Feliciano Castro se quiere comer solo el pastel 

Álvaro Aragón Ayala 

En un tris, imbuido por sus proyectos personales, Feliciano Castro Meléndrez, presidente de la Junta de Coordinación Política tergiversó y contaminó la función y esencia del Congreso Local convirtiéndolo en una especie de “garrote legislativo”, acaparando los reflectores, opacando y aplastando a todos los diputados de Morena al crear una personalísima plataforma política rumbo al 2024.   

En el escaparate de lo que están por venir, en el Poder Legislativo, 19 diputados de Morena, más tres incorporados a la fracción parlamentaria guinda por la vía de la traición al PAS, no sobresalen en ninguna jugada política presente ni futura, pues son los subordinados del amo de la JuCoPo, quien agregó a su feudo otros 6 de los 8 diputados del PRI que “trabajan” para Morena. Castro Meléndrez acopió el control y convirtió en un instrumento de proyección personalizada el ejercicio legislativo. 

El presidente de la JuCoPO cerró las puertas a los planes futuristas de la totalidad de los diputados de Morena, los 3 traidores del PAS y 6 más del PRI al concentrar la operación política y las luminarias únicamente en su persona con el propósito de hacer crecer su proyecto. En el lance solo figura él y otro personaje externo: la titular de la Secretaría de Educación Pública y Cultura, Graciela Domínguez Nava.  

Con sus operaciones políticas personalísimas en las cuales usa a los legisladores morenistas únicamente como tontos útiles o “armas de ataque”, Feliciano Castro pretende concretizar su sueño: convertirse en candidato de Morena al Senado de la República y colocar en la presidencia municipal de Culiacán a Domínguez Nava. El plan es: en el 2024 el Senado y el 2017 la gubernatura. 

Feliciano Castro y Graciela Domínguez tienen sus raíces en el PRD y se mutaron a Morena al ver la coyuntura para aterrizar sus proyectos particulares. Por el sunami lopezobradorista del 2018 con efectos electorales en el 2021 se convirtieron en los “dueños” del Congreso Local. Graciela operó en la LXIII Legislatura, del 2018 al 2021, solo su proyecto y el de Feliciano; Feliciano proyecta su ascenso y el de Graciela dominando la LIV Legislatura, del 2021 al 2024.  

El Poder Legislativo es uno de los órganos constitucionales del Estado que ostentan representación popular y es el generador de las normas con rango de ley y debe ser el fiscalizador y controlador de la acción del gobierno. Es una asamblea de estructura colegiada con una base jerárquica policéntrica e igualitaria, en cuyo juego democrático es tradicional o natural que se abran las puertas de futuros proyectos políticos.  

Pero en el Congreso Local, por el lado de Morena y sus aliados del PRI, no hay iguales sino subordinados de Feliciano Castro. Concentrado en su proyecto personalísimo clausuró el acceso al “futuro prometido” al resto de sus “colaboradores parlamentarios”, buscando únicamente amarrar lo suyo, sin importarle los planes de cada uno de los legisladores guindas. Los diputados de Morena pueden pagar los costos políticos de los enfrentamientos generados por el presidente de la JuCoPO para dar rienda suelta a sus ambiciones.   

El diputado Feliciano Castro se quiere comer solo el pastel repartiendo golpes a diestra y siniestra. Ya, porque lleva prisa, con un falso certificado de demócrata y plural, arma jugadas perversas de norte a sur y de oriente y poniente confiando en que controla a los diputados locales de Morena, a los 3 traidores del PAS y a 6 del PRI, y que lo ayudarán a despejar el terreno rumbo al 2024.  Tiene proyectado «desaparecer» de la competencia a cuando menos 6 personajes políticos de alto calado.   

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