“No pedimos apoyo, exigimos nuestros derechos”: 86 % de las trabajadoras jornaleras siguen sin seguridad social
La falta de acceso a la salud y políticas de cuidado para mujeres jornaleras es una realidad estructural. Pese a que sostienen la alimentación de millones, en el campo prácticamente no tienen prestaciones, reciben menores ingresos y cargan con las tareas de cuidado.
Marcela Nochebuena
Sara afirma que en la Montaña de Guerrero, que obliga a migrar para trabajar temporalmente en el campo, no se conoce la infancia y la niñez. Cientos de mujeres nacen y mueren jornaleras. Sostienen la alimentación de millones, pero no tienen acceso a los servicios más básicos, como la salud.
Alrededor de un 86 % de mujeres trabajadoras agrícolas en México no cuentan con seguridad social, y 9 de cada 10 no tienen contrato. Esta realidad, así como la falta de acceso a la salud y políticas de cuidado no son casos aislados, sino una problemática estructural, plantean ellas mismas durante el foro Sembrar el derecho a la seguridad social para las personas jornaleras.

En mayo de 2023, Animal Político publicó una serie de reportajes sobre las condiciones en las que trabajan las mujeres migrantes agrícolas en Sinaloa, las condiciones de la montaña guerrerense que las obligan a ello, cómo han hecho frente a las violencias y cómo se han vuelto pioneras en denunciar la discriminación y construir comunidad, pese a que son minoría en el sector.
“Nos gustaría que la presidenta mirara ahí, porque siempre ha visto donde promete que va a cambiar, pero no cambia nada allá en Michoacán. Hay mucha delincuencia, arriesgamos mucho a nuestros niños, que los llevamos hasta a cortar, y ahí la delincuencia es una historia de siempre”, reclama Ana durante el foro.
Los testimonios se repiten uno tras otro. Como el de Eulogia, que vive en Hermosillo, donde señala que hay muchas injusticias, y falta de medicinas. Ella tenía apenas ocho años cuando migró por primera vez, y desde entonces, hoy sigue atestiguando la misma realidad.
“Nosotras como mujeres jornaleras representamos un papel importante en nuestro país, en el mundo entero. ¿Por qué? Porque no solo es ser madre, no solo es ser trabajadora agrícola, sino ser cuidadora. De todo hay que ocuparse”, agrega Sara. Todos los días y en todas las temporadas se trata de jornadas que empiezan a las cuatro de la mañana y terminan a las 12 de la noche o 1 de la madrugada.
Erika Rodríguez viene desde la montaña baja de Guerrero, y apunta que, además, hay mucha discriminación en las empresas agrícolas, pues le creen más a los encargados que a ellas. A esto se suma que suelen ser tareas muy pesadas, les encargan varias líneas en el surco y si no las sacan, les pagan solo aquellas que sí. A ella no le parece justo, pues los salarios son muy bajos.

El reclamo general es la carencia de seguro social. Esa es una prestación vital para muchas que, además, son madres solteras y cuyos hijos enfrentan diversos padecimientos. Eulogia explica que ante ello, han tratado de conseguir un permiso para una guardería destinada a las mujeres jornaleras, pero no lo han logrado desde hace tres años o más.
Al no contar con guarderías, terminan dejando a sus hijos a cargo de mamás, hermanas o primas, pero eso tiene un costo adicional: de los 400 pesos que llegan a ganar, tienen que pagar 100 para que alguien cuide a sus hijos. Eso cuando la temporada es buena, porque cuando se acaba el trabajo, como en junio o julio, consiguen apenas 100 o 200 pesos diarios. Las infancias se enfrentan, además, al riesgo de morir por golpes de calor, ante instalaciones hospitalarias y médicos que generalmente quedan lejos. “La pura receta nos dan”, se queja.
Dana se levanta a las 5 de la mañana a preparar el lonche de su hijo, y el portabebé del otro, se los lleva y si en las parcelas le dan un surco largo, tiene que trabajar cargándolos. Reclama que los patrones se sienten superiores a las y los trabajadores jornaleros y aunque no la han maltratado, coincide en que existe discriminación.
Otro caso que evidencia el costo desproporcionado de las labores del campo y de la carga de cuidados para las mujeres es el de las mayores de 60. Las más jóvenes dicen que les da mucha tristeza verlas trabajar en el campo, porque entraron ahí desde los 10 años, y siguen ahí porque nunca han tenido derecho a una pensión. “Tenemos que trabajar, venimos a este mundo y somos invisibles para la gente. Queremos que nuestros hijos no pasen por lo mismo. Les pedimos también a las autoridades presentes que vuelvan a traer el empleo temporal para las familias”, reclama otra de ellas.

