El homicidio de “El Químico” Benítez y la pesadilla carnavalesca

Álvaro Aragón Ayala  

Habitantes de Mazatlán viven inmersos en una horrenda pesadilla bajo el secuestro político del alcalde Luis Guillermo -El Químico-Benítez Torres, quien convirtió el ayuntamiento en su empresa privada y la ciudad en un gigantesco chiquero. El munícipe vive en medio de su propia soberbia, sus amoríos, sus negocios chuecos, sus mentiras y sus traiciones.   

En septiembre de 1994, “El Químico” Benítez atropelló a bordo de una camioneta de lujo, en el cruce de Rosales y Constitución, al ingeniero Ignacio Trinidad Osuna Magallanes, hijo de Fernando Osuna Escudero y María del Carmen Magallanes Lugo. Ignacio Trinidad, quien apenas contaba con 24 años, dejó viuda a Nancy Osuna Acosta. Jamás, en aquel entonces, “El Químico” Benítez imaginó que sería alcalde. Vivía en la copa, en la bohemia, y a la caza de mujeres bonitas. 

Hoy, la realidad no deja de ser tormentosa. En funciones por segunda ocasión de presidente municipal, los pobladores de Mazatlán son presas de la tensión por no saber que ocurrencias se le ocurrirán al loco de “El Químico”, como lo llaman. Si los primeros tres años de gobierno fueron un viacrucis, al repetir en el cargo el alcalde enloqueció y convirtió en un infierno la vida de las familias. 

Las comunidades lucen el abandono oficial. El puerto de Mazatlán es una asquerosidad. Por todos lados brotan aguas negras y el agua que se suministra a la población es asquerosa. Todos los servicios públicos son pésimos. «El Químico» Benítez invierte los recursos municipales únicamente en el área hotelera y restaurantera y en los fraccionamientos de lujo, donde viven sus nuevos amigos.

El presidente municipal cerró el año 2021 con la realización de una gigantesca fiesta callejera que nombró “Bienvenido 2022”, que concentró a miles de personas detonando los contagios y las muertes por coronavirus en el sur del estado. Cinco días después celebró su cumpleaños, en una residencia “blindada”, en cuya entrada colocó filtros para quitarle a sus asistentes los teléfonos celulares. Ahí, exhibió a su nueva pareja sentimental, otra funcionaria del ayuntamiento. 

Sobreprotegido por la Auditoría Superior del Estado y el Congreso Local, “El Químico” Benítez desafía a medio mundo y gana tiempo para lograr, bajo presión, que funcionarios estatales le autoricen la realización del Carnaval Mazatlán 2022, que, a juicio de los especialistas en salud pública, incrementarían las cadenas de contagios entre la población. La megafiesta aglomeraría una cifra estimada en 400 mil personas, toda una “bomba de tiempo” en época de pandemia. 

Los Carnavales, las fiestas masivas, se han cancelado en todo el país y en Latinoamérica, incluso, en Tolosa, se suspendió la tradicional fiesta callejera española debido a la pandemia, pero en Mazatlán “El Químico” quiere realizar la megapachanga para aumentar el flujo de recursos a un reducido número de hoteleros y restauranteros, y facilitar los “negocios chuecos” de su hijo Yazid Yahave Benítez Ocaranza, operador de las firmas de los contratos para la realización del evento masivo 

Bien. 24 años después de haber atropellado y dado muerte a Ignacio Trinidad Osuna Magallanes, un joven ingeniero de la Comisión Federal de Electricidad, “El Químico” Benítez fue agraciado por primera vez con la candidatura a la alcaldía de Mazatlán. Ocultando ese homicidio y otros sucesos, alcanzó en el 2018, por primera, la victoria electoral y la presidencia municipal.  

En aquel proceso electoral nadie se acordó del joven a quien “El Químico” mató. El crimen ocurrió cuando Benítez Torres circulaba en una camioneta sosteniendo un alegato con una dama que lo acompañaba y al llegar al cruce de Rosales y Constitución se pasó el alto y arrolló al ingeniero Ignacio Trinidad Osuna, que circulaba en una moto propiedad de Eduardo Dávila.  

