Mario Zamora: “Yo no soy ningún soplón”….

En respuesta al contenido del artículo MARIO ZAMORA FORJA UNA CANDIDATURA CONTRA EL NARCO – ver: https://vocesnacionales.com/2026/05/05/mario-zamora-forja-una-candidatura-contra-el-narco/ – el diputado federal se comunicó a Voces Nacionales, vía WhatsApp, para plantear una precisión. Aquí su contestación y el análisis del contexto.

Alvaro Aragón Ayala

“Yo no soy ningún soplón”. La frase del diputado Mario Zamora Gastélum no es una simple respuesta defensiva. Es una reacción política calculada frente al creciente señalamiento de que su narrativa sobre el “narcogobierno” en Sinaloa y la presunta intervención del Cártel de Sinaloa en la elección de 2021 comenzó a alinearse peligrosamente con los intereses y el discurso de seguridad impulsado desde Washington.

Con visible inquietud añadió otra frase reveladora: “Yo y mi familia allá vivimos”. La expresión deja entrever algo más profundo: que el priista entiende perfectamente el terreno que pisa y el nivel de tensión política, mediática y criminal que está ayudando a escalar con sus declaraciones.

Sin embargo, lejos de moderarse, Mario Zamora intensificó en los últimos días una auténtica gira mediática nacional donde insiste, una y otra vez, en la misma narrativa: que la elección de 2021 le fue “arrebatada” por la intervención del crimen organizado y que el actual gobierno de Rubén Rocha Moya nació bajo el signo de la ilegitimidad criminal.

Es parte de su estrategia. Zamora ya no actúa como un político que revisa el pasado. Actúa como un aspirante que construyen una candidatura de confrontación rumbo al 2027. En radio, televisión, prensa escrita y plataformas digitales, el priista repite disciplinadamente la misma cantaleta: que Morena pactó con el crimen, que operadores del PRI fueron levantados en 2021 y que él habría impedido el deterioro actual de Sinaloa si hubiese ganado la gubernatura.

En entrevista con Ana Francisca Vega, en MVS Noticias, Zamora endureció el tono al sostener que la relación entre Morena y grupos criminales ya no sería una sospecha política, sino una realidad visible en el escenario sinaloense.

En Animal Político posicionó la expresión: “nadie gana una candidatura contra una metralla”, que se convirtió en viral en Sinaloa.

Posteriormente, en ADN Noticias con Juan Pablo de Leo, lanzó la frase que prácticamente funciona ya como eslogan de precampaña: “Si yo fuera gobernador, nada de esto estaría pasando”.

La declaración significa que Mario Zamora intenta colocarse como el hombre capaz de restaurar el control del Estado frente al narcotráfico. Es decir: construye deliberadamente una imagen de candidato de choque, de confrontación y de “mano firme”.

Y mientras intensifica esa narrativa, también aumenta la gravedad política de sus insinuaciones. Al afirmar que “muchos nombres” mencionados en investigaciones y señalamientos en Estados Unidos “no sorprenden a quienes viven allá”, Zamora alimenta una peligrosa atmósfera de sospecha pública donde la frontera entre denuncia política, percepción social y narrativa internacional comienza a desdibujarse.

Claro. El priista intenta blindarse políticamente con la frase: “Yo no soy ningún soplón”. La negación es “rara” ya que nadie que se perciba como opositor político siente necesidad de aclarar que no lo es. Zamora parece comprender que su permanente exposición mediática, sus referencias a información sensible y sus contactos en Washington están generando una percepción incómoda incluso dentro de sectores políticos y empresariales de Sinaloa.

Y, aun así, continúa. Sigue recorriendo micrófonos, foros y espacios informativos, amplificando la tesis de que el narco decidió la elección del 2021 y de que el actual deterioro del estado es consecuencia directa de aquel supuesto “pecado original”. El problema de fondo es que, en su intento por reposicionarse políticamente, Zamora está elevando el conflicto político sinaloense a un plano de seguridad internacional.

Ya no habla solamente como opositor local, sino como que intentara, a toda costa, convertirse en el interlocutor regional de la narrativa trumpista sobre México: narcogobierno, pérdida de control territorial y necesidad de endurecimiento. Por eso su activismo mediático ya no puede interpretarse como simple crítica partidista.

En sí es la construcción de una candidatura priista que busca legitimarse no solo ante el electorado sinaloense, sino ante los centros de poder político y de seguridad que hoy observan a México desde Washington. Y en ese tablero, la frase “yo no soy ningún soplón” podría terminar siendo menos una aclaración… y más un síntoma del nivel de tensión que ya rodea a su proyecto político.

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