Prioridades mundialistas
Jorge Alberto Gudiño Hernández
Lo platicamos en casa hace unos meses: en esta ocasión no llenaremos el álbum del Mundial.
Ya vivimos la experiencia en el torneo pasado (antes, mis hijos eran muy chicos) y sabemos lo que es perseguir cartas, intercambiarlas, negociar con ellas, recibir paquetes inesperados, pegar los cromos afuera de los rectángulos que les darán cabida y más.
Sabemos del entusiasmo por haber conseguido a determinado jugador y conocemos la decepción de que, en una serie de sobres, no haya ninguna carta que nos sirva. También vivimos el proceso de expectativa, emoción, júbilo, algo de impaciencia y desesperanza y cierto aburrimiento hacia el final.
Todo, mediado, por supuesto, por una buena cantidad de dinero. Así que este Mundial no lo llenaremos.
Sin embargo, muchos de nuestros conocidos, de los más diversos círculos, sí lo llenarán. Hay quienes ya se están organizando, quien ya consiguió un descuento, quien se ha ofrecido a ir a diferentes tiendas para garantizar (según él) que la variedad en los sobres sea suficiente. En realidad, da igual: hay un número fijo de estampas que, multiplicado por el costo individual, dará la erogación mínima que uno debe hacer para llenarlo. El resto, son actos de prestidigitación que sirven para convencerse de que uno hace las cosas racionalmente.
Vuelvo a los diálogos en torno al álbum. Escuché, con mucha atención, como uno de los participantes, el papá de algún compañero, se quejaba porque, “por culpa de Irán”, ahora iba a ser un “relajo” lo del álbum. Especulaba sobre si la empresa tendría tiempo de cambiar los álbumes, toda vez que aún no se sabe qué equipo sustituirá a la selección de marras. Como varios no estaban conscientes del hecho, comenzaron a quejarse. De Irán y de Trump, de que los álbumes iban a estar todos mal, sobre si habría dos ediciones del álbum porque eso significaría llenar el doble y, sí, están caros. Sobre todo, ahora que hay más selecciones y una que no irá.
Estas semanas hemos escuchado discusiones en torno a la intervención de Estados Unidos. Al asunto de la violación del derecho internacional versus las reiteradas violaciones a los derechos humanos de parte del régimen iraní. Eso polarizó las discusiones.
Para quienes llenan el álbum, algo del conflicto, que les quedaba muy lejos, se volvió casi una afrenta personal. Ya no importan las violaciones o los derechos, tampoco la tragedia de millones de personas o el número de muertos, los bombardeos, la subida de los precios del petróleo, la tensión en la economía mundial. El problema, son las estampitas del álbum.
A veces la empatía nos queda demasiado lejos. El álbum es un buen ejemplo de nuestras prioridades. Como bien dice un amigo: “merecemos la extinción”.
