UAS: Las cuatro gestiones de Jesús Madueña contra cuarenta años de inercia financiera

Son cuatro líneas de gestión. Cada una atiende una urgencia específica; en conjunto, representan el esfuerzo institucional más ambicioso en décadas para evitar que una crisis heredada por cuarenta años hipoteque el futuro de la principal casa de estudios de Sinaloa

Alvaro Aragón Ayala

La crisis financiera que enfrenta la Universidad Autónoma de Sinaloa (UAS) es la consecuencia de un fracasado modelo de financiamiento estructural, diseñado hace más de cuatro décadas, al que se sumó un sistema de jubilación dinámica carente de un fondo de reserva. Con el paso del tiempo, este esquema absorbió una porción cada vez mayor del presupuesto operativo, hasta alcanzar hoy su límite de sostenibilidad.

Ante este panorama adverso, el rector Jesús Madueña Molina conduce de manera simultánea cuatro frentes de gestión que definirán el futuro inmediato de la institución. Su estrategia no se limita a la obtención de recursos para sortear una emergencia de corto plazo toda vez que el verdadero desafío radica en mantener la operatividad de la Universidad mientras impulsa una transformación de fondo que le devuelva la viabilidad financiera.

La primera gestión es de carácter urgente e inmediato: Asegurar los recursos necesarios para cubrir salarios, primas vacacionales y las prestaciones de ley de miles de trabajadores universitarios, garantizando la paz laboral.

La segunda se enfoca en la certidumbre social: Garantizar la continuidad del pago de la jubilación dinámica. Este es un compromiso histórico con el patrimonio de los trabajadores en retiro. Ya se institucionalizó un Fideicomiso especifico, sin embargo se requiere apoyo financiero para su consolidación.

La tercera salvaguarda la excelencia académica: Gestionar fondos extraordinarios o adicionales que permitan un cierre de ejercicio fiscal ordenado, sin sacrificar la investigación, la extensión cultural ni los servicios esenciales que reciben diariamente cerca de 170 mil estudiantes.

La cuarta, y de mayor trascendencia estructural: Romper definitivamente con el obsoleto modelo de financiamiento mediante un nuevo esquema presupuestal permanente, suficiente y protegido por el marco constitucional. El objetivo es blindar a la UAS para que no vuelva a padecer la incertidumbre presupuestal que año con año la asfixia.

Este plan de acción del rector está firmemente sustentado en diagnósticos técnicos de validez nacional. El estudio actuarial presentado por la Secretaría de Educación Pública (SEP) coincide en que cualquier sistema de pensiones financiado exclusivamente con el gasto corriente, y sin reservas actuariales, compromete letalmente la viabilidad de cualquier institución pública a mediano y largo plazo.

A este criterio se suman las evaluaciones del Comité Técnico -integrado por especialistas de la ANUIES, la AMOCVIES y la Dirección General de Educación Superior Universitaria de la SEP-, así como las observaciones de los Comités Interinstitucionales para la Evaluación de la Educación Superior (CIEES). Todos estos organismos coinciden en la urgencia de reordenar el sistema pensionario para preservar la estabilidad institucional.

El crecimiento de la nómina responde también a una inercia matemática: cada empleado que se jubila mantiene su percepción económica, pero la Universidad se ve obligada a contratar un relevo para no paralizar las funciones sustantivas. Durante décadas, la institución ha sostenido dos nóminas, la de los empleados en activo y la de los jubilados, lo que ha generado una presión presupuestal geométrica.

La conclusión de estos análisis es contundente: la problemática de la UAS no se solucionará con simples parches administrativos ni con subsidios extraordinarios aislados. Se requiere una reforma profunda al modelo de financiamiento y una corresponsabilidad activa del Estado mexicano, garante constitucional de la educación superior pública.

En tanto se consolida esa transformación estructural, Jesús Madueña Molina mantiene firmes estas cuatro líneas de gestión. Cada una atiende una urgencia específica; en conjunto, representan el esfuerzo institucional más ambicioso en décadas para evitar que una crisis heredada por cuarenta años hipoteque el futuro de la principal casa de estudios de Sinaloa.

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