¿Volverá a votar Culiacán por los candidatos de Morena?

Álvaro Aragón Ayala 

Los tanques pensantes del Tercer Piso no valoran todavía en su exacta dimensión el Impacto Político Electoral 2024 que generará el pleito crónico que libran Jesús Estrada Ferreiro y el diputado Feliciano Castro Meléndrez, al que se agregó el secretario general de Gobierno, Enrique Inzunza Cázarez, y que derivó en la caída del alcalde de Culiacán acosado por la instrumentación de manifestaciones orientadas por legisladores y por demandas de juicio político y de carácter penal. 

La clase política geriátrica de Morena y la que adoptó el nombre del “revelo generacional”, familiares de los septuagenarios u octogenarios funcionarios estatales, carecen de un diagnóstico político-electoral real, debidamente consultado en torno a la aprobación o rechazo social del desafuero y la inhabilitación para ocupar un cargo público por 6 años de Estrada Ferreiro; tampoco poseen la radiografía del impacto positivo o negativo que provocará en los comicios del 2024 la destitución del presidente municipal, electo en dos ocasiones por el voto directo en las urnas. 

El arribo al Poder Municipal por la vía de la decisión cupular del novato Juan de Dios Gámez, adornado con las charangas provenientes del Congreso Local y del Tercer Piso del gobierno estatal y aplaudidas por la porra periodística, obnubiló los sentidos y acotó el análisis impidiendo el acceso a dos interrogantes importantes: ¿Volverá a votar la ciudadanía de Culiacán en el 2024 por los candidatos de Morena? ¿Cuál es el verdadero sentimiento que albergan los ciudadanos de a pie por la destitución del presidente municipal? 

Visto desde la esfera pública o del Poder, es probable y posible que en realidad se piense que la ciudadanía devora y digiere todo lo publicado en torno a Estrada Ferreiro al que calificaría, por tantos golpes recibidos, como el demonio encarnado que había que extirpar para “rescatar” a Culiacán y limpiar a Morena de los actos que los encumbrados opositores estradistas califican de indeseables o judicializables. Sí, esa puede ser –o es, de hecho- la percepción de quienes se mueven en el Congreso Local y en el Tercer Piso del Gobierno Estatal.       

Abajo, en tierra, donde están los votos, debido al entramado de acciones realizadas en modo de bloque político, permea la percepción de que a Estrada Ferreiro “le hicieron montón” para poder destituirlo y se generaliza la impresión de que es víctima de la instrumentalización de la justicia con fines políticos. La sensación de que el ex alcalde fue “sacrificado” para despejar el camino a la candidatura al Senado de la República a Feliciano Castro Meléndez y/o de Enrique Inzunza tomó fuerza con la petición que hizo el Congreso Local al Supremo Tribunal de Justicia para que lo inhabilite política, electoral y administrativamente por 6 años. En esas condiciones Estrada queda fuera de la jugada 2024 y 2027. 

Hay dos versiones entonces sobre el “Caso Estrada”, una, la que pregona el diputado Feliciano Castro, direccionada a sembrar el concepto de que sobre el ex alcalde cayó todo el peso de la justicia, y otra, la que se difunde en las calles, en los hogares, en los restaurantes, en los cafés, que precisa, dada la torpeza y brusquedad política y jurídica con la que se actuó contra Estrada Ferreiro, de que es víctima de una venganza política o de una conspiración de una tribu de diputados y funcionarios estatales que lo ven como un rival de cuidado rumbo al proceso electoral del 2024.  

El meollo del asunto radica en las secuelas políticas-electorales que generará este enfrentamiento rumbo a las elecciones de relevos de alcaldes, diputados locales y federales y de Senadores de la República ya que el enfrentamiento se da, se sigue dando y llegará con los rostros de demandas penales y amparos hasta el 2024, en pleno corazón de Morena, con litigios en los que aparecen como instrumentos de Poder, de un solo lado, los diputados del Congreso Local que operan el “caso Estrada” como si se tratara de dirimir un lío mafioso, en secreto, y la Fiscalía General de Justicia, y un poder más, el Tribunal Superior de Justicia de Sinaloa. 

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