La obsesión de Lenia Batres (y de toda su familia)

Martí, Lenia y Valentina han sabido colocar a parejas, hijos y sobrinos en distintas áreas del gobierno, tanto federal como de la CDMX, para utilizarlos como alfiles en su lucha por hacerse del poder.
Lourdes Mendoza
Lenia ha sido, por decir lo menos, la piedra de la SCJN. Ha logrado lo impensable, unir a los ocho ministros en su contra.
No solo no tiene los conocimientos ni la preparación, tampoco tiene la inteligencia emocional necesaria para un cargo así. Su ignorante soberbia la exhibe y corre más rápido que sus argumentos. Sus proyectos y discursos contra la iniciativa privada han unido a propios y extraños, nadie en la historia de la Corte había puesto tanto en peligro la inversión en México.
Inhale y exhale
La defensa a los intereses de su hermano Martí Batres ha puesto en jaque al país.
No sorprende, ellos, los Batres, han demostrado una y otra vez que antes que cualquier movimiento, partido o proyecto político está el apellido. Incluso operaron en contra de los acordeones del bienestar de la presidenta, una indisciplina de la que pocos hablan, pero que TODOS conocen dentro del movimiento.
¿Qué podría esperarse de una activista juvenil subversiva?
Alguien que lleva el nombre –en femenino– del camarada Lenin y, por su temperamento y su trayectoria de golpeadora, una experta en perseguir empresarios, fastidiar negocios prósperos a través de medidas de autoridad, desde que empezaba en los cargos que ha tenido en la Ciudad de México.
Fiel a su costumbre de pelearse con sus pares, lo de Lenia nunca ha sido el trabajo en equipo.
Redoble de tambores
Baste recordar el antiquísimo pleito con Dolores Padierna, esposa del padrino político de Martí, René Bejarano, quien incluso tuvo que correrla con seguridad de su oficina en la antigua delegación Cuauhtémoc, y los constantes enfrentamientos con Estela Ríos, hoy homóloga, en la Consejería Jurídica federal.
La historia parece repetirse ahora en la Suprema Corte.
Hace apenas unos días, la ministra explotó en plena sesión pública por una cuestión que tendría que haberse mantenido en sesión privada. La ministra Batres quiere suprimir los seguros de gastos médicos del funcionariado del Poder Judicial, aun y cuando con la reforma se prometió respetar los derechos laborales.
Perdió y al otro día volvió a perder. Al ser rechazado uno de sus infructíferos proyectos, aprovechó la ocasión para transformar un pleito jurídico en uno personal, fiel a su costumbre porril, y embistió en contra de sus compañeros (los civilizados). Furiosa, la “ministra del pueblo” los acusó de ser vengativos por la posición que ella había sostenido en lo de los seguros y, rompiendo todos los protocolos de formalidad, anunció que –por ello– habría enviado al Órgano de Administración Judicial un oficio en el que los acusaba de traicionar los compromisos fijados por el líder fundador de ese su movimiento.
Para Lenia Batres, la Corte parece ser una extensión de la militancia
No se trata de un episodio aislado. Es un patrón de comportamiento de un personaje perteneciente a una familia educada en la lógica del porro, que no hace más que lo que sabe hacer: pelearse, golpear, destruir, incluso contra los propios.
Los Batres no ven colores, dicen defender un movimiento, pero la historia demuestra que solo luchan por su apellido.
Para entenderlo hay que remontarse al origen de la familia.
Su padre, Cuauhtémoc Batres Palacios, es quien inculcó en la familia el pensamiento de izquierda radical. Conocido por su pertenencia al magisterio y como líder de la CNTE, durante años trabajó para forjar relaciones que le permitieran hacer de su apellido un clan familiar.
Destaca la amistad entrañable que el patriarca Batres forjó con el también líder magisterial René Bejarano, sí, El señor de las ligas, aquel personaje que quedó inmortalizado recibiendo fajos de dinero en efectivo.
Bejarano no solo compartió con los Batres las trincheras de la izquierda: terminó convirtiéndose en padrino político de Martí, al grado de que éste fue conocido como su “hijo político”.
Y aquí surge una pregunta incómoda: ¿qué aprendió Martí de su mentor? Porque si algo caracteriza a esta vieja escuela política es su capacidad para sobrevivir, operar en las sombras y convertir la movilización callejera en instrumento de presión política.
De lo que sí hay seguridad es que la traición está en su sangre. En 2004, durante la época de los escándalos, Martí dio la espalda a su padrino. Conjuntó a las bases fuertes del movimiento Bejarano-Padierna, conocido como Izquierda Democrática Nacional, para dar la espalda a su líder y escindirse en un nuevo movimiento surgido desde el resentimiento y la traición: Izquierda Social.
Martí encontró en el escándalo una oportunidad para subir la escalera política pisoteando a quien le enseñó todo.
No es menor el señalamiento que corre insistentemente en los círculos políticos: que Martí Batres habría financiado los intentos de desestabilización de la CNTE, movilizaciones que incluso han llevado al límite la capacidad de respuesta de la presidenta Claudia Sheinbaum. ¿Es solo un rumor? ¿O existe detrás de esas movilizaciones una operación política mucho más sofisticada de lo que públicamente se reconoce? ¿Martí sigue financiando a la Coordinadora de su padre?
El clan Batres ha encontrado en el nepotismo un mecanismo de operación política quirúrgico para capturar el poder. Martí, Lenia y Valentina han sabido colocar a parejas, hijos y sobrinos en distintas áreas del gobierno, tanto federal como de la CDMX, para utilizarlos como alfiles en su lucha por hacerse del poder.
No estamos solamente ante tres hermanos que casualmente encontraron vocación por el servicio público.
Estamos ante un clan familiar de la política que durante décadas ha acumulado relaciones, posiciones, estructuras e influencia.
Cuauhtémoc sembró la ideología.
Martí construyó poder.
Valentina ocupó espacios.
Y Lenia llegó a dilapidar a la Suprema Corte.
Hoy su lucha está en búsqueda de su última conquista, capturar al Poder Judicial para hacer de éste una trinchera que vuelva intocable su apellido. Convertir a la Suprema Corte en la última trinchera del clan.
