¿En qué consiste la segunda vuelta?

Ingrid Schemelensky

En víspera de que pueda ser presentada la iniciativa de Reforma Electoral ante el Congreso de la Unión y se abra un espacio amplio para su análisis, revisión y presentación de propuestas que tengan el objetivo de fortalecer nuestro sistema democrático, quiero referirme a las bondades que traería consigo la implementación de una segunda vuelta en los procesos electorales.

La segunda vuelta electoral, conocida también como ballotage es un ejercicio que permite que una elección se lleve a cabo en dos etapas. Esto es, una segunda elección solo con la o el candidato que más votos obtuvieron en la primera elección.  El objetivo es claro, este mecanismo garantiza mayor legitimidad y mayor representatividad.

La segunda vuelta ha sido un largo debate no solo en nuestro país, también en el mundo.

Para el Partido Acción Nacional, la segunda vuelta constituye una herramienta que fortalecería nuestro sistema democrático y, a su vez, fortalecería el liderazgo político de la persona que resulte electa por el voto mayoritario de las y los electores. En este sentido, debe explorarse la conveniencia de incorporar tanto en la Constitución como en la normativa secundaria electoral la realización de una segunda vuelta para el caso de la elección presidencial, así como de las elecciones de las gubernaturas y de la jefatura de gobierno de la Ciudad de México.

La segunda vuelta traería varios beneficios para todo nuestro sistema político electoral ya que posibilita a una candidata o candidato a obtener un mayor respaldo ciudadana que haga incuestionable su triunfo, sobre todo en contiendas electorales cerradas. Esto le otorga a la persona triunfante la legitimidad para llevar a cabo las reformas, las acciones de política pública, entre otras, que la población necesita y demanda.

Continuar con el esquema de votación que tenemos, es decir, con una primera vuelta, es seguir dando la posibilidad de triunfos con poco margen que se traducen en manifestaciones, en la presentación de múltiples quejas ante el órgano electoral administrativo y controversias ante los órganos jurisdiccionales electorales y que solo dejan dudas en el principal soporte de nuestra democracia: la ciudadanía.

Asimismo, luego de la resolución jurídica respectiva quien obtiene el triunfo no cuenta con plena legitimidad lo que le impide gobernar plenamente. La legitimidad, la confianza ciudadana y de todos los actores participantes en elecciones son fundamentales para dar certeza jurídica tanto a los procesos electorales como al poder público.

En el mismo sentido, hoy más que nunca una segunda vuelta garantizaría contar con una sociedad más unida ya que la polarización solo la desquebraja, la fractura y la invalida, generando encono, malestar y barreras que no permiten evolucionar, crecer ni que México logre un desarrollo óptimo.

Con una segunda vuelta, el ganador contaría con el apoyo de más del 50% de los votantes, lo que refuerza su mandato y su capacidad para gobernar. Una segunda vuelta puede incentivar a las personas candidatas a construir consensos, alianzas y propuestas conjuntas que beneficien realmente a la población.

Quedará en manos del Legislativo considerar esta propuesta que lo único que busca es un mayor consenso en la participación política de los actores involucrados en el ejercicio del poder público, mayor credibilidad y legitimidad de nuestro sistema electoral; mayor participación ciudadana y, por supuesto, el fortalecimiento de nuestra democracia.

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