Cómo y por qué las auditorías y la SEP atribuyen a la jubilación dinámica la crisis de la UAS

Alvaro Aragón Ayala

¿Cómo señalar a los jubilados como factor clave de la asfixia financiera de la Universidad Autónoma de Sinaloa (UAS) sin vulnerar su dignidad? La respuesta habita en la frialdad de los datos, los estudios actuariales de la Secretaría de Educación Pública (SEP) y las auditorías federales. Exacto: La realidad técnica precisa que el modelo de jubilación dinámica colapsó a la institución y, ante el abismo, la mayoría de la comunidad rosalina asumió con madurez y solidaridad la creación de un Fideicomiso Pro-Jubilación como balsa de supervivencia. En contraste, una minoría se zambutió en un desgarrador pleito, víctima de una estafa jurídica operada por despachos que lucran con la nostalgia de un privilegio insostenible.

EL DIAGNÓSTICO TÉCNICO

Es un hecho que la ciencia de la fiscalización contable desmantela cualquier narrativa de victimización. La UAS transitó por dos vías de diagnóstico que responden a estructuras normativas, no a caprichos políticos: la Auditoría Financiera (que evalúa el pasado) y el Estudio Actuarial (que proyecta el futuro). En tanto un sector de jubilados exige “auditorías forenses” esperando hallar desfalcos que justifiquen la quiebra, la Auditoría Superior de la Federación (ASF) y la SHCP han confirmado cero desviaciones. La Universidad maneja sus recursos conforme a la ley; el boquete financiero no deriva de la corrupción, sino del costo de una nómina extralegal que devora el presupuesto operativo.

La Auditoría Financiera opera bajo los estrictos marcos de la Norma de Información Financiera NIF D-3, la Norma Internacional de Contabilidad NIC 19 (Beneficios a los Empleados) y las directrices del CONAC (Consejo Nacional de Armonización Contable). Estas reglas obligan a registrar el pasivo laboral -la deuda del futuro- en el balance presente. Los dictámenes demuestran que la contabilidad de la UAS es real y que el gasto en jubilaciones asfixia la liquidez diaria. La auditoría no encuentra un robo; detecta un sistema que gasta más de lo que recibe para sostener un beneficio de retiro que rebasó cualquier variable económica.

EL FACTOR ACTUARIAL Y EL 2026

El Estudio Actuarial, regido por los Estándares de Práctica Actuarial (SNA No. 1), es el mapa matemático de supervivencia institucional. Utiliza modelos probabilísticos, tasas de interés, inflación y variables demográficas para determinar la viabilidad financiera a largo plazo. Sin embargo, el diagnóstico de la SEP sobre la UAS encendió las alertas rojas al evaluar el esquema de “Pago por Evento” (Pay-As-You-Go,aplicado a las instituciones donde las jubilaciones dinámicas se pagan directamente del gasto corriente. El estudio reveló dos realidades brutales: el tamaño monumental de la deuda oculta y que el año de la asfixia presupuestal sería el 2026/2027, fecha en que la curva de jubilados devoraría los recursos para la operación básica y la docencia. Así, al no existir un fideicomiso previo, las fórmulas obligaron a aplicar la “tasa de descuento” más castigada, colocando a la Casa Rosalina en quiebra técnica.

¿Qué es esta “tasa de descuento”? Es el porcentaje matemático utilizado para traer el dinero del futuro al valor presente con el cálculo de los compromisos pensionarios de los próximos años. Las normas internacionales y la NIF D-3 estipulan que, si una institución carece de un fondo de inversión propio que genere rendimientos reales, se debe aplicar la tasa más rigurosa basada en bonos gubernamentales a largo plazo. Debido a que no operaba un fideicomiso, las leyes contables inflaron el valor de la deuda en los papeles, decretando la asfixia de la UAS. Por ello, crear el Fideicomiso Pro-Jubilación no era opcional; era el único mecanismo técnico para corregir las fórmulas y reducir contablemente el pasivo laboral.

ANATOMÍA DE LA CRISIS ESTRUCTURAL

Este colapso estructural no se gestó en una década; se remonta a hace 30 o 40 años, cuando se diseñó la jubilación dinámica bajo condiciones demográficas y de esperanza de vida muy distintas a las actuales. En su creación existió una evidente corresponsabilidad del Estado que permitió el crecimiento de la “bola de nieve” con subsidios insuficientes. Hoy, el gobierno evade participar en el rescate y la Reingeniería Integral y Financiera exige la solidaridad de sus beneficiarios. Los jubilados de la UAS ya gozan de la pensión obligatoria del IMSS; la jubilación universitaria es una extra prestación pública. Sostener la duplicidad íntegra sin aportar un solo centavo condenaba a las nuevas generaciones de estudiantes al analfabetismo institucional.

Ante la certeza del colapso, la UAS planteó el Fideicomiso Pensionario, ruta aceptada por la mayoría mediante una cuota solidaria. Sin embargo, una minoría radical se atrincheró en el egoísmo gremial. Esa resistencia carece de futuro legal: la reforma al artículo 127 de la Constitución Federal y la jurisprudencia son tajantes al señalar que solo se respetarán las jubilaciones complementarias que se sustenten explícitamente en las aportaciones de los propios trabajadores. La ley no protege el privilegio, sino la corresponsabilidad que da vida al derecho.

EL CALLEJÓN SIN SALIDA JURÍDICA

En modo negativo, el grupo minoritario de jubilados buscó refugio en los juicios de amparo. No obstante, los Juzgados de Distrito y los Tribunales Colegiados de Circuito en Mazatlán y Los Mochis les han propinado reveses sistemáticos, validando la legalidad de los descuentos para el Fideicomiso. Desesperados, ahora apuestan por la vía laboral, atrapados por una estafa jurídica. Quienes manipulan este movimiento no buscan justicia, sino mantener un negocio redondo: agitar falsas expectativas para seguir cobrando cuotas por “asesorías” y trámites que la Suprema Corte de Justicia de la Nación ya sepultó anticipada y definitivamente.

El resultado de aferrarse a esta quimera es el colapso de su propia organización. La Asociación de Jubilados se consume en un canibalismo interno, donde las bases empiezan a despertar y a rechazar la manipulación política y económica de la que son objeto. En tanto que la gran mayoría camina con la institución hacia el rescate financiero, esta facción se disuelve en acusaciones cruzadas y asambleas rotas. La historia y las matemáticas son contundentes: el viejo modelo jubilatorio caducó, el Fideicomiso es la única balsa de salvamento, y la terquedad de unos cuantos es imposible que venza la fuerza de la ley.

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