Un nuevo derecho universal

Gilberto Guevara Niebla

El ataque de Estados Unidos e Israel contra Irán es un nuevo atropello al derecho internacional y abre un conflicto bélico en medio oriente que amenaza con extenderse. Esta nueva guerra no tiene objetivos racionales y claros; es una embestida bárbara que puede tener desarrollos y consecuencias inopinadas.

No se pretenden omitir las perversidades del régimen iraní (su fomento del terrorismo anti-occidental, su carácter oligárquico, el maltrato a las mujeres, etc.) que son inocultables. No, lo que me propongo es subrayar la inefectividad del derecho internacional, que se demostró con el caso de Venezuela y que estamos presenciando de nuevo en el caso de Irán.

Estamos ante el fracaso del derecho. Estos acontecimientos sugieren que en el mundo actual los hombres hemos regresado al estado de naturaleza de Tomás Hobbes: al dominio del más fuerte, sin traba alguna, unos combatimos a los otros en una guerra sin reglas. La humanidad enfrenta una crisis histórica sin paralelo: el colapso de la razón, la invalidación de la legalidad internacional, la proliferación de autocracias, le declinación del prestigio de la democracia, el fracaso de las Naciones Unidas como reguladora del orden mundial, el peligro siempre latente de una hecatombe nuclear, por otro lado, el deterioro brutal del medio ambiente que nos conducirá, fatalmente, a la destrucción de la vida humana sobre la tierra.

Tal vez este es el momento crítico para detenernos a reflexionar, hacer una evaluación de conjunto y cambiar el rumbo de nuestra conducta –estas nociones las recojo, sobre la marcha, del distinguido filósofo Luigi Ferrajoli. “De no cambiar, en siglo y medio la tierra será inhabitable”.

Sufrimos la tutela de un absolutismo político y estamos encerrados en un callejón sin salida, urge construir una vía de escape utilizando medios racionales y pacíficos. No podemos regresar a la Organización de las Naciones Unidas, se necesita reformular el pacto mundial sobre la base de nuevos principios y nuevos instrumentos jurídicos.

Se debe actuar con criterios pacíficos y gradualistas; la estrategia a utilizar es el diálogo racional, inteligente, escalonado con acuerdos parciales. Se requiere edificar una federación política global que reúna a naciones autónomas y libres. ¿En esta arquitectura qué papel juega la fuerza?

La nueva organización necesita fundarse en un consenso que se puede construir en tono a un nuevo derecho, es decir, una constitución mundial que asegure garantías para todos los seres humanos. La política debe concebirse como prospección del futuro. Hay tres grandes flagelos de la humanidad que son los frentes donde combatir:

a) el íncubo nuclear;

b) el calentamiento global y

c) la desigualdad.

Para resolverlos hay que dar una lucha a través de una alianza de todas las fuerzas democráticas del mundo que se enfrente al cónclave de autócratas que domina el mundo.

El nuevo constitucionalismo habrá de fundarse en las nuevas garantías globales: 1) La salud para todos; 2) Una ciudadanía universal; 3) Una contribución fiscal de todos; 4) Una educación universal de calidad; 5) Un salario-base universal; 6) La paz mundial; 7) El cuidado de la naturaleza y 8) La igualdad sustantiva (los derechos son para todos).

Esta transformación global deberá conquistarse, pero no con las armas sino con la razón. El argumento que aquí se postula es irrefutable. Solo hay que ponerlo firmemente en la agenda pública. No hay contra-argumento posible, pobres y ricos coincidimos en firmar una carta jurídica que instale a nivel planetario un orden social democrático que garantice nuestra sobrevivencia.

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