Famoso por sus fenomenales borracheras que prosiguió años después con sus tertulias cerveceras en la Fonda de Chalío en el barrio de Olas Altas, Guillermo Benítez Torres recibió toda clase de “facilidades” para eludir la responsabilidad penal en torno al homicidio. En la trama jurídica para protegerlo figuraron Luis Salomé Zúñiga Vizcarra y Pedro Velázquez, quienes controlaban, en el sur del estado, lo que hoy es la Vicefiscalía de Justicia. 

Después del accidente “El Químico” Benítez siguió con su vida disipada, pero sus despilfarros impactaron en su economía al grado de que tuvo que enfrentar una demanda por un adeudo ante la CFE de 220 mil pesos. Su vida familiar se convirtió en una locura. Por violencia intrafamiliar su esposa Catalina Ocaranza, a quien, de acuerdo a las versiones de sus amigos, compadres y funcionarios municipales, le daba una vida de infierno, decidió correrlo del domicilio conyugal ubicado en el fraccionamiento Playas del Sur.   

Durante tres años, en su primer periodo, el alcalde Guillermo –El Químico- Benítez engañó a la sociedad del puerto luciendo a Gabriela Peña Chico como su esposa, cuando en realidad sigue casado con Catalina, mujer ejemplar que no se dejó humillar. A Peña Chico la convirtió en presidenta del DIF-Municipal y la mantiene en el cargo porque ella, con la información que posee, pudiera encauzar un proceso de desafuero del alcalde.  

Mucho antes, “El Químico” Benítez había sostenido un acercamiento sentimental con la química Brenda Karina Castro Valencia, quien después, en el año 2011, lo demandó por una pensión por alimentos para sostener a la hija que procrearon. Las aventuras amorososas del ahora alcalde continúan. En la fiesta de su cumpleaños exhibió, agarrado de la mano de ella, a su nueva pareja sentimental, una joven funcionaria municipal. Los viajes “turísticos” del presidente no son para promover las riquezas naturales ni gastronómicas de la zona de Mazatlán, sino para llevar a pasear “a sus mujeres” y dilapidar los recursos públicos.    

Durante sus primeros tres años de gobierno, “El Químico” Benítez impuso un modelo de gobierno municipal absolutista, corrupto, represor, perverso y dictatorial. Durante sus primeros 7 meses, el vértigo del poder lo enloqueció. Decidió no gobernar con Morena y abrió un frente de ataques contra amigos y enemigos, logrando desmantelar el enjundioso y leal equipo que lo respaldó en su candidatura en el 2018 e incorporó a su gabinete a una mediocre mezcla de panistas-feltonistas-higueristas que tienen registros en la Auditoría Superior del Estado, Comisión de Fiscalización del Congreso del Estado, Tribunal de lo Contencioso Administrativo e instancias judiciales. 

En menos de tres años “El Químico” Benítez, con su peculiar estilo de mentir y traicionar, acomodó a sus familiares en el ayuntamiento mazatleco. Ahora, en sus primeros casi tres meses de su segundo ejercicio político-administrativo, la conducta del alcalde ha empeorado rayando en la locura, atrapado por el desmedido afán de acumular riqueza. Ya no se acuerda de “su pueblo” porque gobierna para un reducido número de millonarios hoteleros y restauranteros. Las familias de Mazatlán viven acosadas por la inseguridad y flageladas en su salud por el suministro de agua impura para el consumo doméstico y comercial y por las pestilentes aguas negras que afloran por todas partes. 

El munícipe gobierna de mano de los hermanos Juan José y Erik Arellano Hernández, del Grupo Arhe, con quien cuajó el saqueo de 141 millones 802 mil pesos y cocina otros negocios con dinero público, orientado y protegido por el secretario particular del gobernador Rubén Rocha Moya, “EL Diablo” Alejandro Higuera Osuna. 

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