La frontera como laboratorio de guerra

Fred Álvarez Palafox

La mañana del miércoles 11 de febrero, el Aeropuerto Internacional de El PasoTexas (ELP), no solo recuperó sus vuelos, recuperó su pulso. Tras horas de un silencio sepulcral que amenazaba con extenderse diez días, el asfalto volvió a vibrar. Sin embargo, la normalidad aterriza hoy con el peso de lo inédito: la confirmación de que la seguridad fronteriza ya no se mide solo en kilómetros de desierto, sino en altitudes de navegación disparos láser.

El apagón: “fuerza letal” en el cielo

Todo comenzó la noche del martes 10 de febrero. A las 23:30 horas, el aeropuerto fue cerrado en su totalidad por “razones especiales de seguridad“. El aviso de la Administración Federal de Aviación (FAA) no era un simple trámite; era una sentencia de guerra aérea. Advertía que los pilotos que violaran la restricción podrían ser interceptados y detenidos. El comunicado subía el tono de forma alarmante: el gobierno de EU. podía “usar fuerza letal” si una aeronave representaba una “amenaza inminente”.

La orden inicial fue drástica: vuelos comerciales, de carga y privados suspendidos hasta el 20 de febrero. En la terminal, el impacto no fue un informe, sino un muro de incertidumbre. Pasajeros de Southwest y American Airlines vieron sus vidas pausadas; familias separadas por una frontera que se volvió infranqueable incluso para las “aves de metal”. Mientras en Ciudad Juárez, Chihuahua, el cielo seguía su curso, en el Aeropuerto Internacional de El Paso el tiempo se detuvo ante un perímetro que ignoró la simbiosis binacional.

El peligro pasó, “amenaza neutralizada”

A las 8:37 horas de este miércoles, el Secretario de Transporte, Sean Duffy, confirmaba una “amenaza neutralizada” contra drones de un cártel. Pero tras el anuncio de victoria, la realidad resultó ser más inquietante. Fuentes de CNN revelaron que la “pausahttps://396248aa1d57015add2544d47167c82a.safeframe.googlesyndication.com/safeframe/1-0-45/html/container.html?n=0

 forzada” —que evocó los fantasmas del 11 de septiembre— fue, en gran medida, un “fuego amigo” burocrático.

El Pentágono buscó adelantar el uso de un láser de alta energía (E-HEL) sin coordinar con la FAA. Querían probar este armamento experimental —cuya revisión técnica estaba pactada para finales de febrero— convirtiendo la zona civil del  Aeropuerto Internacional de El Paso en un campo de pruebas antes de tiempo. El hermetismo fue tal que ni el alcalde de la ciudad ni la base militar local recibieron aviso previo; mucho menos lo sabíamos en México.

La paradoja de Palacio Nacional

Cuestionada sobre la suspensión del Aeropuerto Internacional de El Paso, Texas, la presidenta Claudia Sheinbaum optó por el deslinde: “No hay ninguna información de uso de drones en la frontera. Si tienen información, que la pregunten al Gobierno de México”, sentenció en su “Mañanera“, pidiendo no especular.

Al decir que “vamos a averiguar las causas”, la presidenta abrió una puerta interesante. Es probable que tuviera razón técnica: no hubo una invasión masiva, sino una operación militar estadounidense descontrolada “dentro de su propia casa”. Sin embargo, el dato punzante es el timing: mientras ella fijaba una postura de escepticismo, sus piezas clave de seguridad —el Secretario de Marina y el de la Defensa Nacional— se encontraban físicamente en Washington D.C., acaso recibiendo la versión del Pentágono, mientras su jefa pedía explicaciones por televisión.

Las tres fracturas expuestas

I) Uno, disonancia técnica: Las incursiones de drones son comunes (más de mil al mes), pero el uso de láseres en zonas civiles es un riesgo inédito. México carece de la tecnología para detectar siquiera si estas armas están siendo apuntadas hacia nuestra frontera.

ii) Dos. Sheinbaum aplica un “ver para creer” que choca con la velocidad de la era Trump. Negar el evento por falta de un oficio formal es ignorar que hoy la política exterior se dicta en y se ejecuta con tecnología láser.

iii)) Lo más grave es que tenemos un vacío de Inteligencia. Si el Pentágono advertía desde el 16 de enero sobre “actividad militar”, que México se muestre sorprendido demuestra que los canales de comunicación no andan bien, muchas veces son ignorados unilateralmente.

La mañana del miércoles 11 de febrero, los motores volvieron a rugir en el Aeropuerto Internacional de El Paso, Texas. La FAA levantó la restricción al lograr detener —por ahora— el ímpetu del Pentágono. Pero queda la lección: la soberanía ya no es solo un muro de metal bajo el sol. Ahora es también un espacio invisible, un cielo que hoy nos recordó que México parece estar un paso detrás de los radares de Washington, incluso cuando sus generales están sentados a la mesa al otro lado del Potomac.

Nos deben información, pero nuestra presidenta se equivocó al decir que “Si tienen información, que la pregunten al Gobierno de México”.

Línea del tiempo de la crisis

.- El Apagón (10 de febrero, 23:30 hrs): El  Aeropuerto Internacional de El Paso, Texas, suspende operaciones por 10 días. Amenaza de “fuerza letal” para infractores.

–. La Neutralización (Madrugada del 11 de febrero): El Pentágono activa protocolos tácticos. CNN revela conflicto interno por uso de láser E-HEL.

.- El Choque (mañana del 11 de febrero): Sean Duffy canta victoria en X; Claudia Sheinbaum exige pruebas oficiales y niega reportes de incursión.

PD!.- Los hechos de El Verde, Sinaloa. Escuchar que “los confundieron” es un insulto a la dignidad. Mientras el gobierno lee la falta de denuncias como “paz”, las familias leen el silencio como el terror absoluto que es. No hay estrategia de seguridad que llene las sillas que hoy quedan vacías. La narrativa no la pueden dictar los victimarios, Omar. La realidad está en las fosas, no en las cifras oficiales. #Justicia #Sinaloa #VizslaSilve

PD2.- “Ni venganza, ni perdón” es la autopsia de una traición en el corazón de la 4T. Scherer y Jorge Fernández Menéndez desnudan un sistema de “fiscal amigo o enemigo”, un Gertz obsesivo y las “trapacerías” de un vocero -Jesús Ramírez-,  operando desde la sombra.

De la perversa detención de la DEA al Gral. Cienfuegos a las intrigas de Palacio, el libro confirma lo que decía mi abuela: al final, todo sale a la luz. El poder no era ideología, eran vísceras y revancha, lectura recomendable.

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