Cuauhtémoc Chacón, más allá de la Agenda Setting
Alvaro Aragón Ayala.
En 5 meses y medio operando estratégicamente, Cuauhtémoc Chacón dejó atrás el punto de quiebra que lo llevó a ocupar la Coordinación de Comunicación Social del Gobierno de Rubén Rocha Moya, logrando, con un nuevo modelo de comunicación gubernamental qué realidad se va a discutir con una nueva lógica operativa.
Durante la etapa anterior, encabezada por Adriana Ochoa del Toro, la comunicación gubernamental operó bajo un enfoque que privilegiaba la lectura de percepción y el diálogo narrativo. Incluso se incorporó un taller interno impartido por Roy Campos, de la empresa Mitofsky, con la intención de fortalecer la estrategia comunicacional desde el análisis demoscópico y el encuadre de mensajes. La apuesta era clara: medir, interpretar y ajustar narrativa.
El problema fue que el entorno político de Sinaloa no estaba ni está en fase académica ni en laboratorio de opinión pública. En sí, en materia de comunicación, pervive una crisis constante, en confrontación abierta, en medio de lo que se le conoce como “agenda caliente”.
Y en ese terreno, el modelo reactivo de Adriana Ochoa del Toro y que vino a reforzar Roy Campos, terminó facilitando que la oposición impusiera temas y narrativas, que la crítica marcara el ritmo y el gobierno respondiera en vez de conducir. La agenda gubernamental quedaba subordinada al ciclo de polémica.
Cuauhtémoc Chacón realizó un cambio sustancial con la instalación de una agenda activa, no reactiva. No espera a que la oposición marque el tema, sino que define el foco, la narrativa, y obliga a discutir en ese marco.
Al centralizar el mensaje, resta fuerza o cierra los espacios a las narrativas contrarias, reduce las voces dispersas, alinea los discursos a favor del gobierno estatal y evita la confrontación pública innecesaria. La figura del gobernador Rubén Rocha dejó de estar expuesta a la dinámica reactiva y se colocó en un plano institucional de conducción y resultados.
Al fijar marcos claros, la oposición ya no puede operar con ambigüedad y se ve obligada a explicitar postura y asumir costos narrativos porque no hay coyunturas para que se imponga. Eso modifica la correlación comunicacional.
La teoría de la Agenda Setting sostiene que los medios influyen en los temas de discusión. Sin embargo, el nuevo modelo gubernamental posiciona los temas y define, también, el terreno moral y político desde donde se discuten. Instala un asunto o una narrativa y planear el encuadre completo. Eso es un paso más allá del Manual Clásico de comunicación política.
El taller de Roy Campos, difundido en redes oficiales como un ejercicio de reflexión interna, apostaba por el análisis técnico de percepción, pero la política real no siempre responde a la lógica del dato frío. La crisis comunicacional exige ritmo, contención, control narrativo y dirección cara.
El relevo en la coordinación dejó un mensaje: la capacitación no logró consolidar el esquema anterior, pues no se trataba de entender mejor la opinión pública, sino de conducirla. La agenda gubernamental recuperó centralidad. La oposición discute sobre los términos fijados y el gobernador proyecta mayor control institucional.
La salida del modelo anterior y la llegada de Cuauhtémoc Chacón representó, pues, un cambio de lógica operativa. El gobierno pasó de intentar ajustar narrativa a partir de percepción a a ejercer conducción estratégica del debate público. En tiempos de crisis, eso marca la diferencia.
