Trump y EU, factores de la elección mexicana

Carlos Ramírez

Desde que se inició el proceso de sucesión presidencial en Morena en junio de 2021 y hasta la fase actual de definición de las candidaturas presidenciales, el principal factor político en la elección mexicana no ha aparecido en el discurso ni el escenario de los tres candidatos locales: Donald Trump y la agenda de seguridad nacional de la Casa Blanca con la victoria indiscutible en las primarias de Iowa y New Hampshire.

El contexto para México es muy delicado. A pesar del interés del presidente López Obrador por priorizar la agenda nacional, los cuatro temas de interés estratégico de Washington dominarán por encima de los planteamientos de los candidatos presidenciales mexicanos, pero hasta ahora ninguno de los tres mexicanos ha tomado en serio el factor americano, a sabiendas de que todos sus beneficios políticos dependen de la estrategia de la Casa Blanca.

Migración, narcotráfico, Tratado de Comercio Libre y geopolítica son los cuatro temas que dominan el ambiente político del inicio del proceso electoral estadounidense en los cuartos de guerra de ambos partidos mexicanos. Los demócratas –con Biden o cualquier otro candidato– están perdiendo el debate político migratorio frente a la retórica racista de los demócratas encabezados por Trump, el gobernador texano Greg Abbott –que ya declinó a favor del expresidente– y la posición privilegiada de segundo sitio que logró en el caucus de Iowa el gobernador de Florida, Ron DeSantis, aunque haya declinado a favor de expresidente.

En materia de narcotráfico, el presidente Biden está apretándole las tuercas a Palacio Nacional para imponer los criterios de persecución en México de los cárteles del crimen organizado dedicados al tráfico de estupefacientes y en los hechos ha logrado subordinar la estrategia mexicana a los intereses de la Casa Blanca. Como amenaza más retórica electorera que real, los republicanos siguen insistiendo en el envío de tropas estadounidense a México para perseguir a los cárteles mexicanos.

Como presidente, Trump replanteó en 2016 buena parte del tratado comercial e impuso criterios de dominio económico de Estados Unidos que afectaron algunos sectores mexicanos, pero en estos diez años México no ha sabido ni parece haberle interesado al gobierno de López Obrador un replanteamiento del proyecto de producción industrial para mayor competitividad en el mercado norteamericano y nada ha invertido –porque los fondos presupuestales van a obras de interés de su legado personal– en educación, tecnología y reconversión industrial.

A partir de su propia fuerza personal, el presidente López Obrador se ha salido de los espacios geopolíticos que le interesan en Estados Unidos y que también deben de interesarle a México, regresando a un aislacionismo cómodo que al final de cuentas le va a representar un mayor costo político porque Washington es experto en imponer enfoques de alianzas bélicas cuando su propia existencia se ve amenazada. México perdió su liderazgo internacional y sobre todo latinoamericano y dejó pasar la oportunidad para reconstruir una comunidad regional sin Estados Unidos en temas de las agendas prioritarias.

Ninguno de los tres virtuales candidatos mexicanos a la presidencia –Claudia Sheinbaum Pardo como candidata oficial, Xóchitl Gálvez Ruiz de la oposición partidista y el diputado Jorge Alvarez Máynez desde el reducido espacio regio de Movimiento Ciudadano– ha intentado siquiera alguna declaración sobre el contexto estadounidense en las elecciones mexicanas y menos aún han definido una línea estratégica de política exterior en caso de ganar las elecciones.

Lo más grave del asunto radica en el hecho de que pudiera considerarse que esa falta de percepción geopolítica del México electoral pudiera ser parte de una estrategia de posicionamiento interno, porque en realidad lo que se percibe es una falta de pensamiento geopolítico de quienes aspiran a tener la titularidad del Estado mexicano. Es decir, que la desidia en materia geopolítica no es parte de una estrategia de campaña, sino en realidad representa una gravísima deficiencia en la comprensión de que la Jefatura del Estado mexicano es, en sí misma, el asunto más importante de seguridad nacional de la República.

Como se está planteando el escenario político de la elección estadounidense con la consolidación de Trump y sus intereses de dominación, México será prioritario en la agenda de los candidatos demócrata y republicano y determinará el rumbo de la campaña presidencial mexicana, mientras aquí prevalece el municipalismo geopolítico.

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