Sismo en Culiacan: sale Gámez Mendívil de la alcaldía
Alvaro Aragón Ayala
Bajo el peso de una investigación federal y el señalamiento directo del gobierno de Estados Unidos, Juan de Dios Gámez Mendívil abandonó la alcaldía de Culiacán. Lo que inició como un rumor terminó en una licencia forzada por la apertura también de una investigacion de la Fiscalía General de la República (FGR), dejando el mando de la capital sinaloense en manos de Ana Miriam Ramos.
El anuncio de Gámez Mendívil no fue un acto de voluntad política, sino un movimiento reactivo. Al presentar su solicitud de licencia temporal, el ahora exalcalde intenta ganar tiempo frente a un expediente que lo coloca en el epicentro de la colusión criminal en Sinaloa.
La narrativa de las autoridades estadounidenses es devastadora: los documentos sugieren que tanto el gobernador Rubén Rocha Moya como el propio Gámez Mendívil garantizaron impunidad absoluta para que la facción de “Los Chapitos” convirtiera a Sinaloa en su feudo de operaciones.
La justicia estadounidense no anda con rodeos. Gámez Mendívil fue marcado por su presunta participación en una estructura delictiva de alto impacto, enfrentando cargos por:
1. Conspiración para la importación masiva de drogas.
2. Conspiración para la posesión de ametralladoras y explosivos.
3. Posesión de armamento de guerra y dispositivos destructivos.
EL RELEVO EN LA CAPITAL
En medio del caos institucional, Ana Miriam Ramos Villarreal rindió protesta como la nueva alcaldesa de Culiacán. Con una formación en Mercadotecnia, Ramos asume el control de un ayuntamiento bajo sospecha, heredando la silla que Gámez Mendívil dejó vacía para intentar evadir el brazo de la justicia.
El reporte del Departamento de Justicia de EE. UU. es una sentencia anticipada. De ser capturados y procesados, tanto Rocha Moya como Gámez Mendívil enfrentarian un panorama desolador: una pena mínima de 40 años de prisión y la posibilidad real de cadena perpetua en cárceles de máxima seguridad estadounidenses.
El comunicado oficial desglosa una red de complicidades que hiela la sangre. Según las autoridades yanquis, el gobernador y el alcalde —junto a otros cómplices— se habrían convertido en los perros de guardia de “Los Chapitos”, operando bajo las siguientes consignas:
1. Blindaje Judicial: Obstruyeron investigaciones y evitaron arrestos contra los líderes de la facción.
2. Fuga de Inteligencia: Entregaron secretos del Ejército y de las fuerzas del orden al Cártel de Sinaloa para blindar sus operaciones.
3. Policías al Servicio del Narco: Utilizaron a las agencias locales y estatales como escoltas para cargamentos de droga.
4. Licencia para Matar: Permitieron que la organización criminal desatara violencia brutal en las calles, garantizando que ningún sicario enfrentara consecuencias legales.
