El “periodismo imperial”: El caso de Los Angeles Times, Durazo y Villarreal

Alvaro Aragón Ayala

​Cuando un periódico estadounidense publica una insinuación, una filtración o una versión sobre presuntos vínculos entre gobernadores mexicanos y el narcotráfico, buena parte del ecosistema mediático en México corre a replicarla como si se tratara de una sentencia judicial dictada por un tribunal internacional. El supuesto prestigio histórico del difusor de cabecera funciona como un certificado automático de veracidad. Pocos se detienen a aplicar la regla de oro del metaanálisis periodístico: ¿Quién investiga al investigador y qué intereses mueven su pluma?

​El caso reciente es ilustrativo. Los Angeles Times publicó un reportaje asegurando que las agencias de inteligencia de Estados Unidos investigan por supuestos nexos con el crimen organizado a los gobernadores de Sonora, Alfonso Durazo, y de Tamaulipas, Américo Villarreal Anaya. El diario afirmó, citando fuentes anónimas, que Washington les revocó discretamente las visas y que ambos mandatarios de Morena ingresan a territorio estadounidense únicamente bajo un permiso especial de “libertad condicional por beneficio público significativo” (significant public benefit parole), sugiriendo que actúan como colaboradores o testigos.

​La cuestión aquí no es asumir la defensa jurídica y política de Durazo o Villarreal. La cuestión de fondo, estrictamente periodística, es otra: ¿Por qué un medio estadounidense puede lanzar acusaciones de tal calibre institucional basándose en fuentes anónimas de agencias de seguridad vecinas, sin que el establishment mediático aplique el mismo nivel de escrutinio sobre los sesgos, crisis e intereses corporativos de ese periódico?

PATRICK SOON EL MULTIMILLONARIO ALIADO DE TRUMP

​Para entender la “verdad” de un periódico, primero hay que mirar a aquel que firma los cheques. Los Angeles Times no es el faro del progresismo de la Costa Oeste; es el juguete político de un magnate de la biotecnología: Patrick Soon-Shiong.

​El metaanálisis de este medio revela que su credibilidad editorial está profundamente resquebrajada desde dentro. Soon-Shiong no es un periodista; es un multimillonario con intereses cruzados en el sector salud y farmacéutico que, durante la primera administración de Donald Trump, cortejó activamente al mandatario en su club de Mar-a-Lago con la clara intención de convertirse en su “Zar de la Salud” o asesor médico principal. Su cercanía con el trumpismo y las élites de Washington rompe por completo el mito de la sana distancia entre el medio y el poder político.

Esta falta de independencia editorial quedó expuesta a nivel global cuando Patrick Soon-Shiong bloqueó personalmente el respaldo editorial que el periódico tenía preparado para la candidata Kamala Harris. Esta intervención directa del dueño provocó una crisis institucional sin precedentes dentro del rotativo: la renuncia inmediata de Mariel Garza (jefa del consejo editorial), seguida de los renombrados columnistas Robert Greene y Karin Klein, desatando además una baja masiva de miles de suscriptores que acusaron al diario de doblegarse ante el temor de represalias de un eventual gobierno de Trump.

​¿Es este medio, secuestrado por la agenda de un multimillonario que busca el favor de Washington, el que se quiere elevar en el árbitro moral incuestionable para la política mexicana?

​El “reportaje” contra Durazo y Villarreal encaja perfectamente en el molde del “Periodismo Imperial”. Durante décadas, los medios estadounidenses han construido una narrativa monolítica en la que México aparece exclusivamente como el territorio salvaje de los cárteles del narco y la corrupción política. Sin embargo, con mucha menor intensidad investigan las estructuras económicas, financieras y logísticas dentro de los propios Estados Unidos que permiten que el narcotráfico funcione como una industria global sumamente lucrativa.

​Los cárteles producen la droga, pero no imprimen los dólares y para que el negocio funcione, el dinero debe ingresar al sistema financiero formal. Debe circular con total fluidez por bancos de Wall Street, intermediarios, empresas fachada, inversiones en bienes raíces en California y sofisticados mecanismos de inversión. Y ahí es donde comienza la gran omisión de Los Angeles Times.

Así es: el narcotráfico mexicano se presenta como un problema moral, biográfico y político. Se buscan nombres de gobernadores, rostros y partidos para personalizar la culpa, sin embargo dentro de EE. UU. se trata como un fenómeno abstracto de “salud pública” o de “redes criminales locales”. Rara vez se le pone rostro a los banqueros, directores de fondos de inversión o fiscales que permiten el flujo de miles de millones de dólares sucios en Los Ángeles o Nueva York.

​Cuando las propias autoridades federales de EE. UU. han destapado gigantescas redes de lavado de dinero vinculadas al Cártel de Sinaloa en el corazón de Los Ángeles, las investigaciones de estos diarios hacia el sector corporativo local son tímidas y de corta duración. Las acusaciones contra políticos mexicanos, en cambio, reciben amplios despliegues y titulares estridentes.

LA REGLA DEL PERIODISMO SERIO

​El periodismo serio exige consistencia. Si se reclama transparencia y se fiscaliza a los gobernadores mexicanos —lo cual es totalmente legítimo—, el metaperiodismo obliga a exigir el mismo rigor metodológico a las filtraciones de las agencias estadounidenses (como la DEA o el FBI), que históricamente han utilizado a la prensa como herramienta de presión diplomática y geopolítica.

​Antes de convertir cualquier reportaje extranjero en una verdad absoluta e incuestionable, conviene aplicar la misma regla que el periodismo le exige al resto del mundo: verificar las fuentes, contrastar los datos, contextualizar los tiempos políticos y preguntar siempre quién financia la información, cuáles son los intereses de su propietario y qué historias decide intencionalmente no contar. La credibilidad no se mide por la nacionalidad de los medios de comunicación, sino por la solidez de sus pruebas y su valentía para incomodar al poder en su propio país; un examen que Los Angeles Times de Patrick Soon-Shiong no logra aprobar.

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