Soluciones que no convencen
Algunos especialistas y autoridades presentes en el foro coinciden en que si los patrones cumplieran las leyes que ya existen, sin necesidad de nuevas medidas, el 70 % de lo narrado por las mujeres jornaleras no existiría. La rudeza e inhumanidad que viven día a día proviene del incumplimiento de quien las contrata, y se trata de prácticas inhumanas, inmorales e ilegales. Para la diputada Patricia Mercado, única representante del Poder Legislativo en el foro, urge incorporar al diálogo al sector empresarial y al Congreso para encontrar soluciones.
Otras diferencias son importantes para las mujeres en el campo: en la cosecha de pepino, por ejemplo, ellas indicaron recibir un ingreso diario de entre 150 y 180 pesos, mientras que para los hombres es de entre 400 y 600. En tanto, en el corte de chile las mujeres reportaron un salario diario de entre 200 y 500, pero para ellos es de mínimo 300 al día. En el caso del jitomate o jitomate rojo, tanto hombres como mujeres dicen haber recibido entre 400 y 500.
Aunque se calcula que en México hay alrededor de 2.3 millones de personas jornaleras agrícolas, muchas de ellas migran internamente para trabajar en el campo con su familia completa, no solo sus hijos, por lo que el impacto de las múltiples carencias que enfrentan puede alcanzar hasta 5 millones de personas, muchas de las cuales pertenecen además a comunidades indígenas. En específico, el 91 % de las mujeres trabaja sin ninguna prestación, además de enfrentar acoso, menores ingresos y tareas de cuidado.
La representación del Instituto Mexicano del Seguro Social asegura que tiene registrados 763 mil 396 puestos de trabajo asociados al sector agropecuario, asegurados por 30 mil 455 patrones. Asegura que ya les otorga facilidades para la afiliación de las personas trabajadoras del campo. Entre ellas, ampliar el periodo de presentación de los registros de inscripción, y deben hacerlo por una sola vía, para garantizar la formalidad.
Los y las trabajadoras, sostiene, pueden contar con la cobertura integral de seguridad social sin restricciones y todos los beneficios de los cinco seguros previstos en la ley; fomenta su inscripción con el salario real, reflejado en el pago de prestaciones económicas y cuenta de ahorro para el retiro; otorga atención previa en guarderías y permite la afiliación de un mayor número de trabajadores. Además, ahora se puede hacer vía redes sociales, presume.
Las trabajadoras jornaleras discrepan de inmediato y ponen en duda: ¿cómo se van a registrar por una vía digital que no está a su alcance, pues a veces no cuentan con celular o internet, o es una modalidad que resulta difícil para las personas que no saben leer y escribir, o que apenas entienden el español?
Además, en algunas comunidades como Santa Ana, Buenavista o Tomatlán, ni siquiera se enteran de esas políticas, no les informan y persiste el analfabetismo. La mayoría vive y trabaja lejos de las unidades hospitalarias ubicadas en centros urbanos. En buena parte de sus comunidades no hay internet ni señal, y muchas trabajadoras jornaleras desconocen sus derechos, además de que acusan a los inspectores del IMSS de ser deficientes.

Las empresas se acostumbraron a proveerles de pases, que no sirven ni para una cirugía. A Nuria, por ejemplo, le parece bien que se apoye a las empresas y se les otorguen facilidades, pero entonces habría que rastrear dónde queda el dinero que el seguro social cubre de aportaciones, porque eso, dice, alguien se lo está ahorrando, mientras el empleador con una tecla puede darles de alta o baja. Otros tienen la mala costumbre de darles de alta al inicio de la temporada, y darles de baja unos meses después.
Las mujeres piden que no les mientan, porque en el campo la seguridad social no se conoce. Una de ellas, Sara, tiene a su sobrina e hija trabajando en los campos de Sinaloa. La segunda se desangró; ella cree que estaba embarazada. No tenía seguridad social y ahora está en cama, sin paga porque no trabaja.
“Las mujeres jornaleras somos importantes, porque con nuestro trabajo y esfuerzo mantenemos al mundo entero”, recuerda. Sabe que aun así, tal como nació para convertirse en jornalera en sus primeros años de vida, morirá siéndolo. En los campos de Sinaloa, recalca, no se conoce una hoja de incapacidad ni qué dice. Ella misma recuerda cuando trabajó hasta el último día de su parto.
A las autoridades les pide que el “tiempo de mujeres” llegue a todos los estados, particularmente a las que están hasta el fondo de la montaña. Que llegue también el tiempo de las mujeres indígenas: “No sabemos qué es eso, cuando va a llegar allá —reclama—; siento una gran tristeza por mi gente, por mi familia. Fui yo, y mis hijas seguimos siendo jornaleras. Ustedes están acá arriba, nosotros allá abajo. Les pido de favor que nos tomen mucho en cuenta”, concluye.
