El MC de Esquer: un partido al servicio del ego
Alvaro Aragón Ayala
Sergio Raúl Esquer Peiro, “El Pío”, no llegó a dirigir una fuerza política en expansión, sino a administrar un partido vacío. Un cascarón. Un Movimiento Ciudadano que durante años no fue institución, sino extensión personal: Sergio Torres era el partido y el partido era Sergio Torres.
Esa etapa terminó de golpe. Un atentado criminal lo sacó de la jugada. Un balazo en la cabeza no sólo lo apartó de la vida pública, sino que dejó a Movimiento Ciudadano sin su único eje real de operación. Hoy, el exdirigente permanece fuera del radar político, aislado incluso en lo personal, y con él se fue la poca estructura territorial que el partido había logrado construir.
Entonces “El Pío” Esquer no heredó poder. Heredó vacío. Y frente a ese vacío, la respuesta no ha sido la reconstrucción, sino la simulación. En efecto: el MC carece de estructura, de cuadros territoriales y de presencia social, sin embargó su dirigente optó por la promoción de sí mismo. No encabeza un proceso de reorganización política, sino de pasarelas. Apariciones, declaraciones, fotografías. Forma sin fondo.
El problema es que la política no se gana con imagen. Se gana con votos, no alimentando el ego. Los números son contundentes. Movimiento Ciudadano pasó de 32 mil votos en 2021 a un rango de entre 60 mil y 100 mil en 2024, con un promedio cercano a los 80 mil sufragios. Eso representa apenas entre el 5 por ciento y el 7 por ciento del electorado en Sinaloa. No es crecimiento estratégico: es apenas supervivencia ampliada.
Con esa base, MC no compite. Sobrevive. Para influir se requieren al menos 150 mil votos; para ser competitivo, más de 250 mil; para aspirar al poder, arriba de 450 mil. Esquer no está construyendo ese puente. Está posando sobre el abismo. Rechaza alianzas, se aísla políticamente y no descarta una candidatura propia. No hay estrategia ahí. Hay un reflejo: el del ego.
Peor aún: es un mensaje hacia adentro. A los pocos cuadros que aún orbitan en Movimiento Ciudadano se les está diciendo, en los hechos, que no hay proyecto colectivo, que todo gira alrededor de una figura. El Partido Verde, el Partido del Trabajo o incluso nuevas fuerzas políticas que emergerán en 2027 representan rutas de escape. Nadie se queda en un proyecto que no ofrece futuro.
Ese es el riesgo real. No solo la irrelevancia, sino la descomposición interna. El MC en Sinaloa no tiene hoy una red territorial sólida, ni estructura de movilización, ni liderazgos seccionales consolidados. Es un partido ligero, frágil, dependiente de percepciones. Y las percepciones, sin estructura, se derrumban en las urnas.
Mientras tanto, su dirigente habla… pero hacia el espejo. Se proyecta, se menciona, se coloca. Pero no construye. No articula. No suma. Y en política, quien no suma, resta. Rumbo al 2027 en el mejor de los casos, MC podría crecer a 100 o 120 mil votos y mantenerse en la periferia del sistema. En el peor, podría fragmentarse antes de llegar a esa cifra.
LA SOBERBIA DEL AISLAMIENTO
El discurso de “ir solos” no es una muestra de fuerza, sino un síntoma de desconexión. Al rechazar alianzas y coquetear con candidaturas propias sin tener un solo seccional consolidado, Esquer revela que su prioridad no es la viabilidad del partido, sino la protección de su propia figura. Es el aislamiento por diseño: un proyecto donde no cabe nadie que le haga sombra al jefe.
Un partido que ofrece imágenes en lugar de futuro es una trampa para sus propios cuadros. Los liderazgos que aún quedan en MC ven con desconfianza una ruta que no ofrece certezas territoriales. El riesgo de fuga hacia el Partido Verde, el PT o nuevas fuerzas es real y latente. Nadie se queda a hundirse en un barco que, en lugar de motor, tiene un espejo de cuerpo completo.
El horizonte electoral hacia el 2027 es sombrío para el partido naranja en Sinaloa. Sin operación de tierra ni alianzas estratégicas, el destino es la irrelevancia o la fragmentación. Se puede tener presencia en los Facebook, pero sin estructura, el día de la elección las percepciones se estrellan contra la realidad de las urnas.
La política es el arte de lo colectivo, pero Sergio Esquer la ha reducido a un monólogo frente al espejo. Mientras él se dedica a pulir su imagen y alimentar su protagonismo, Movimiento Ciudadano se desmorona en el territorio, convirtiéndose en un escaparate elegante para un proyecto inexistente. Esquer no está liderando una fuerza política; está administrando su propio narcisismo. Pero debería recordar una regla básica del poder: los votos se cuentan en las calles, no en los “likes”, y el ego, por más que se infle, jamás ha sido capaz de llenar una sola urna.
