BAJA CALIFORNIA SUR: EL EFECTO VÍCTOR CASTRO AMENAZA CON ENTERRAR A MORENA

Alvaro Aragón Ayala

​LA PAZ, BCS. – Aquí, en Baja California Sur se reactiva el histórico y despiadado mecanismo de alternancia electoral. Tras un cuarto de siglo de transitar sin remordimientos del PRI al PRD, de ahí al PAN, y recientemente a Morena, el electorado sudcaliforniano -caracterizado por su volatilidad y un arraigado voto de castigo- parece listo para cobrar la factura. En el centro de la tormenta y consolidado como el “eje roto” de la llamada Cuarta Transformación en el estado, se encuentra el gobernador Víctor Manuel Castro Cosío, hoy por hoy el principal factor de riesgo y catalizador de una potencial derrota oficialista.

​Para la dirigencia nacional de Morena, la península se convirtió en una luz roja en el tablero estratégico. La combinación de un mandatario crónicamente desgastado, el colapso de los servicios públicos, la penetración silenciosa de la narco-política y una guerra civil interna, configuran el escenario perfecto para un naufragio electoral en los próximos comicios.

​El escandaloso desgaste de Víctor Castro es el resultado de un estilo de gobernanza que analistas locales califican de “anacrónico”. De extracción magisterial y anclado en la fachada de la izquierda tradicional de los años setenta, el mandatario es incapaz de sintonizar con la realidad económica de una entidad cuyo motor es el turismo internacional de superlujo y la inversión extranjera.

​Su gestión se ha caracterizado por una confrontación permanente con las clases medias urbanas y el sector empresarial del eje Los Cabos-Todos Santos-Loreto. Al calificar o tratar las dinámicas de desarrollo global como agendas ajenas, Castro Cosío provocó un divorcio total con los generadores de empleo, un error de cálculo político en el segundo estado con mayor conectividad y alfabetización del país, donde el ciudadano promedio es inmune al discurso de masas y exige resultados tangibles en su calidad de vida.

​Las mediciones internas del partido confirman el diagnóstico: el gobernador se mantiene de forma persistente en los tercios inferiores de aprobación popular a nivel nacional. Un mandatario cuyos números son un lastre difícilmente puede blindar la marca del partido en la boleta sucesoria.

LA SOMBRA DE LA ECONOMÍA SUBTERRÁNEA

​A la par del desgaste político, BCS enfrenta una silenciosa y peligrosa reconfiguración estructural. La antigua “pax narca” que permitía al estado presumir niveles de seguridad excepcionales se fragmentó. Hoy, la disputa entre cárteles por el control territorial avanza sobre corredores urbanos, turísticos y, de manera crucial, marítimos.

​Fuentes de inteligencia política advierten que la presión criminal se concentra en dos vertientes:

1.​El control de puertos de altura y marinas, esenciales para el trasiego hacia el norte y para la extorsión a las cadenas de suministro locales.

1.​El “lavado de dólares” y la inyección de capitales de la economía subterránea en el boyante sector hotelero, turístico, inmobiliario de alta gama y la construcción. Esta infiltración distorsiona los mercados y dispara la inflación asfixiando a la población local y  presiona directamente las estructuras políticas. De cara al proceso sucesorio, el financiamiento de campañas con recursos de procedencia ilícita y la coacción criminal buscan imponer directores de seguridad pública y desarrollo urbano, convirtiendo las candidaturas locales en zonas de alta vulnerabilidad donde el gobierno de Castro Cosío demuestra la falta de contención institucional.

​El desencanto en Baja California Sur no pasa, pues, por la ideología; es estridentemente material. El crecimiento demográfico acelerado, impulsado por la migración interna en busca de empleo en el sector servicios,  colapsó la infraestructura básica de La Paz y Los Cabos.

​El estrés hídrico es una realidad diaria de escasez que desata protestas sociales. A esto se suman los “apagones” apagones de energía eléctrica, las deficiencias en la recolección de basura y el nulo mantenimiento vial. La percepción ciudadana es homogénea es que Morena gobierna bajo el signo del rezago urbano. El fuerte resentimiento de las clases trabajadoras locales, desplazadas por un fenómeno de gentrificación que el Estado no regula ni mitiga, está listo para encauzarse a través de las urnas.

EL CANIBALISMO POLÍTICO

​Por si el escenario externo no fuera lo suficientemente adverso, el morenismo en la península opera en un estado de fragmentación interna extrema. El partido es un archipiélago de facciones en conflicto abierto, divididas principalmente en dos bloques irreconciliables:

​Los “Puros”, grupo del gobernador Víctor Castro, con base en las estructuras tradicionales de La Paz y grupo “Los Cabos”, del clan Agúndez y cobijado bajo las siglas del Partido del Trabajo (PT), que mantiene el control territorial y financiero del sur del estado.

​La disputa por las posiciones clave y el control de las Administraciones Portuarias Integrales (API) mantiene la alianza al borde de la ruptura. Si la cúpula estatal, empujada por Castro Cosío, intenta imponer candidatos de su círculo cercano cerrándole el paso a los cuadros del sur, el PT y sus aliados ya han amenazado con romper la coalición.

​Diagnóstico Final

​Las matemáticas electorales en la entidad son frías e implacables: un Morena atomizado, arrastrando el desprestigio de la gestión de un gobernador reprobado, y sin el control territorial ni financiero de Los Cabos, es una marca completamente derrotable frente a un bloque opositor medianamente cohesionado.

Morena puede perder ​Baja California Sur porque opera bajo una lógica insular. Si la dirigencia nacional no interviene para acotar la influencia negativa del gobernador convertido en el “eje roto” del proyecto electoral, el estado peninsular activará, una vez más, su implacable tradición de alternancia.

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