso a candidaturas legislativas que eviten la concentración absoluta del poder en una sola fuerza. No es contradicción, es diversificación de riesgo político.

El verdadero blindaje empresarial no estaría en la gubernatura —que se disputa cada seis años—, sino en el Congreso, que se renueva con mayor frecuencia y donde una bancada plural puede negociar sin necesidad de romper con nadie.

Reunirse con Ramírez Cuéllar tampoco es ilegal ni inédito: la Constitución protege la libertad de reunión y el derecho de petición. El límite ético estaría solo si ese diálogo derivara en tráfico de influencias o privilegios indebidos, no por dialogar en sí.

El mensaje de fondo, entonces, no es una capitulación ante Morena ni un abandono de la oposición, sino una advertencia a toda la clase política: el empresariado no apostará el futuro económico del estado a una sola carta. Mientras los partidos compiten por el poder, los empresarios ya planean lo que viene después de la elección.

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