Calderón al rescate del PAN

“No se trata de ningún acto de sinceridad ni de contrición, sino parte de una operación política”.

Álvaro Delgado Gómez

Roberto Gil Zuarth, autor del más zalamero de los discursos sobre Felipe Calderón —“Dios ha tenido el cuidado, la generosidad, de prestarnos al mejor presidente de México… Yo quiero algún día ser como usted”—, acaba de reivindicar la guerra sucia y el fraude electoral contra Andrés Manuel López Obrador, en 2006, que durante dos décadas han negado los perpetradores y sus cómplices, pero no se trata de ningún acto de sinceridad ni de contrición, sino parte de una operación política para que este grupo y su jefe retomen el control ideológico y estructural de la piltrafa que desde entonces es el Partido Acción Nacional (PAN).

El viernes de la semana pasada, a las 7 de la noche con 21 minutos, Gil Zuarth retrocedió en el tiempo y se ufanó, con cinismo, del inicio de la guerra sucia contra López Obrador, con el primero de muchos promocionales que intoxicó la elección y cuyos efectos sociales nocivos prevalecen: “Un día como hoy, 13 de marzo, a esta misma hora y hace exactamente 20 años, se trasmitió en televisión nacional el primer spot en el que alertamos que López Obrador era un peligro para México. Y vaya que se cumplió la profecía”.

Este spot, y los que siguieron de la misma factura, cerraba con la frase de “López Obrador, un peligro para México”, que fue parte de la estrategia de miedo creada por el consultor estadounidense Dick Morris y aterrizado por el español Antonio Sola Reche, a lo que siguió una amplia confabulación de los principales medios de comunicación encabezados por Televisa, las cúpulas del sector privado lideradas por el Consejo Coordinador Empresarial (CCE), los gobernadores priistas que por influencia de Enrique Peña Nieto abandonaron al candidato Roberto Madrazo y que el día de la jornada electoral todos operaron, junto con los gobiernos estales panistas y la estructura del sindicato de maestros encabezado por Elba Esther Gordillo, a favor de Calderón, adulterando de múltiples maneras, incluida la abierta intervención de Vicente Fox, la voluntad popular, siempre con el aval del Instituto Federal Electoral (IFE) presidido por Luis Carlos Ugalde e integrado por consejeros sólo del PRIAN.

El triunfo oficial de Calderón sobre López Obrador por sólo 243 mil 934 votos, equivalente al 0.58%, marcó al país no sólo por el fraude en el que intervinieron los factores de poder que luego actuaron también con Peña Nieto, incluyendo las élites académicas e intelectuales para tratar de legitimar las prácticas de adulteración de la voluntad popular, sino por la violencia que se detonó con la guerra declarada y las complicidades del narcotraficante Genaro García Luna. Casi todos los que se dijeron ganadores en la elección de hace 20 años fueron echados del poder por el voto popular en 2018 y luego en 2024, pero ahora se están reagrupando, con Calderón al frente, por lo menos para tomar el control del PAN.

Por eso la cínica reivindicación de la guerra sucia por parte de Gil Zuarth no es fortuita, sino un plan para, por una parte, perfilarse él mismo como diputado plurinominal del PAN en las elecciones de 2027 y desde ahora ubicarse como el coordinador parlamentario. En 2006, fue ayudante de Germán Martínez Cázares en el IFE y, tras el fraude, su secretario particular en la Secretaría de la Función Pública. Luego ocuparía ese mismo cargo con Calderón en la presidencia que usurpó, quien, en 2012, lo envió como coordinador de campaña de la candidata panista Josefina Vázquez Mota sólo para sabotearla, porque el apoyo del grupo felipista fue abiertamente en favor de Peña Nieto.

Zalamero también de Carlos Salinas de Gortari, abogado del fugitivo Francisco Javier García Cabeza de Vaca y hasta aspirante a ingresar a Morena, como lo hizo por un tiempo Martínez Cázares, Gil Zuarth ha sido siempre un gestor de intereses parciales, en el concepto de Efraín González Morfín, y ahora es la punta de lanza para que Calderón y los suyos regresen al PAN, aun cuando éste considere a Jorge Romero Herrera, jefe del Cártel Inmobiliario, un corruptazo. Después de renunciar al PAN en 2018, porque Ricardo Anaya le ganó la candidatura presidencial a Margarita Zavala, su esposa, el espurio expresidente regresó a la sede de ese partido, el 18 de octubre del año pasado, y se sentó al lado del actual dirigente panista.

En esa ocasión, Zavala balbuceó que Romero Herrera negocia con su marido para que regrese al PAN —“Bueno, eso, están… ahí hablando”—, lo que ahora está en curso de concretarse, por lo menos por la vía de los allegados a Calderón, como Javier Lozano Alarcón, Maximiliano Cortázar y el propio García Cabeza de Vaca, quienes se perfilan para ser diputados federales plurinominales.

A cinco meses del relanzamiento del PAN, todo ha sido un fracaso, incluyendo las afiliaciones de nuevos militantes, sobre todo jóvenes que serían atraídos con la rifa de teléfonos inteligentes IPhone: Mientras que las asociaciones que quieren ser nuevos partidos políticos afiliaron a más de 250 mil personas cada uno, el PAN sólo logró atraer a 6 mil 325 mexicanos. Es decir, a mil 265 cada mes. El 18 de octubre, el Registro Nacional de Militantes (RNM) sumaba 318 mil 799 y, al lunes 16 de marzo, eran 325 mil 124. Ridículo para un principal partido de oposición en México. Ni se reafilió ni Fox.

Precisamente por este fracaso, Romero Herrera difundió que este sábado 21 hará un “anuncio clave” en el PAN, para iniciar una nueva etapa de renovación política y organizativa, “basada en sus principios históricos de defensa de México, la patria, la familia y la libertad”.

Justo ahora que Felipe Calderón y los suyos vienen al rescate del PAN, aunque son los mismos que lo hundieron con el fraude electoral y la guerra de hace dos décadas. Una chulada.

Por cierto, el discurso más zalamero que se recuerde de un secretario particular a su jefe, lo pronunció Gil Zuarth ante Calderón el 15 de diciembre de 2011, cuando dejó ese cargo para ser senador y trabajar para Peña Nieto. Ahí dijo que quería “algún día ser como usted, señor Presidente”, y reptó aún más:

“Suelo pensar que si una fuerza superior, la mano invisible del destino o Dios, ha puesto a prueba el carácter de esta nación, incluso hasta desafiar las leyes de la probabilidad, esa fuerza, ese destino o Dios, ha tenido el cuidado, la generosidad de prestarnos al mejor presidente de México”.

No se ría.

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