Ebrard, factor de división a donde quiera irse para 2024

 Carlos Ramírez

El perfil político personal de Marcelo Ebrard Casaubón se ha convertido en el principal lastre para acomodarse o acomodarlo en los espacios partidistas con miras a 2024. Su actitud individualista no le garantiza ningún espacio para articulación de alianzas, porque anda buscando sólo la candidatura presidencial para 2024 con quien quiera aliarse con él o entregarle espacios partidistas.

La posible salida de Ebrard de Morena estaría determinada por la negativa del partido a rehacer todo el proceso de elección de candidatos, cuando, inclusive, el propio presidente de la República ya entregó el bastón de mando a su sucesora Claudia Sheinbaum Pardo.

El problema de Ebrard también radica en sus actitudes personales: encabeza un grupo político que ha ido recogiendo figuras de todas las agrupaciones políticas a las que ha pertenecido y está exigiendo que la candidatura presidencial que pudieran ofrecerle fuera de Morena incluya posiciones clave y de primer nivel para sus colaboradores, rompiendo de modo natural con los precarios equilibrios partidistas que existen en las organizaciones que quisieran tenerlo como candidato.

Las opciones de Ebrard, cerrada cualquier posibilidad en Morena, no son muchas ni claras: Movimiento Ciudadano está configurado por militantes de otras organizaciones y partidos y en sí mismo no es un partido político formal sino un movimiento personal de las estrategias de Dante Delgado Rannauro; en el Frente Amplio por México, sobre todo por el PRI y por el PAN, no tendría posibilidad de alguna de candidatura porque en ambos organizaciones partidistas ha dejado Ebrard una larga cauda de resentimientos, además de que no se ve que la precandidata Xóchitl Gálvez Ruiz vaya a entregarle de manera sumisa una posición que le ha costado mucho mantener, con el circunstancia agravante de que la estructura organizativa de poderes dentro del FAM cada vez se reduce  la cohesión sólida y está sostenida con alfileres por la larga cauda de intereses políticos, partidistas e individuales de los promotores de la coalición.

La única posibilidad de Ebrard para encauzar un verdadero movimiento político estaría en la fundación de un nuevo partido, pero en un ambiente político que difícilmente podría considerar Ebrard como un líder con arrastre personal o con estructuras sociales y políticas necesarias. El fracaso de Manuel Camacho y Ebrard en el 2000 con el Partido del Centro Democrático –idea genial de Camacho– radicó en la inexperiencia de ambos para construir un partido y en la expectativa frustrada de que algunas otras organizaciones se sumarán en automático al proyecto aportando las pocas estructuras vigentes.

Desde Movimiento Ciudadano, en caso de imponer su candidatura por encima de los grupos de poder y figuras que serían desplazadas del reparto de posiciones legislativas, Ebrard sólo competiría contra el Frente Amplio y no se percibe un liderazgo que pudiera arrastrarle legiones de morenistas y lopezobradoristas que ya están muy perfilados con la precandidatura de Sheinbaum Pardo, además de que Ebrard carece de fuerza personal y no se decide a confrontarse contra el liderazgo del presidente López Obrador en Morena y en los sectores sociales beneficiados de los programas asistencialistas del Gobierno federal.

De enquistarse como candidato presidencial de MC, Ebrard vería venir en contra una alianza circunstancial entre Morena y el FAM, porque no existen las simpatías en el Frente Amplio como para crear un bloque de poder Ebrard-Xóchitl y entre los dos confrontar a Sheinbaum como candidata de López Obrador.

El problema real de Ebrard no es de discurso, ni de estrategia, ni de carisma, ni de habilidad política sobre la coyuntura, sino de perfil y de carácter con poca capacidad para convertirse en un verdadero líder político y por sus comportamientos individuales que suelen desdeñar a otras figuras políticas. En estas semanas de confrontación contra el proceso de Morena para sacar la candidatura presidencial, Ebrard ha ido radicalizando su estilo individualista de ejercicio del poder y de modo natural ha ido cerrando cualquier tipo de alianza política con agrupaciones y personalidades que le estarían exigiendo un poquito más de modestia personal.

Y en Movimiento Ciudadano ya se percataron que Ebrard quiere tomar por asalto al partido y no incorporarse como una fuerza política con posibilidades de alianza.

El contenido de esta columna es responsabilidad exclusiva del columnista y no del periódico que la publica.

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