Pese a ser la mejor calificada del país, la UAS mantiene su acceso económico

Alvaro Aragón Ayala

Considerada y ubicada en primera posición entre las Universidades Públicas Estatales de México por el ranking de Times Higher Education, la Universidad Autónoma de Sinaloa (UAS), que alberga a más de 170 mil alumnos, se mantiene a nivel nacional como una de las instituciones más económicas y accesibles del país, comparativamente con el resto de las universidades públicas estatales.

Los jóvenes que ingresan a la UAS tienen la certeza de que recibirán una educación de excelencia, con estándares de competitividad elevados, programas acreditados, vinculación académica global y convenios con redes universitarias de distintas partes del mundo. Su presencia constante en clasificaciones internacionales regionales (Latin America Rankings) y globales confirma su proyección académica y su compromiso con la internacionalización.

Hablar de la Universidad Autónoma de Sinaloa exige partir de datos comparativos y de contexto estructural. Con más de 170 mil estudiantes en todo el estado, la institución es el principal eje de educación superior en Sinaloa y una de las universidades públicas estatales que cuenta con mayor cobertura y con los costos más bajos del país.

El costo anual aproximado, por alumno, en la Casa Rosalina es de 2 mil 500 pesos; en la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla es de alrededor de 4 mil 500 pesos; en la Universidad Autónoma de Zacatecas asciende a 15 mil 526 pesos; y en la Universidad de Sonora las tarifas oscilan entre 7 mil 600 y más de 10 mil 700 pesos, dependiendo de la carrera.

Incluso, el costo anual de estudiar en la Universidad Autónoma de Occidente puede llegar a los 4 mil pesos, según el esquema de pagos semestrales o bimestrales. El promedio anual del costo de la educación en las Instituciones de Educación Superior públicas ronda los 13 mil 824 pesos. Aun así, la UAS mantiene la tarifa de 2 mil 500 pesos. Este bajo costo explica por qué jóvenes de Sonora, Nayarit, Durango, Chihuahua y otras entidades optan por trasladarse a Sinaloa para cursar licenciaturas y posgrados.

Además, la UAS mantiene esquemas de condonación de matrícula para estudiantes en situación vulnerable, programas de apoyo económico institucional, una red histórica de casas del estudiante que permite alojamiento a jóvenes de comunidades rurales o de escasos recursos y flexibilidad administrativa en casos acreditados de vulnerabilidad. En términos prácticos, el acceso a la UAS no depende exclusivamente de la capacidad de pago, sino de una política institucional orientada a la inclusión.

Es fundamental precisar que los ingresos derivados de inscripciones, certificados y otros servicios administrativos no constituyen la base del financiamiento estructural ni se integran directamente al pago del pasivo pensionario. Esos recursos se destinan principalmente a la operación de áreas académicas no financiadas directamente por subsidio federal, al mantenimiento y actualización de infraestructura, a los servicios administrativos y tecnológicos y a programas educativos con financiamiento parcial.

En las Universidades Públicas Estatales, los ingresos propios suelen representar un porcentaje menor dentro del presupuesto global. La sostenibilidad estructural depende fundamentalmente de los presupuestos federales y estatales, así como de procesos de reingeniería administrativa. Vincular automáticamente cuotas de ingresos al pago de deuda estructural es perverso y técnicamente incorrecto: los pasivos históricos -principalmente pensionarios- obedecen a compromisos acumulados durante décadas bajo esquemas actuariales que hoy se encuentran en proceso de ajuste.

La administración encabezada por el Rector Jesús Madueña Molina ha impulsado un proceso de reorganización financiera orientado a garantizar viabilidad de largo plazo. En un entorno nacional donde múltiples universidades públicas enfrentan presiones similares por sistemas de jubilación heredados, la UAS decidió mantener cobertura universal, evitar reducción de matrícula y preservar su planta académica.

Bajo el liderazgo de Jesús Madueña la UAS se arraiga en la primera posición entre universidades públicas estatales de México en el ranking de Times Higher Education por varios años consecutivos, en el tercer lugar general entre universidades mexicanas (públicas y privadas) en mediciones académicas nacionales relevantes; y mantiene presencia regular en clasificaciones internacionales regionales (Latin America Rankings) y globales.

Un dato, pues, lo resume todo: más de 170 mil estudiantes permanecen en la Universidad Autónoma de Sinaloa. Si el costo fuera prohibitivo o excluyente, esa cifra no existiría. Si no hubiera apoyos reales, la matrícula no se sostendría. Si no hubiera calidad académica, no llegarían jóvenes de otras entidades.

La UAS sigue siendo, entonces, en términos reales, una de las Universidades Públicas Estatales más económicas y accesibles del país, con un modelo que combina bajo costo, apoyo social, reconocimiento académico internacional y responsabilidad institucional. La Casa Rosalina mantiene acceso universal y constituye una de las principales puertas de movilidad social en el noroeste de México.

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