El fin del monopolio del amoniaco: La planta de Topolobampo sepultará la especulación del agroquímico
Richard Lizárraga Peiro
El éxito o el fracaso del campo en el noroeste de México -el gran productor de granos es Sinaloa y Sonora- no depende únicamente del clima o del esfuerzo de los productores, sino de un factor mucho más oculto: el precio del amoniaco anhidro. Sometidos a un desabasto crónico nacional, a veces ficticio, del agroquimico y obligados a depender de importaciones transoceánicas, los agricultores son rehenes de un esquema de comercialización controlado por un puñado de intermediarios locales.
Sin embargo, el mapa geopolítico y económico del agro mexicano está a punto de dar su giro más radical. La consolidación de la megaplanta de Gas y Petroquímica de Occidente (GPO), filial del grupo suizo-alemán Proman en el puerto de Topolobampo, promete no solo garantizar la soberanía de fertilizantes, sino desmantelar el millonario negocio de la especulación y cambiar las reglas del juego en favor de quienes realmente sudan la tierra: los agricultores privados y los ejidatarios.
Históricamente, el mercado minorista de amoniaco en la región es firmemente controlado por consorcios y comercializadoras de corte familiar y privado. Nombres como Distribuidora de Amoniaco Nacional (DAN), Grupo Impulsora, SACSA y Fertilizantes Tepeyac se consolidaron como los intermediarios obligados de la cadena.
Bajo el modelo del “paquete tecnológico” —donde estas empresas financian al productor, vendiéndole la semilla y el fertilizante, para luego comprarle el grano al precio que les da la gana—, estas corporaciones fortificaron un monopolio de facto. Al no haber producción local suficiente, estas empresas compran barcos cerrados de amoniaco en el extranjero (a menudo proveniente de Rusia o Estados Unidos) a precios internacionales estables, pero lo almacenan y dosificaban a conveniencia.
El resultado es un patrón de alzas cíclicas y especulación salvaje. En las semanas críticas de fertilización de los valles del Fuerte, El Carrizo, Culiacán, el Yaqui o el Mayo, cuando el productor está desesperado por inyectar el gas a la tierra, el precio de la tonelada mágicamente es disparado de forma desproporcionada. Este esquema convirtió a los dueños de estas firmas en multimillonarios de la noche a la mañana, absorbiendo el margen de ganancia que legítimamente le corresponde al productor agrícola.
TOPOLOBAMPO: FRENO A LA ESPECULACIÓN
La puesta en marcha de la planta de GPO representa un misil directo al corazón de este esquema especulativo por tres razones fundamentales:
1. Eliminación del intermediarismo transoceánico. El amoniaco ya no tendrá que cruzar océanos, pagar fletes marítimos internacionales indexados en dólares ni absorber los sobrecostos de las terminales de almacenamiento portuario controladas por los mismos de siempre. Al producirse de manera local, el precio de origen se desvincula de las crisis geopolíticas de Europa del Este o Medio Oriente.
2. Adiós al desabasto inducido. La planta proyecta una producción masiva de 2 mil 200 toneladas métricas diarias. Esta cifra no solo cubre el 100 por ciento de la demanda de Sinaloa y Sonora, sino que genera un excedente. Al inundar el mercado local de forma constante y fluida, se elimina la capacidad de las distribuidoras privadas de “retener” o racionar el producto para inflar “artificialmente” los precios durante la temporada alta.
3. Estabilización de costos en pesos. Por primera vez, el insumo más caro para la producción de maíz y otros granos se negociará bajo una lógica regional y en moneda nacional, cortando de tajo el impacto del riesgo cambiario que los intermediarios siempre utilizan como pretexto para encarecer el producto.
CENTROS DE DISTRIBUCIÓN DIRECTA
El golpe definitivo para las viejas estructuras que monopolizan el gas amoniaco ocurrirá en el corazón de las comunidades agrícolas. Inspirados en los modelos de distribución que operan en el Corn Belt (Cinturón del Maíz) de Estados Unidos, Canadá o Australia, el nuevo ecosistema industrial se saltará por completo el eslabón de las distribuidoras millonarias.
Por primera vez en la historia de México, se proyecta el establecimiento estratégico de centros de distribución de última milla operados directamente por y para los productores, centros propiedad de ejidatarios y cooperativas locales.
En este nuevo esquema, los ejidatarios y agricultores organizados contarán con pequeñas estaciones de almacenamiento presurizado (“tanques nodriza”) en puntos clave de los valles. El productor podrá acudir directamente con sus tanques móviles (nurse tanks) a abastecerse del gas amoniaco directamente de la fuente productora, pagando el precio real de fábrica más el costo mínimo de traslado, sin dejar un solo peso en las manos de los acaparadores tradicionales.
La llegada de la petroquímica moderna a Sinaloa es un acto de justicia económica para el sector social y privado del campo. Al reducir drásticamente los costos de producción por hectárea, la planta de Topolobampo nivela la balanza. Impedirá los sobrecostos de la producción agrícola.
Las empresas que durante décadas han controlado el amoniaco y que continúan amasando fortunas descomunales a costa del sudor ajeno se enfrentan a su hora de la verdad: o reducen sus márgenes de ganancia a la nueva realidad de libre competencia y justicia social, o verán cómo los propios agricultores, organizados en sus centros ejidales, toman el control definitivo de la distribución del fertilizante en el campo.
