Y cuando despertamos… los inhumanos dominaban el mundo
Teresa Incháustegui Romero
Queridos amigues y pacientes lectores, hemos recorrido apenas quince días del calendario de 2026 y sin la menor duda estamos descubriendo que este año, no será uno más entre los que hemos vivido, ya que de entrada amaneció mostrándonos a la cara el descarnado mundo que compartimos hoy.
No solo es la descarnada certeza que nos dejó el 2025 de que los líderes mundiales del “civilizado y democrático Occidente” han dado vuelta a la hoja al derecho internacional, el espíritu humanitario y los valores democráticos, como exhibió su respuesta frente al exterminio del pueblo palestino en Gaza. Dejando claro que por más que se desgañite la impotente y dorada burocracia de Naciones Unidas, no hay quien ponga coto a la crueldad inhumana en el mundo, porque lo que realmente importa es la disputa de los poderosos por los recursos y las zonas estratégicas.
En 2025, se registraron más de 185 mil sucesos violentos en el mundo, lo que casi duplica la cifra de 2021. Desde 2015, el número de conflictos armados y muertes ha aumentado. En 2019 se estimaron unas 80 mil muertes directas por combate, mientras que en 2023 la cifra se situó en alrededor de 122 mil. Sin embargo, estas cifras varían significativamente dependiendo de la fuente y de si se incluyen muertes indirectas (por hambruna, enfermedades, etc.). Pero para junio de 2025, la ONU advirtió que las muertes en conflictos armados habían aumentado 40% a nivel mundial. Afganistán, Rusa-Ucracia, Siria, extermino en Gaza. En África República Democrática del Congo, Sudán del Sur, Etiopía y la región del Sahel han causado un número elevado de muertes. Sudán que ha sostenido la guerra desde 2003, ostenta la mayor cantidad de muertos, casi 25 millones de personas desplazados internos (más de 10 millones) y refugiados (millones), además de hambre extrema.
Los cargos de genocidio por “limpieza étnica” abundan ante la indiferencia de las democracias occidentales: Gaza el más largo y cruento. Rohingya (Myanmar); Sudán (Darfur); Minorías Yazidí y cristianas (Irak/Siria); Nagorno Karabaj (Azerbayan) República democrática del Congo (Kibu del norte, Kibu del Sur, Tangañica); Etiopía (Trigay). En la mayor parte de estos países el fondo de disputas y guerras interétnicas, interreligiosas, etc, con la participación de milicias y actores extranjeros, está incentivado por el control de recursos estratégicos como: coltán, cobre, oro, diamantes y uranio, petróleo, oro, agua, recursos naturales, cuyos depósitos minerales tienen un valor de billones de dólares.
El interés de las grandes corporaciones tecnológicas, armamentistas y alimentarias por monopolizar estos recursos ha quedado más que clara, como el caso de la firma norteamericana Montsanto, en la ocupación de Irak (2009) -caso reconocido por la Unesco-. Al exterminar 200 semillas autóctonas de grano iraquí obligando a los agricultores a no guardar estas semillas e imponer la compra de semillas alteradas genéticamente (mediante tecnología conocida como “terminator”) que son estériles en cada ciclo agrícola.
El refinamiento de la crueldad de las empresas genocidas del sionismo en Gaza destruyendo todos los recursos vitales para exterminar al pueblo palestino, sería inaudita si no tuvieran el ejemplo de Herodes. Han creado drones que imitan maullidos de gatos y quejidos de perros, para que los niños y niñas gazatíes salgan de sus refugios y escondrijos y puedan matarlos y drones que imitan voces y quejas de niños, para que salgan los pocos médicos que quedan en sus pobres hospitales, para matarlos.
La cínica confesión de quién se tiene por el autócrata mayor, Donald Trump, proclamando a voz en cuello que no hay nada ni nadie en este mundo que se le enfrente o pueda detenerlo en sus planes para apoderarse del petróleo en Venezuela, de las tierras raras, el agua y lo que hubiere en Groenlandia, el Canal de Panamá o, lo que haya menester, en el camino a asegurar la supremacía racial intergaláctica del puñado de ultra millonarios que representa su gobierno.
La resistencia amigues, ya no están en los círculos políticos, transidos por estos intereses y servidores de ellos. Está en nosotres, el aquí y ahora, en el negarnos a compartir la insensibilidad, indiferencia y crueldad con la que miran y actúan estos especímenes inhumanos. En buscar y practicar la compasión, el reconocimiento de los otros, las otras. En guardar celosamente en nuestro interior la esperanza de hacer otro mundo posible, con la certeza de que tejer lazos y cooperar en el sostenimiento de la vida y las vidas de quienes comparten con nosotros el espacio, la calle, el vecindario, etc., hace reproducir las semillas de la bondad, que son el anticuerpo de la crueldad que siembran estos enemigos de la paz y de la humanidad.
