Claves para exhibir a los opositores de la Reforma Eléctrica

Martín Esparza

Si los legisladores de los partidos que se oponen a la aprobación de la Reforma Eléctrica insisten en defender a ultranza los intereses del capital nacional y extranjero, bajo el argumento de actuar en bien de los intereses de la nación, deberían echarle un vistazo al libelo del expresidente Felipe Calderón Hinojosa, titulado: Decisiones Difíciles.

En su capítulo 8, “Luz y Fuerza”, los priístas y panistas, así como sus partidos satélites encontrarán la esencia neoliberal y antipatriótica que movió los hilos de la política energética del narcopresidente, empecinado en manejar como empresas privadas a Petróleos Mexicanos (Pemex), Comisión Federal de Electricidad (CFE) y la extinta Luz y Fuerza del Centro (LFC).

Un análisis acucioso de lo escrito por el ex mandatario permite conocer a detalle su talante antilaboral y antinacionalista que llevó a su gobierno a desaparecer una empresa pública y dejar sin empleo a 44 mil trabajadores. En uno de sus argumentos donde justifica su enfermiza obsesión por agredir al Sindicato Mexicano de Electricistas (SME), desde que era secretario de Energía con Vicente Fox, refiere: “Entendí una cosa que puede aplicar en general a las empresas propiedad del Estado: no existen incentivos claros para los servidores públicos para defender el patrimonio de los mexicanos, prácticamente a ningún nivel”.

¿Qué entendía este dipsómano que mandó a construir un búnker en Los Pinos para resguardarse de sus propias inseguridades, sobre la defensa del patrimonio de los mexicanos?

Según su versión, se debía defender a las empresas públicas como si se tratara de empresas privadas, lo que implicaba negar aumentos y conquistas sindicales a los trabajadores. En su mediocridad tecnocrática, Calderón veía como un “saqueo” a la nación el que los electricistas del SME tuvieran uno de los más justos Contratos Colectivos de Trabajo del país, el cual calificó de oneroso cuando emitió su autoritario Decreto de Extinción del 11 de octubre del 2009.

El expresidente no explica en su libro el porqué buscó desde su llegada a la presidencia atacar al Sindicato Mexicano de Electricistas por su contrato, pero no así al de otros sindicatos como el Sindicato Único de Trabajadores Electricistas de la República Mexicana (SUTERM) con la CFE y del sindicato petrolero con Pemex, incluso más onerosos, pero que no alzaron la voz y alertaron del atentado a nuestra soberanía energética con su reforma en el Congreso que abrió la inversión a Pemex y pretendía encauzar en la misma ruta a la CFE.

Calderón quería quitar de en medio al SME porque, como sindicato independiente y desde el gobierno de Ernesto Zedillo, denunció y se opuso a la estrategia neoliberal que tenía como principal objetivo modificar la Constitución para iniciar el desmantelamiento y privatización del sector energético en su conjunto.

Él mismo acepta que una de las artífices de su Reforma Energética fue su entonces secretaria de Energía, Georgina Kessel, cuya iniciativa al final no pudo alcanzar en el Congreso los consensos para realizar los cambios constitucionales que planteaba en su contenido.

Como todo el país sabe, al final de su mandato tanto Calderón como Kessel fueron acomodados por la trasnacional Iberdrola en cargos ejecutivos en una de sus filiales, cobrando sus abultados salarios en euros. Y no precisamente por sus capacidades intelectuales sino por haberle entregado a esta empresa y otras muchas trasnacionales, permisos de generación de Energía Eléctrica, comprometiéndose además, vía la CFE, a comprarle su electricidad de forma obligada y con contratos de más de 20 años.

En su panfleto, el narcopresidente que dejó al país sumido en un baño de sangre, no tiene empacho en ir enumerando todos y cada uno de sus intentos de desaparecer a Luz y Fuerza del Centro, tomando como excusa la situación de constante pugna de su gobierno con el SME.

En el marco de la negociación colectiva del 2008, llegó a amenazar a los electricistas en el sentido que de no haber acuerdo y estallar la huelga, “se iba a liquidar la empresa”. El dinamitero de Luz y Fuerza del Centro, confiesa de manera cínica: “…ese 16 de marzo del 2008, ordené la publicación de un decreto en el cual se declaraba la ocupación inmediata total y temporal de todos los bienes y derechos de Luz y Fuerza del Centro”.

Como él mismo acepta, los trabajadores defendieron sus centros de trabajo y en la liquidación de la empresa debió meter reversa a pesar de que le apoyaban los Directores de la CFE, Alfredo Elías Ayub que a lo largo de muchos años en que estuvo al frente de la entonces paraestatal, constituyó lo que considerado como El Cártel de la Electricidad; y el entonces titular de Luz y Fuerza del Centro, Jorge Gutiérrez Vera que, como muchos directores, se jubiló con pensiones millonarias.

Un elemento que habla por sí solo de la vocación represiva del narcopresidente es el hecho de que acepta que con la llegada de Genaro García Luna a la Secretaría de Seguridad Pública federal, tenía en el corrupto policía, ahora procesado en las cortes de Estados Unidos por haber brindado protección a capos de la droga, entre otros cargos, un aliado fiel a sus torcidas intenciones.

Como él mismo acepta, Calderón no creo la nueva dependencia con el propósito de combatir la delincuencia en el país sino de utilizarla como su brazo receptor contra quienes se opusieran a su política energética.

Llama poderosamente la atención que, en el capítulo dedicado de forma íntegra a justificar su agresión al SME y la desaparición de Luz y Fuerza del Centro, no hable en lo absoluto de los multimillonarios contratos firmados a favor de las trasnacionales por su gobierno.

Calderón señala en su bodrio editorial que, para 2009, Luz y Fuerza y el Contrato del SME requerirían de una inyección de 55 mil millones de pesos, pero nada dice de los más de 200 mil millones de pesos que su gobierno pagó ése año a las trasnacionales por la compra de su energía y que realmente ni los mexicanos ni el país necesitaban, según estableció el informe de la Auditoría Superior de la Federación.

Tampoco cita los 772 permisos de generación de energía que además de garantizarles ganancias seguras a las empresas extranjeras, terminaron por desfondar los propios niveles de generación de la CFE, la empresa a la que su gobierno le endilgó el slogan: “Empresa de Clase Mundial”.

Con la complicidad de los gobernadores del centro del país y aprovechando la celebración del partido de México contra el Salvador, en que el seleccionado nacional se jugaba su pase al Mundial de Sudáfrica, se colocaron pantallas espectaculares en sitios públicos, para montar el distractor perfecto a la extinción de Luz y Fuerza del 11 de octubre del 2009, para que horas más tarde en un operativo organizado por García Luna más de 30 mil elementos tomaran por asaltos los centros de trabajo y lanzaran a la calle a 44 mil electricistas.

Pero en todo el entramado participaron otros funcionarios como el entonces director del Centro de Investigación y Seguridad Nacional (Cisen), que advirtió de los riesgos que un desalojo sin mediar aviso alguno, lo que generaría una reacción social sin precedentes. (Continuará).

Con información de Contralínea

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