México: el neogolpismo avisa
José Steinsleger / IV
Uno. No todo embajador de Estados Unidos es, o ha sido, agente de la CIA. Sin embargo, desde mucho antes de su constitución como nación, ambos cargos han respondido a una causa común: salvar a la humanidad invocando a la Divina Providencia, el Destino Manifiesto, la doctrina Monroe (o Donroe), y demiurgos empecinados en descubrir el algoritmo de la inmortalidad (Peter Thiel), o la semilla para sembrar vida en Marte (Elon Musk).
Dos. Y fíjese cuán consecuentes han sido. Por ejemplo, en los albores del capitalismo, un predicador puritano de Massachusetts, John Cotton (1585- 1632), dijo: “Ninguna nación tiene el derecho de expulsar a otra, sino es un por un designio especial del cielo como el que tuvieron los israelitas, a menos que los nativos obraran injustamente con ella. En este caso, tendrán derecho a librar, legalmente, una guerra con ellos y a someterlos” (1630).
Tres. De ahí, saltando siglos, la atinada percepción del heroico periodista Manuel Buendía en la conferencia comentada en la última entrega: “Es inevitable que exista una relación oficial entre la CIA y su correspondiente mexicana. Pero la CIA se mueve en dos pisos. Y lo que ocurre en un piso abierto a los funcionarios mexicanos, es lo menos interesante”.
Cuatro. Sólo que en aquella época (1982), la CIA tenía apenas dos pisos en la calle Melchor Ocampo, de Ciudad de México. En cambio hoy, gracias a los “israelitas” y la gobernadora de Chihuahua Maru Campos, cuenta con una hiperinteligente torre de 21 pisos financiada por Seguritech (empresa del mexicano/ israelí Ariel Zeev Picker Schatz), erigida en el centro de Ciudad Juárez a un costo de 250 millones de dólares.
Cinco. Así como tantos otros, el asesinato de Buendía nunca fue plenamente esclarecido. No problem. El gobierno culpó al “crimen organizado”, eufemismo que los medios corporativos emplean hasta la náusea, pero sirve para silenciar la complicidad entre agencias gubernamentales de seguridad, ultraderechas, conservadores, narcotraficantes y, last but not least, la silente actividad de la CIA.
Seis. Pocos meses después, un ingenuo agente de la DEA, Enrique Kiki Camarena, expuso a sus jefes la colaboraciòn del gobierno estadunidense con el hoy extinto Cártel de Guadalajara (CG), en la importación y trasiego de drogas duras de Colombia a Estados Unidos, vía México. Allí selló su suerte. En febrero de 1985, saliendo del consulado de Washington en Guadalajara, a plena luz del día, Camarena fue interceptado, secuestrado, y asesinado tras largas sesiones de tortura. Uno de los capos fundadores del CG, Rafael Caro Qintero, fue detenido en Costa Rica y, acusado del crimen, purgó 28 años de prisión.
Siete. La tiranía del espacio obliga a pegar otro salto en el tiempo. Tras el “haiga sido como haiga sido” de Felipe Calderón y el PAN (fraude electoral de 2006), México y Estados Unidos suscribieron un acuerdo bilateral de capacitación a las fuerzas de seguridad mexicanas para combatir el narcotráfico, el crimen organizado y el lavado de dinero, aportando equipo, tecnología (Iniciativa Mérida, 2008).
Ocho. Luego, cruce y venta ilegal de más de 2 mil armas de alto calibre hacia nuestro país, con el propósito de rastrearles y desmantelar las redes de cárteles. El operativo Rápido y Furioso (sic, consentido por altos funcionarios del Departamento de Justicia), terminó en desastre. Los muchachos de Sinaloa dieron con ellas, y soldados mexicanos siguieron muriendo.
Nueve. Del editorial “EU: ¿aliado o enemigo?”, La Jornada 5/10/2011): “Es difícil comprender el empeño del gobierno mexicano en mantener un pacto de colaboración en materia de combate a la delincuencia y seguridad, con un socio tan poco confiable como Washington”.
Diez. En agosto de 2013 un tribunal federal de Jalisco ordenó la libertad inmediata de Caro Quintero. El argumento leguleyo fue que debió ser juzgado en el fuero común, y no en el federal. Pero en octubre de aquel año, Phil Jordan y Héctor Berrellez (ex agentes de la CIA y la DEA), revelaron al semanario Proceso y la cadena Fox News, que el ejecutor de Kiki Camarena era Félix Ismael Rodríguez. O sea, el tristemente célebre agente cubanoestadunidense de la CIA, que posó en una foto junto al Che Guevara poco antes de ser asesinado por militares bolivianos (9 de octubre de 1967).
Once. En julio de 2022, Caro Quintero fue detenido nuevamente en Sinaloa por un tribunal federal, extraditado a Estados Unidos en febrero de 2025, y llevado la semana pasada a comparecer en un juzgado federal de Nueva York, con sede en el distrito de Brooklyn.
Doce. Del ex secretario de Estado Henry Kissinger: “ser enemigo de Estados Unidos es peligroso, pero ser su amigo es fatal”.
