¿Cuándo empieza la desigualdad en la educación?

La desigualdad en la educación no aparece en la primaria, no comienza con la adolescencia y la llegada a la secundaria o cuando empezamos a reprobar matemáticas. Empieza muchísimo antes, quizá desde la cuna.

María Teresa Gutiérrez

En 2019 se incorporó en la Constitución de México la educación inicial como nivel obligatorio, y lo mismo ocurrió en 2002 con el preescolar. Esto generó no solo el derecho de acudir a la escuela prácticamente desde el nacimiento, también la obligación del Estado de garantizar el servicio. 

Lo escribimos en la ley, lo incorporamos en los discursos, incluso nos unimos a los pactos, pero en la práctica, en México se sigue tratando a la primera infancia como una etapa secundaria en la que no pasa mucho y en la que da lo mismo si la atención se realiza en un centro especializado o en la casa de los abuelos. Nos comportamos como si el aprendizaje comenzara realmente hasta primaria y antes de eso solo se tratara de cuidar. ¿Estamos empezando ahí con las desigualdades en materia educativa?

Y mientras en México seguimos discutiendo si vale la pena llevar a las niñas y los niños de tres años al preescolar, la OCDE acaba de publicar un estudio sobre la primera infancia: el International Early Learning and Child Well-being Study (IELS 2025). El principal hallazgo es sumamente preocupante: a los cinco años las brechas educativas ya son profundas. Esto quiere decir que la desigualdad no aparece en la primaria, no comienza con la adolescencia y la llegada a la secundaria o cuando empezamos a reprobar matemáticas. Empieza muchísimo antes, quizá desde la cuna.

El estudio muestra diferencias importantes en lenguaje, pensamiento matemático, autorregulación y habilidades socioemocionales desde edades muy tempranas. Y quizá lo más importante es que esas diferencias están ligadas al entorno familiar, al acceso a educación inicial y a la calidad de las experiencias de aprendizaje en los primeros años de vida.

¿México llega tarde a la conversación sobre educación en la primera infancia?

En México la cobertura de educación inicial es bajísima, los datos de MONITO nos muestran que menos de 230,000 infantes están acudiendo a este nivel educativo, con seis de cada diez haciéndolo en el sector privado. De acuerdo con los indicadores nacionales, solo 4 de cada 100 niñas y niños de nuestro país están incorporados en este nivel de manera formal. Y aunque el preescolar es obligatorio desde hace más de 20 años, la asistencia tampoco es universal. En el ciclo 2024-2025 apenas 6 de cada 100 niñas y niños de entre tres y cinco años estuvieron inscritos en preescolar.

En este punto no puedo evitar preguntarme, particularmente como madre de un niño de casi cinco años y de una niña de dos años: ¿cómo pretendemos cerrar brechas educativas en secundaria y tener buenos resultados en la prueba PISA si estamos dejando fuera del sistema la etapa donde más se forman? Si bien el Estado mexicano ha fallado en garantizar el acceso a estos niveles, también hay cuestiones culturales. En México aún persiste la idea de que antes de los tres años las niñas y los niños son demasiado pequeños para ir a la escuela y es mejor que se queden en casa.

Y, sin embargo, la evidencia que recoge la OCDE en este estudio apunta exactamente en la dirección opuesta. Las interacciones de calidad entre los niños y los adultos, la lectura en casa, las conversaciones, las preguntas y, sobre todo, la participación en espacios educativos tienen efectos reales sobre el desarrollo infantil. Incluso señala algo que todos estamos observando, pero que no nos atrevemos a frenar: el tiempo de pantalla tiene efectos mucho menores en el aprendizaje que la lectura de libros en papel.

En México hemos querido discutir la desigualdad educativa poniendo atención únicamente en los resultados finales, fijando a veces como punto de llegada el 2030. Seguimos tomando decisiones en el sistema educativo con los datos de eficiencia terminal, de cobertura o de abandono, aunque cada día desaparece mucha de esta información. Pero ¿estamos llegando demasiado tarde al problema? ¿Deberíamos poner más atención a los primeros años? ¿Deberían estar ahí las becas y el grueso de la inversión en educación? 

No tener acceso a experiencias de aprendizaje desde el nacimiento, sin espacios de socialización, sin estimulación adecuada, compromete el derecho a aprender de las niñas y los niños para toda la vida. Por eso en Mexicanos Primero queremos hacer visibles esas brechas para que algún día los responsables se decidan a cerrarlas. ♦

María Teresa Gutiérrez es directora de Monitoreo de Indicadores Educativos.

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