El proyecto de la Casa Grande que recuerda que Los Mochis se construyó sobre Azúcar

Alvaro Aragón Ayala

Sinaloa.- Hay ciudades que se construyen sobre mitos; Los Mochis se construyó sobre el azúcar, el sudor y la visión de un hombre. En 1903, Benjamin Francis Johnston encendió las calderas del Ingenio Azucarero que daría vida a esta tierra y erigió la Casa Grande (o Casa de las Palmas). Aquella imponente mansión de domos de cristal y candiles italianos fue el epicentro donde se diseñó el trazo moderno de nuestra ciudad. Rodeada por los jardines botánicos que hoy abrazan al Parque Sinaloa, la Casa Grande era el símbolo del futuro próspero de Los Mochis.

En 1966, la piqueta de la indiferencia y la demolición sepultaron la estructura principal de la Casa, pero no pudieron borrar sus cimientos. Hoy, ya casi no queda nada de esas ruinas y paredes de ladrillo que aún resisten el paso del tiempo y que gritan por su derecho a permanecer. No, no, podemos permitir que desaparezcan los legados históricos que nos dan identidad.

El movimiento para el rescate y dignificación de este espacio arqueológico urbano no es una utopía; es un proyecto en marcha. Hasta ahora, la bandera de este rescate ha sido levantada con firmeza por el Patronato de la Casa Grande, encabezado por el notario público e historiador Víctor Manuel Gutiérrez y el cronista de la ciudad, José Armando Infante, junto a la comunidad de la COMHISCU.

A este llamado histórico se han sumado con un alto sentido de responsabilidad civil los directivos del Country Club de Los Mochis A.C., conscientes de que el patrimonio histórico de la región es el activo más valioso que podemos heredar a las futuras generaciones. Así mismo, la creatividad y la técnica ya se manifiestan a través de colectivos de arquitectura local como Ciudad X Los Mochis y Starhaus, quienes han devuelto a la vida digital la fisonomía de la mansión a través de impresionantes reconstrucciones en 3D.

Este proyecto de primer nivel exige un modelo de financiamiento a la altura. El Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) y el Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (INBAL) deben asumir su rol protagónico y obligatorio: normar, proteger y etiquetar recursos federales destinados al rescate del patrimonio del siglo XX.

El Gobierno del Estado de Sinaloa y el Ayuntamiento de Ahome tienen también la responsabilidad histórica de coinvertir en este espacio, inyectando presupuesto para infraestructura, accesos e iluminación, integrando las ruinas de la Casa Grande como el corazón cultural definitivo del Parque Sinaloa.

El rescate de la Casa Grande va más allá de la nostalgia, pues es, además, un detonador económico y turístico sin precedentes. Si logramos consolidar este sitio museográfico y arqueológico, el turista que hoy va de paso hacia el tren Chepe se quedará una noche más en nuestra ciudad.

Es momento de que despierten todos los sectores. Falta que se incorporen activamente las fuerzas vivas y los motores de la economía de Los Mochis:

El Sector Hotelero y Turístico: Los principales beneficiados de la derrama económica por pernocta; deben sumarse a la estrategia de promoción del sitio y al de la Casa.

La CANACO y el Sector Gastronómico: Para reactivar el comercio, generar corredores culturales y cafés que rodeen este punto de atracción.

La Comunidad Empresarial (COPARMEX y Grandes Industrias): Mediante la creación de un fideicomiso transparente y aportaciones deducibles de impuestos bajo esquemas de responsabilidad social.

Los Mochis no puede ser una ciudad sin pasado. Las ruinas de la Casa Grande son el último puente físico hacia nuestros fundadores. Es hora de dejar de ser espectadores de nuestra propia historia y convertirnos en sus constructores. ¡Súmate al rescate de la Casa Grande!

(VOCES NACIONALES se suma al proyecto de la Casa Grande)

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