Gusano barrenador: una amenaza a la salud y al comercio

Simón Vargas Aguilar*

En un contexto de crecientes tensiones comerciales y sanitarias, la veda impuesta por Estados Unidos a las importaciones de ganado vivo procedente de México, motivada por el resurgimiento del gusano barrenador, Cochliomyia hominivorax, representa un golpe significativo para el sector ganadero nacional. 

Esta medida, anunciada por el Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA) en mayo de 2025, se mantiene vigente hasta febrero de 2026, y ha generado pérdidas millonarias mientras el parásito avanza aparentemente imparable hacia el norte de México. La presidenta Claudia Sheinbaum ha reiterado su compromiso para resolver esta problemática, anunciando en conferencias matutinas y reuniones bilaterales con la secretaria de Agricultura estadunidense, Brooke Rollins, el inicio de trámites y protocolos conjuntos para erradicar el gusano y reabrir la frontera. Estos esfuerzos incluyen el fortalecimiento de la producción de moscas estériles y revisiones técnicas mensuales, con la esperanza de que evaluaciones positivas permitan reanudar las exportaciones en semanas. 

La Confederación Nacional de Organizaciones Ganaderas de México (CNOG), en voz de su presidente, el ingeniero Homero García de la Llata, por su parte, ha expresado una creciente alarma ante el incremento de casos, en declaraciones recientes, representantes de esta institución han calificado la situación como “una crisis en escalada” que afecta no sólo a los exportadores, sino a toda la cadena productiva. 

Según estimaciones de la CNOG y el Consejo Nacional Agropecuario (CNA), el problema ha ido en aumento desde 2023, con brotes que se expandieron desde Centroamérica hacia el sur de México, exacerbados por el contrabando ilegal de ganado y la falta inicial de controles estrictos en el movimiento de animales. 

Luis Fernando Haro, director general del CNA, ha señalado que en 2025 se perdieron alrededor de 1.3 mil millones de dólares en exportaciones, equivalentes a unas 650 mil cabezas de ganado que no pudieron cruzar la frontera. Este impacto económico se extiende a empleos en ranchos y plantas procesadoras, con proyecciones que indican que las restricciones podrían prolongarse más allá de 2026. 

Los impactos económicos en el sector ganadero son multifacéticos y profundos y es que más allá de las pérdidas directas por exportaciones suspendidas, los productores mexicanos enfrentan costos adicionales por tratamientos veterinarios, incluso en regiones muy afectadas, como el sur de México, los ganaderos reportan mortalidades en rebaños que superan 10 por ciento en casos graves, lo que eleva los precios internos de la carne, pone en riesgo la salud de consumidores y genera inflación en el mercado alimentario. 

Por supuesto que se deben analizar diversos ángulos, sin embargo, una alternativa que propongo es la implementación de un esquema similar al de la producción de aguacate, donde inspectores del USDA y la Agencia de Inspección de Sanidad Animal y Vegetal (APHIS) operan directamente en México para certificar la ausencia de plagas antes de la exportación. En el caso del gusano barrenador, esto implicaría avales estadunidenses coordinados al SENASICA y aduanas mexicanas, garantizando que la carne exportada esté libre del parásito mediante inspecciones pre-embarque. 

Este modelo ya se aplicó temporalmente en febrero de 2025, permitiendo una reapertura breve de la frontera, pero el avance hacia el norte de México del gusano obligó a un nuevo cierre. Expertos coinciden en que esta colaboración binacional podría acelerar la contención, evitando que el parásito se establezca en el norte y afecte a la industria cárnica de ambos países. 

El incremento en la preocupación es palpable en el último boletín epidemiológico del Servicio Nacional de Sanidad, Inocuidad y Calidad Agroalimentaria de México, con corte al 6 de febrero de 2026, informa de casos distribuidos en ocho entidades del país: Veracruz, Oaxaca, Chiapas, Yucatán, Quintana Roo, Tabasco, Campeche y Guerrero, los cuales suman alrededor de 726 casos activos en animales. 

Este reporte, que marca un descenso de 57 por ciento desde el pico de diciembre de 2025, refleja los esfuerzos binacionales, pero también subraya la vulnerabilidad ya que el gusano ha afectado a más de 148 mil animales en México y Centroamérica desde 2023, con mil 190 casos humanos y siete muertes. La detección en estados fronterizos como Tamaulipas y Nuevo León indica un avance que podría cruzar la frontera si no se actúa con rapidez. 

Sin duda el problema que representa el gusano barrenador nos insta a actuar como aliados y enfocarnos en acciones certeras como en todas las áreas de la relación bilateral, priorizando los avances en cuanto a ciencia y tecnología para detener su avance y recuperar las economías. 

La erradicación exitosa en los años 60 demuestra que la liberación masiva de moscas estériles y protocolos estrictos funcionan, pero requieren inversión sostenida y transparencia, así como un adecuado combate a la producción. 

Evitar que estos problemas afecten a la población implica no sólo contener el parásito, sino fomentar la resiliencia del sector agropecuario mediante diversificación de mercados, apoyo a pequeños productores y cooperación binacional, de lo contrario, el gusano barrenador no sólo continuará devorando carne, afectando la salud, y dañando la estabilidad económica de innumerables familias en ambos lados de la frontera. Urgen acciones efectivas. 

*Consultor en temas de seguridad, inteligencia, educación, religión, justicia y política.

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